Webinar: introducción a la sociocracia

El webinar, organizado por la Asociación Jubilares, tuvo lugar el jueves 18 de junio a las 12.00 en la plataforma Zoom. Pedro Martín de Hijas, miembro de Sociocracy for All y uno de los mejores expertos en sociocracia de España, compartió los principios básicos de esta metodología de gobierno y de toma de decisiones (ver presentación).

Puedes ver el webinar “Introducción a la sociocracia” en nuestro canal de Youtube.

La sociocracia proporciona herramientas para ayudar a todo tipo de organizaciones a autogestionarse. Por ello, la Asociación Jubilares consideró oportuno organizar un webinar monográfico para ofrecer instrumentos de mejora de la gobernanza a las cooperativas de jubilares que están en marcha en toda España y al mundo asociativo en general.

La parte final de la sesión estuvo dedicada a las preguntas de los participantes, que se interesaron especialmente por los requisitos personales y grupales para poder implantar la sociocracia y cómo esta puede ayudar a alcanzar consensos y gestionar conflictos, entre otros temas.

También despertó curiosidad un caso de éxito citado por Pedro Martín de Hijas: Buurtzorg (“cuidado del vecindario” en neerlandés). Se trata de una organización de enfermería de barrio fundada en 2006 por Jos de Blok. Este enfermero decidió poner en marcha esta entidad como respuesta al modelo empresarial basado en la lógica de la economía de escala y centrado en los resultados económicos, que había tenido como consecuencia la degradación del trabajo de cuidados tanto para pacientes como para profesionales. En apenas siete años pasó de 10 a 7000 trabajadoras/es con resultados excelentes en cuanto a la calidad del servicio prestado.

El caso Buurtzorg cobró relevancia cuando el superventas Reinventar las organizaciones, de Frederic Laloux, lo mencionó como una experiencia innovadora en la construcción de organizaciones autogestionadas, más conscientes de su impacto social, tanto para sus plantillas como para la sociedad a la que prestan servicios.

Tal y como describe Laloux, desde el siglo XIX en Holanda el sistema sanitario contaba con una pieza fundamental: el enfermero de barrio, que trabajada codo a codo con la doctora de atención primaria y el hospital. En los años 90 este modelo comenzó a transformarse para ahorrar costes; esto supuso la concentración de las organizaciones que trabajaban en el ámbito de la enfermería y la progresiva desvinculación de los profesionales con sus pacientes; en nombre de la eficiencia se despersonalizaron los cuidados y con ello llegó el descontento de los profesionales de la enfermería y de sus pacientes: se recortaron los tiempos de atención, los cuidados recaían en personas desconocidas por la gran rotación de personal, se abrieron centrales de llamadas y se multiplicó la estructura de personal directivo. Aunque todo ello seguía la ortodoxia económica, muy pronto se vio que era incompatible con unos cuidados de calidad.

Frederic Laloux explica cómo se organiza esta entidad holandesa pionera en entender el fracaso del taylorismo impuesto al sector de los cuidados. Y, lo más importante, en crear una alternativa. “En Buurtzorg los enfermeros se organizan en grupos de 10 a 12 personas, que atienden a unos 50 pacientes en total dentro de barrios pequeños. El equipo se encarga de todas las tareas que antes estaban fragmentadas en múltiples departamentos y se ocupan no solo de proporcionar cuidados, sino también de decidir cuántos y a qué pacientes atienden, se ocupan de los trámites de admisión, planificación de horarios de trabajo y vacaciones y de las tareas administrativas. También dónde alquilan una oficina y cómo la decoran. Establecen el mejor modo de coordinarse con la comunidad local, con doctoras, farmacias y los hospitales locales”.

Más información sobre Buurtzorg (inglés).

“No todo el mundo sabe vivir en la libertad y en la responsabilidad”

Pedro Martín de Hijas

Pedro Martín de Hijas es experto en diseño de organizaciones y socio-director de la consultora Qáurea. Tras una licenciatura (Ciencias Físicas) que no duda en calificar de “error” y una larga carrera profesional ligada a las nuevas tecnologías, hace seis años decidió parar para hacer inventario y descubrió que el verdadero hilo conductor de su trabajo era el desarrollo de las personas y los equipos. “Me hice la siguiente pregunta: ¿En qué medida las organizaciones deben ser como las conocemos? ¿Puede haber otra manera de funcionar?”. En su búsqueda de respuestas ha adoptado enfoques tan diversos como el Programa de Desarrollo Directivo del IESE-Universidad de Navarra o la certificación como coach de la Asociación Española de Coaching. Pero fue en un libro, el bestseller de Frederic Laloux Reinventing organizations, donde halló la pista que le llevó a la sociocracia. Desde aquel feliz encuentro, se ha convertido en uno de los mayores expertos de nuestro país. Es miembro de Sociocracy for All (SoFA) y de su capítulo hispanohablante Sociocracia Práctica (SoPRA). El próximo 18 de junio impartirá un curso sobre sociocracia organizado por la Asociación Jubilares.

¿Cómo definirías la sociocracia?

Hay tres definiciones que me gustan mucho. Una es la de Gilles Charest, que la define como una escuela de libertad y responsabilidad. Para Juan Jiménez Rocabert es la gobernanza para el bien común. Según Gerard Endenburg, la expresión que mejor caracteriza lo que es la sociocracia es que la toma de decisiones condiciona el comportamiento de una organización. Estas tres definiciones permiten hacerse una idea bastante aproximada.

Dada tu experiencia en la aplicación de la sociocracia, ¿te atreverías a decir qué no es la sociocracia?

La sociocracia no es fácil y por tanto es una buena aproximación decir aquello que no es. No es un ejercicio de poder tradicional, vertical. Y si lo disfrazas acaba siendo tan dañino como la estructura vertical de poder. No es un modelo de pensamiento lineal, sino sistémico, tienes que contemplar muchas perspectivas.

¿Qué novedades introduce la sociocracia respecto a otras metodologías?

Una de las claves es la toma de decisiones por consentimiento, basada en la inteligencia colaborativa, que implica el reconocimiento entre pares: todo el mundo tiene el mismo valor a la hora de aportar y desarrollar una propuesta o idea. Otra clave es que articula una forma de organización humana muy parecida a los organismos vivos, orgánica, con muchas posibilidades de crecimiento. Un tercer aspecto es el cuidado de las personas, en el sentido de que hace aflorar y por tanto nos hace prestar atención a las realidades del ser humano: los egos, el poder… Creo que al término de una reunión, todos nos damos cuenta de en qué momento nos hemos salido del tiesto: cuándo se ha desbocado el salvaje que llevamos dentro: el que impone, el autoritario, el que siempre quiere tener razón. La sociocracia te ayuda a tomar conciencia de ello, a nivel individual y colectivo. Desde lo colectivo el individuo puede aprender mucho, y además de una manera amable.

¿Qué crees que aporta a los grupos en los que se aplica?

Una de las ventajas de la sociocracia es que se puede aplicar en distintas dosis: a una organización completa, que tiene interés en introducirse en este enfoque sistémico sobre cómo autogestionarse, pero también se puede utilizar alguno de sus procedimientos en una reunión, sin necesidad de explicar los fundamentos teóricos de la sociocracia: facilitación, rondas diferenciadas, diálogo ordenado… De esta forma estás organizando de una manera eficiente, transparente y equitativa: estos son los tres principios de la sociocracia: equidad porque facilita dar voz a todo el mundo, ordenar la conversación y que todas las voces sean consideradas a través de las rondas y una buena facilitación; transparencia porque todo se dice en una reunión, todo se documenta, todo está al alcance de todos y, aunque esto es complicado también hace posible que todo el mundo trabaje sobre bases de información comunes. Y por último eficacia, porque una vez que se interiorizan este tipo de herramientas que al principio pueden parecer algo farragosas, rígidas, todo el mundo admite que gana en eficacia, claridad y respeto mutuo. Tras una reunión sociocrática se sale con más energía de la que se entra, justo lo contrario de lo que experimentamos habitualmente en la gran mayoría de reuniones. Esto no significa que todas las reuniones sociocráticas funcionen bien, pero cuando no funcionan bien, es un toque de atención que debe alertarnos de que algo no se está haciendo correctamente.

¿Funciona mejor en un tipo de organizaciones que en otras: empresas, ONGs…?

Funciona en las organizaciones que tienen el nivel de conciencia necesario para querer que funcione. Lo importante es que se llegue a la sociocracia desde la sinceridad, no como una pose como la que hemos vivido a veces en el mundo Agile, donde te das cuenta a veces de que hay un barnizado cosmético pero por debajo sigue existiendo lo mismo. No es sencillo que toda una organización quiera trabajar en esto. En muchas ocasiones lo que sí me encuentro es gente que está cognitivamente dispuesta, pero te das cuenta de que aún no está preparada a un nivel más esencial, más espiritual. Para que funcione, la sociocracia exige el trabajo y el desarrollo de cada una de las personas, que deben ser conscientes de que necesitan ese nivel de desarrollo; en muchos casos ocurre que se adoptan ciertas pautas externas pero los principios no permean realmente en las personas y sus interrelaciones. No es fácil.

¿Es necesario trabajar paralelamente otras habilidades personales o grupales para aplicar la sociocracia?

Absolutamente. Tanto a nivel individual como grupal. La sociocracia no resuelve todo, requiere de otras disciplinas y visibiliza esa necesidad. La sociocracia tiene algunas herramientas propias, las rondas de entrada y salida, los ejercicios de evaluación de roles y de propuestas… Hay una voluntad muy clara de revisar lo que se está haciendo, evaluarlo y entrar en un ciclo de mejora constante. Pero tiene que estar complementada con la vocación de cada persona de dominar su ego y asumir que todos tienen que ceder poder. Al hilo de la definición de Charest, yo diría que en una organización no todo el mundo sabe vivir en la libertad y en la responsabilidad. Teóricamente, las capas más poderosas de una organización clásica, piramidal, viven en la responsabilidad pero disfrutan del poder; esas capas deben ceder mucho poder, esa es la primera dificultad. Las capas de abajo muchas veces sufren el poder pero asumen poca responsabilidad. Lo asambleario puede parecer muy bonito, pero luego te das cuenta de que ya no es tan bonito trabajar todos en la misma dirección, como adultos, no porque me obligan sino en el ejercicio de mi responsabilidad personal. Sé por experiencia que estos dos conceptos que cognitivamente son fáciles de entender, en la práctica no son nada sencillos.

Imagino que muchas personas pueden ver en la sociocracia una superestructura incluso molesta: ¿roles, rondas, etc.? ¿Qué le dirías a quienes puedan pensar que la introducción de una metodología añade ruido y trabajo a la construcción de un equipo y a la operatividad del mismo?

Es cierto que la sociocracia tiene una cierta estructura, unas ciertas normas. Me gusta hacer una analogía con juegos que algún nivel de complejidad, por ejemplo, el baloncesto o el fútbol; sus normas ocupan varias páginas, en cambio un chaval coge un balón y sabe dirigirse a la portería, luego aprenderá qué es una falta y mucho después puede que hasta aprenda lo que es un fuera de juego. En este ejemplo, ayuda mucho que aprendan viendo un montón de partidos, disfrutan de una formación inconsciente. Con ello quiero decir que toda disciplina necesita práctica y que, dado que todavía no se televisan partidos de sociocracia, hace falta formación. Si no tienes una mínima estructura, es difícil, pero la estructura es bastante sencilla. La clave es práctica, práctica y práctica, obviamente con un cierto nivel de humildad para reconocer los errores. Como en cualquier disciplina, cuanto más trabajas más sensación tienes de que te falta mucho por aprender, pero en sociocracia no se tarda mucho en ver el retorno, los beneficios.

En España todavía no hay tradición de invertir en herramientas de construcción de equipos, comunidades. Se deja un poco al sentido común. ¿Estás de acuerdo en esta apreciación?

El carácter latino, individualista, influye, como también influye la cultura de la improvisación. Cuando quieres establecer un estándar de eficiencia, respeto a los demás, precisión, hace falta preparación. La capacidad de improvisación por sí sola lleva a la desorganización. La improvisación te tiene que pillar con todo planificado y ordenado. A partir de ahí, improvisas genial. La sociocracia tiene que ver con esto: tienes que planificar y tener conciencia de que quieres trabajar en grupo, buscar la equivalencia de todos, escuchar.

¿En qué medida las organizaciones no ven la necesidad de invertir en esto? Yo diría que hay un problema inicial más grave, una cierta confusión: todavía vivimos en una sociedad en la que a nivel organizacional tanto político como socioeconómico, frente a la complejidad y al caos de cada día, fundamentalmente seguimos actuando con un pensamiento lineal: “esto lo arreglo yo” o “esto se soluciona en dos tardes”. En sociocracia el pensamiento es sistémico, requiere escucharse unos a otros y trabajar desde una perspectiva múltiple. Siguiendo ese pensamiento lineal, las organizaciones quieren soluciones rápidas: “suena bien esto del autogobierno, póngalo en marcha con esa gente de abajo, que nosotros aquí tenemos que seguir dirigiendo”. Dirigiendo, por supuesto, con una mentalidad jerárquica e impositiva. Esto denota una falta de conciencia brutal, común a todas las personas pero más grave en el caso de quienes detentan mayor poder y tienen, por tanto, más responsabilidad.

¿Qué crees que puede aportar la sociocracia a la construcción de comunidades de cohousing sénior?

Creo que lo fundamental son los tres principios de la sociocracia: equidad, transparencia y eficacia. Los proyectos de cohousing no son nada sencillos, impactan muchísimo en las personas, tanto las que ya se conocían de antes como las que están empezando a conocerse. El tema, la convivencia, es sustancial y necesita tiempo y maduración. La sociocracia es un mecanismo de vertebración y canalización de la interrelación entre los seres humanos que es buena para familias, un club de amigos, para organizar un viaje… Trabaja con la inteligencia colaborativa, los pasos están bien estructurados y son visibles: el proceso es muy bonito e incluye etapas de divergencia y de convergencia. Finalmente, con un poco de entrenamiento los procesos acaban siendo muy eficientes. Cualquier grupo con voluntad de hacerlo lo consigue.

“La sociocracia y el Toyota Way”

Parafraseando un lema de la empresa japonesa de automoción, famosa por sus procesos de mejora continua y respeto a las personas, Pedro Martín de Hijas recuerda una anécdota que ilustra bien que no todas las personas están realmente preparadas para la sociocracia. “Hace unos tres meses, en un grupo de gente de muy distintas generaciones, del mundo de la política y la gran empresa, vinculados –sobre todo los de mediana edad y sénior– a posiciones de poder, durante una sesión con rondas de aclaraciones, reacciones, etc.,  hubo una persona que no pudo aguantarlo y exigió tomar la palabra. De hecho, la había pedido en múltiples ocasiones y no se le había dado porque no le correspondía, pero hacia el final exigió hablar aunque no fuera su turno y muy enfadado dijo a las dos personas facilitadoras: “Es que vosotros tenéis mucho poder”. Quienes estábamos facilitando le contestamos: “No, el que tiene poder es el proceso, nosotros somos guardianes del proceso”. El hombre en cuestión estaba muy enfadado porque por primera vez muchos años, el grupo le había callado. Para mí es muy significativo: la fuerza del grupo calló a una persona acostumbrada a no callarse jamás. Me gusta cómo lo expresa la empresa Toyota, que a nivel interno trabaja bien los procesos de mejora continua y el respeto a las personas: el Toyota Way es para todos, pero no todos están para el Toyota Way. Lo mismo sucede con la sociocracia”.

“Y llovieron pájaros”

Nuestra compañera Edurne Martín Lecuona, miembro del Jubilar Villa Rosita y de la Comisión Gestora de la Asociación, comparte una recomendación cinematográfica: “Y llovieron pájaros”, una cinta basada en la novela homónima de Jocelyne Saucier. La película es una buena excusa para disfrutar de un par de horas frente a la pantalla y un relato muy sugerente para orientar algunas de las conversaciones de nuestros jubilares.

Fotograma de la película

En febrero,  antes de que apareciera el coronavirus, tuve la suerte  de asistir a una sesión de cine internacional. Presentaban una película canadiense dirigida por una mujer (Louise Archambault ) basada en una novela de una autora también canadiense: “Y llovieron pájaros”. Cuando salimos del cine comentamos, entre el pequeño grupo de asistentes, lo mucho que esta peli podría aportar para la reflexión sobre cómo afrontar los últimos años de la vida.

Soy socia de una cooperativa, Jubilar Villa Rosita, llevamos varios años trabajando en la construcción de esta nueva forma de vida. Por eso hoy me atrevo a recomendárosla, porque pensé que es buena para un fórum.

En medio de unos paisajes bonitos de bosques y lagos nos presentan a un grupo de personas mayores, que por diversas razones quieren seguir viviendo con libertad y  con dignidad su vida. Son personas peculiares, cada uno con su historia personal y unidos por un sueño común, la vinculación con la tierra, las relaciones de amistad y de amor, la libertad para vivir y para decidir sobre el final de su vida.

Aunque el ambiente está alejado de nuestra realidad social, los personajes y el planteamiento de la película nos llevan a darnos cuenta de lo importante que es conocer y comprender las necesidades de todas las personas.

“Una oportunidad de un mundo mejor”

Declaración en favor de un necesario cambio en el modelo de cuidados de larga duración de nuestro país

La crisis sanitaria que estamos padeciendo como consecuencia de la pandemia COVID-19 evidencia con crudeza asuntos relacionados con la consideración y atención a las personas en situación de fragilidad, discapacidad y dependencia, muchas de ellas personas de edad avanzada y otras más jóvenes con grandes necesidades de apoyo.

Se trata de realidades que, sin ser nuevas, -de hecho vienen siendo objeto de debate y denuncia hace tiempo-, se hacen visibles ahora, ante la dureza de las situaciones que estamos viviendo. Noticias que nos conmueven, información e indicaciones diversas que se suceden y que en ocasiones nos confunden, temores y decisiones que entrañan importantes conflictos éticos que hay que abordar en tiempos imposibles.

Ahora, sin lugar a dudas, es momento de arrimar el hombro, de moderar nuestra “tormenta de emociones”, de postergar críticas catastrofistas o interesadas, para así contribuir, todos juntos, a salvar vidas y a minimizar los impactos negativos de todo esto. Las conclusiones llegarán luego, de la mano de datos fiables que nos permitan comparar situaciones, actuaciones y resultados.

Sin embargo, esta crisis está contribuyendo a que afloren carencias importantes en nuestro actual sistema de cuidados. También está evidenciando riesgos futuros en torno a cómo conjugar valores que deben estar equilibrados en el cuidado, como la salud y la libertad de las personas. Será, por tanto, imprescindible que, una vez superado este episodio, abramos un debate sereno que conduzca a una revisión en profundidad del actual sistema de cuidados de nuestro país, contemplando sus fortalezas, pero sin obviar o restar importancia a sus carencias, ahora más que nunca visibles, y así poder afrontar con valentía y decisión los principales retos pendientes.

Asuntos como la real garantía en la continuidad de los cuidados, la coordinación entre sistemas y servicios y por qué no, las dificultades que la actual estructura competencial conlleva a la hora de afrontar un modelo integrado de servicios e intervenciones profesionales, deberán ser objeto de análisis en pos de la coherencia, la eficacia y la eficiencia que necesitamos.

En este sentido, pensando en este futuro próximo, que vislumbramos como una oportunidad quienes firmamos este documento, queremos compartir algunas consideraciones:

Sobre el cuidado en casa

1/ La crisis del COVID19 pone de manifiesto la gran invisibilidad y los escasos medios que hoy existen para garantizar un cuidado adecuado en el entorno domiciliario. Ante la ausencia de datos sobre cómo afecta la crisis sanitaria a las personas que reciben cuidados en casa, no es aventurado suponer que los contagios se han producido de una forma exponencial y que, tanto las cuidadoras como las personas que reciben cuidados, se han encontrado ante una importante improvisación y desprotección. En el ámbito del empleo de hogar y cuidados, donde se presta atención a cientos de miles de personas, es muy probable que haya sucedido lo mismo. Sin olvidar que decenas de miles de mujeres que trabajan en este sector no disfrutan de las mínimas condiciones de seguridad y legalidad, con las consecuencias personales que esta situación genera.

2/ La inmensa mayoría de las personas mayores en situación de fragilidad o dependencia, así como las personas de menor edad que tienen discapacidad, viven en su casa y han expresado con contundencia y de forma repetida, según las investigaciones sobre este tema, su deseo de continuar viviendo en ella y de seguir participando en su comunidad. Consideramos que, por tanto, es urgente e imprescindible avanzar en el diseño de una propuesta de atención integral en el domicilio que sea capaz de incorporar y coordinar los distintos papeles que cumplen los agentes implicados en esta atención: familias, servicios sociales en general y SAD en particular, atención primaria y especializada de salud, sector de empleo de hogar y cuidados, asistentes personales, voluntariado, servicios de proximidad e iniciativas de participación comunitaria.

3/ Es necesario disponer de un modelo de atención sociosanitaria integrada y centrada en las personas que viven en sus domicilios, desde la coordinación de aquellos servicios y apoyos necesarios para obtener la mejor calidad de vida de ellas y de su entorno familiar. Los consensos científicos de organismos internacionales, como la OMS o la OCDE, así lo recomiendan y sugieren como metodología óptima y eficiente para llevar a cabo la gestión de casos (o coordinación de apoyos). Sin olvidar la necesaria sostenibilidad económica de las medidas que se emprendan, consideramos que debe avanzarse con determinación en este camino, si queremos dar respuesta a los deseos de las personas y sus familias y evitar soluciones institucionales no deseadas. Ello exigirá un claro incremento presupuestario en este sector a corto plazo, si bien, a mediano plazo, se obtendrán importantes resultados de eficiencia en los cuidados prestados
y mejoras en la calidad de vida de las personas que los reciben.

Sobre el cuidado en centros residenciales

4/ Reconocemos y valoramos el esfuerzo “heroico” que están realizando los profesionales de los servicios residenciales en esta crisis, cuidando a las personas sin medios de protección y pagando el precio de un gran número de infectados. Las numerosas iniciativas de los centros que han decidido confinarse en equipo, quedándose a vivir con las personas hasta que esto pase, muestran la profesionalidad, el compromiso y la gran humanidad presente en este sector. Una decisión que debe ser reconocida y aplaudida.

5/ La escasez de profesionales y el carácter a menudo precario de las condiciones de trabajo en los servicios residenciales, algo ya sabido pero hasta la fecha no tomado como una prioridad social, es flagrante. Sin ser esta la condición única ni suficiente para garantizar la calidad de cuidados y apoyos, es una cuestión que debe ser seriamente considerada, como ya ha señalado el Defensor del Pueblo.

6/ Las personas que enferman en un centro residencial -en una situación como esta, de máxima gravedad- y siendo el principal grupo de riesgo, tienen derecho a la atención sanitaria pública por su condición de ciudadanos/as, tanto en atención primaria de salud como en especializada.

No es admisible que sean privados/as de este derecho por su edad avanzada o por tener una gran discapacidad. El conjunto de los poderes públicos y, en particular, las CCAA que son quienes tienen la competencia de gestionar, financiar y/o de supervisar estas instituciones, deberán fortalecer los mecanismos de evaluación, supervisión y coordinación de las mismas para evitar situaciones indeseables como las que se han producido.

7/ Necesitamos un cambio en profundidad del modelo de alojamientos para personas mayores o personas con discapacidades que precisan apoyos para continuar con sus proyectos de vida. Es preciso que las alternativas de alojamiento que dispensen cuidados e intervenciones profesionales se orienten desde una atención centrada en las personas y no desde objetivos de mera custodia. La experiencia de otros países, avalada por décadas de desarrollo y evidencia científica, sugiere la bondad de desagregar los conceptos “vivienda” y “cuidados” haciendo depender cada uno de su ámbito competencial natural. Esta diferenciación, además de racionalizar el gasto en recursos destinados a los cuidados, nos alejaría definitivamente de los modelos institucionales. La vivienda garantiza espacio propio, intimidad; y en los entornos domésticos los cuidados y apoyos se ofrecen en función de las diferentes necesidades que genera el itinerario de cada situación de dependencia.

8/ Nos preocupa especialmente que, una vez concluida esta crisis sanitaria, se acabe priorizando la seguridad a costa de todo y se produzca un retorno al modelo institucional hospitalario como solución para el cuidado de las personas más dependientes que viven en centros residenciales. Una cosa es que las personas que allí vivan reciban la atención sanitaria que precisen y otra que las residencias acaben siendo hospitales. No podemos olvidar que habitualmente nuestro deseo es vivir “como en casa” cuando no es posible vivir en nuestro propio hogar. Existe sobrada evidencia científica que demuestra que las residencias tradicionales institucionales, donde se homogeneiza la atención, no ofrecen calidad de vida ni facilitan la participación, la contribución y la vida plena de las personas, ya que son lugares donde estas fácilmente pierden el control sobre ella. Los resultados demoledores de la evaluación de los centros psiquiátricos y asilos hace muchas décadas propiciaron la abolición de este tipo de instituciones. Es necesario apostar de una forma decidida por nuevos diseños arquitectónicos y nuevas fórmulas organizativas y de gestión lo más similares al hogar, donde se garantice la intimidad, se personalice el cuidado y se evite la continua rotación de profesionales, y donde el tiempo y las actividades se organicen pensando en las personas y en alimentar una vida con sentido. Es imprescindible apoyar y cuidar a los y las profesionales, dignificando su labor, supervisando el desarrollo de sus competencias de atención integral y relacional, invirtiendo en el cuidado de los equipos y en la mejora de las organizaciones. Esto no puede considerarse como algo superfluo y por tanto prescindible. Solo así podremos avanzar en el buen cuidado.

9/ Consideramos de especial importancia erradicar definitivamente los macrocentros y dejar de percibir como un lujo las habitaciones individuales. En los centros que almacenan personas, donde la mayoría de las habitaciones son compartidas, donde las personas permanecen casi todo el día en salas repletas de “internos” alineados, evitar el contagio cuando hay enfermedades fácilmente transmisibles, puede acabar siendo una misión imposible. Pero no es este el único riesgo de este tipo de recursos. En ellos, conocer y tratar de una forma personalizada a quienes allí viven se puede acabar percibiendo como una utopía inalcanzable.

Un riesgo que convierte lo cotidiano en un espacio adverso y perjudicial. Debemos, por tanto, trabajar por dejar atrás definitivamente este diseño residencial que responde a un modelo institucional del siglo XIX que ya ha sido abandonado hace décadas en otros países. Por ello, consideramos urgente que, desde el parque residencial que ahora existe, se generalice su tránsito hacia el cambio de modelo, contextualizándolo en la realidad concreta de cada centro.

Sobre los estereotipos en relación a la vejez y a la discapacidad

10/ Esta crisis también pone de manifiesto la existencia de numerosos y profundos estereotipos que todavía prevalecen y forjan una visión distorsionada, negativa y uniforme sobre las personas mayores, las personas con discapacidad y la vejez.

11/ Se repiten discursos que meten en el mismo “saco” de las personas mayores a un amplio grupo con características y necesidades muy diferentes. Unas, -la mayoría- son totalmente autónomas y no tienen problema alguno, mientras que otras se encuentran ciertamente en situaciones de gran vulnerabilidad y con necesidad de cuidados y protección. El mero hecho de haber cumplido cierta edad no las hace iguales. Esta es una narrativa que alimenta la pérdida de valor social de un grupo que se visualiza como uniforme y, esencialmente, no competente. Todo lo cual lleva a pensar en la vejez como una etapa vital que difumina las diferencias individuales, mientras que la evidencia gerontológica señala, justamente, todo lo contrario.

12/ Escuchamos y leemos comparecencias, noticias y redes sociales impregnadas de un lenguaje paternalista que apela a la lástima o a la obligación de devolver, como si de un favor se tratara, a “nuestros mayores”, a “nuestros abuelitos”, lo mucho que hicieron por la sociedad actual. Términos emocionales y seguramente bien intencionados que, sin embargo, delatan la ausencia de una mirada donde las personas de edad avanzada son, antes que nada, ciudadanas o ciudadanos adultos, con derechos y deberes.

13/ Algo similar sucede en relación a las personas con discapacidad, que frecuentemente son nombradas por sus patologías o déficits- también lo escuchamos repetidamente en esta crisis-, lo que conduce a etiquetarlas en categorías vinculadas a sus carencias o dificultades, obviando su singularidad, sus fortalezas, así como su capacidad de contribución a la sociedad.

14/ Las situaciones de amenaza que ponen en riesgo a las personas con mayor vulnerabilidad no deben suponer una pérdida de la consideración del valor y de la competencia de estas. Todas las personas necesitan, necesitamos, un trato de igualdad con el resto de la ciudadanía. Homogeneizar, homogeneizarnos, aunque sea a través de valores como el “respeto”, puede ser muy peligroso. Todas las personas merecemos respeto y trato digno, cualquiera sea nuestra edad o necesidad de apoyos.

15/ Por ello, consideramos también necesario realizar una profunda reflexión sobre nuestra mirada a la vejez, a las personas mayores y a la discapacidad, revisar nuestro lenguaje colectivo que continuamente estigmatiza e infantiliza a estas personas. La evidencia científica sitúa estas conductas en la base explicativa de los malos tratos. Porque nuestras palabras construyen y, también, contribuyen a crear un mundo mejor que todos y todas anhelamos.

Finalmente

16/ Consideramos que todo esto hace necesario la urgente revisión del actual modelo de atención a personas que precisan apoyos o cuidados para disfrutar de una vida plena, para dar respuestas diversas, globales y ecosistémicas y, con ello, el correspondiente escenario de financiación pública de los distintos servicios de apoyos y cuidados de larga duración, hoy día escaso y con notables diferencias entre los territorios autonómicos.

17/ Asimismo, quienes firmamos este documento, esperamos que esta crisis pueda convertirse en una oportunidad de lograr una mejor atención a las personas que la precisan, avanzando en la construcción de una sociedad de los cuidados donde el reconocimiento, la participación y el apoyo a quienes son más vulnerables, necesariamente se conviertan en un compromiso y en una prioridad social central.

Descarga en pdf la declaración (firmantes según actualización 8/04/2020): DECLARACIÓN

FIRMAS:

Los abajo firmantes (figuran por orden alfabético), apoyan este documento a título personal.  Asimismo, deseamos clarificar que ante la gran diversidad de representación del mundo asociativo hemos  incorporado sólo a las organizaciones de personas mayores y de discapacidad de ámbito estatal. Desde el reconocimiento de la labor de otras muchas asociaciones y entidades de carácter autonómico y local, incluyendo las que realizan iniciativas de acción voluntaria en torno a las personas mayores o defienden sus  derechos en calidad de familiares de afectados, invitamos a adherirse a esta declaración a todos quienes así lo deseen, enviando un correo donde se solicite la inclusión a esta lista inicial que por rapidez no se ha hecho más extensa, indicando: nombre, apellidos, profesión y centro/entidad de trabajo. cambiomcuidadosesp@gmail.com

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Aislamiento y apoyo social en mayores ante situaciones de emergencia (especial Coronavirus)

Por: Beatriz De Gregorio Domínguez – Trabajadora Social y Máster en Salud, Integración y Discapacidad. Doctoranda en Trabajo Social “Cohousing y envejecimiento” por la Universidad Complutense de Madrid. Contacto: beadegre@ucm.es

“Ahora mi soledad es mayor, solo salgo para lo necesario”

Hoy más que nunca, son las personas mayores las principales protagonistas de la epidemia por coronavirus (también llamada Covid-19) y el sector de población más vulnerable, principal grupo de riesgo de dicha enfermedad que se propaga por todo el mundo.

Ante el miedo y las consecuencias que les puede ocasionar a la salud, muchos ponen en marcha medidas preventivas para hacer frente al contagio. En estos momentos, es imprescindible contar con una buena red de apoyo social y soporte mutuo en este grupo de población, como una manera de evitar su aislamiento para poder continuar con su vida normal, sobre todo en aquellas personas que viven la soledad más de cerca.

¿Nos ayudamos? Cartel solicitando / ofreciendo apoyo social

Esta es la razón por la que, se ha querido recoger varios testimonios para conocer la realidad social de aquellas personas mayores españolas que viven solas en su domicilio.

Hay quienes se muestran más desconfiados y hacen previsiones futuras, como María Francisca, de 75 años y Josefina, de 83 años:

“He dejado de ir a misa, a la universidad de mayores y a un grupo de cocina al que iba. Lo que hago ahora es consultar Internet, llamar por teléfono, coser, leer y ver la televisión. He comprado provisiones, entre ellas, alimentos y medicinas para cuatro o cinco semanas. Hay que tener paciencia y esperar a ver qué pasa. Esta situación me causa preocupación, por mis hijos y mi familia y me preocupan los hospitales, si va a estar todo muy ocupado y si hay suficiente preparación para lo que se viene.

Estoy aislada en mi casa, salgo para comprar y ya está. Si el tiempo me lo permite salgo a pasear, pero no me meto en aglomeraciones ni hago uso del transporte público.

Ahora mi soledad es mayor, solo salgo para lo necesario. Tengo hipertensión media y no quiero ser una carga para los demás. Creo que, si yo necesitase algo, mi familia vendría a atenderme. Pero llevo así casi un mes, previniéndome de cosas, por mi desconfianza.”

María Francisca, 75 años

“Ya no doy la paz en misa y cojo un taxi en vez del autobús. Me lavo las manos en cuanto llego a casa y llevo en mi bolso alcohol desinfectante. Las llaves de casa ahora las limpio con frecuencia, al igual que el bastón.

Sigo las normas que marca la televisión porque soy factor de riesgo. Y en estos quince días, salgo a la calle lo menos posible. He comprado lo necesario para esta semana y la que viene. Cuando recibo visitas, tengo un gel desinfectante en la entrada para que se limpien antes las manos.”

Josefina, 83 años.

Y otras que se muestran con actitud más decidida, no por ello sin tomar las precauciones necesarias, como José Antonio, de 88 años y Juana Mari, de 90 años:

“Tomo preocupaciones mínimas y sigo mi vida normal. Soy optimista o fatalista, llámalo como quieras. Intento no acudir a reuniones multitudinarias, sigo utilizando el transporte público y me lavo las manos con frecuencia. Pero sigo con mi vida normal y de vez en cuando voy a comer a casa de mis hijos.”

José Antonio, 88 años.

“Los martes iba al Vips con unas cuantas amigas y ya no vamos hasta que pase todo esto. En ese sentido, he dejado de hacer cosas. Procuro no entrar en el metro y tampoco coger el autobús, si lo veo muy lleno me voy andando.

He comprado la comida suficiente, no tengo pánico por no poder comer, ya que siempre tengo provisiones en el congelador por si vienen mis hijos.

Tengo miedo a esta psicosis que hay, voy con más precaución. Estoy preocupada, porque yo ya no estoy ni en el riesgo, dan por hecho que ya voy a cascarla, aunque solo sea por cabezonería voy a aguantar. Está lo que Dios quiera…”

Juana Mari, 90 años.

Es evidente que algunas de las personas mayores han tomado medidas necesarias por el momento que nos acontece. Unas son más desmesuradas que otras, dependiendo de la percepción y situación personal.

No obstante, siguen recibiendo visitas de sus familiares o amistades, aunque algunas de ellas se han visto limitadas.

Por esta razón, el bienestar emocional de las personas mayores puede verse afectado en circunstancias de aislamiento. Desde la familia, llevar a cabo acciones como estar en contacto telefónico con ellos/as, pueden ser actuaciones especialmente útiles para favorecer su bienestar y mantenerse informado sobre su estado de salud y de esta manera, evitar ponerlas en riesgo.

Debido a los efectos del coronavirus, se ponen en marcha medidas que incluyen una mayor atención domiciliaria, la restricción de visitas a las residencias de mayores y el cierre de algunos de los centros de mayores españoles.

Si lo aplicamos al cohousing o vivienda colaborativa, resulta de interés, sobre todo si se trata de un cohousing exclusivamente de mayores, ya que al convivir y realizar actividades todos juntos en un mismo edificio, pueden aplicarse al igual dichas normas restrictivas. No obstante, éstos tienen la suerte de contar con el apoyo social de una comunidad, a diferencia de los que viven solos en su domicilio, cuya comunidad no es tan evidente y pueden llegar a ser más propensos a dicho aislamiento.

Por todo ello, es importante ofrecer a las personas mayores la información y los recursos precisos para que puedan solicitar la ayuda necesaria en estos momentos y evitar así su desatención y aislamiento, brindando el apoyo social suficiente y llevando a cabo las medidas oportunas para que puedan seguir adelante.

Hogar y Café. Tender puentes para unir personas

Programa de Viviendas Compartidas entre Personas Mayores. Una alternativa para seguir viviendo a mi aire en libertad y en compañía

Es un programa de la Fundación Pilares para la Autonomía Personal, subvencionado por la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, que facilita a las personas mayores de 60 y más años que compartan vivienda como estrategia contra la soledad, tratando de resolver necesidades de compañía, apoyo mutuo y eficiencia económica.

Primer encuentro grupal Hogar y Café en Fundación Pilares

Fundación Pilares para la autonomía personal desarrolla el Programa “Hogar y Café -Viviendas Compartidas entre Personas Mayores-“ que tiene como meta principal facilitar y promover que las personas mayores de 60 años o más, que viven y se sienten en soledad, compartan vivienda con otras personas de su misma generación, para dar respuesta a las necesidades de compañía, apoyo mutuo y eficiencia en los gastos, favoreciendo la permanencia en su domicilio o entorno, evitando institucionalizaciones no necesarias.

Este programa, subvencionado por la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, plantea una alternativa innovadora de convivencia entre personas mayores y se lleva a cabo desde la metodología que propone el Modelo de Atención Integral y Centrado en la Persona (MAICP). Se dirige a personas de 60 años o más residentes en los municipios de la Comunidad de Madrid, que mantienen buena capacidad para el desarrollo de las actividades de la vida diaria.

Aquellas personas que cuentan con viviendas grandes y que al haberse independizado sus hijos y/o por situaciones de viudedad, han visto disminuidos sus ingresos para afrontar los gastos del hogar y, además, viven en solitario y a veces experimentan sentimientos de soledad. O quienes les gustaría vivir en compañía pero tienen dificultades económicas para alquilar una vivienda, no saben con quién hacerlo y tienen dudas sobre si la convivencia funcionará… Es en estas situaciones cuando puede surgir una oportunidad que resuelva de manera conjunta tales necesidades: Hogar y Café se plantea como posible solución a estos casos.

El equipo de Fundación Pilares proporciona una atención personalizada y “a la carta” a las personas que quieren compartir vivienda y ofrece un asesoramiento, acompañamiento y apoyo personal a lo largo de todo el proceso.

Consiste en que dos o más personas comparten una vivienda (propia o en alquiler), en la que los dormitorios son privados y el resto de estancias compartidas. Se concreta en dos modalidades:

  • Modalidad 1: Una de las personas es titular de la casa y está dispuesta a acoger a otra para compartirla. Se incluye también en esta opción la persona que decide trasladarse a la vivienda de otro, para compartirla.
  • Modalidad 2: Varias personas alquilan juntas una vivienda para compartirla.
Fundación Pilares asesora, acompaña y apoya “a la carta” en todo el proceso

En todos los casos, el plan de convivencia se establece conjuntamente entre las propias personas convivientes, mediante un acuerdo pactado que incluye sus gustos y preferencias, normas de convivencia, gastos compartidos, tareas domésticas, horas de descanso, visitas y pernoctas, animales de compañía…

Se promueve que las personas puedan conocerse previamente, para valorar si encajan y hay suficiente afinidad entre sí y, además, cuenten con un periodo de prueba de un mes de duración y la posibilidad de darse de baja y cesar la convivencia.

El programa Hogar y Café tiene también un papel de CONCIENCIACIÓN Y SENSIBILIZACIÓN hacia las mejoras que puede suponer esta opción de vivienda compartida para el bienestar y calidad de vida de las personas mayores.

Sigue el Programa Hogar y Café -Viviendas Compartidas entre Personas Mayores- en nuestra Web: http://www.fundacionpilares.net/hacemos/atencion-domicilio-entorno/hogar-cafe/index.php

Más información en:
Fundación Pilares para la autonomía personal:

C/ Escosura, 7. Madrid 28015
Telefóno: 91 130 52 28
www.fundacionpilares.org

conchi.garcia@fundacionpilares.org

Del primer cohousing en Dinamarca a la lucha contra el aislamiento social en Massachussets (Ejemplos Internacionales XVI)

El reportaje de PBS NewsHour que hemos subtitulado al español nos muestra el ambiente de Saettedammen, el primer Cohousing de Dinamarca, de principios de los 70, y Rocky Hill, un Cohousing en Massachussets, inaugurado en 2006.

Ambas comunidades están conformadas por personas de todas las edades, que viven en 27 y 28 unidades residenciales, respectivamente. Comparten un modelo de tenencia similar y muchos valores y objetivos comunes, como la solidaridad intergeneracional, la búsqueda de autonomía personal, la necesidad de empatía para llegar a acuerdos con los demás, el mutualismo comuntario, el apoyo social en la vida cotidiana (como una “familia extensa”), una forma de “envejecer en casa” y prevenir el aislamiento social y la soledad no deseada…

Mira el vídeo “El Cohousing previene la soledad no deseada” (Duración: 8’44”):

Saettedammen

“En 1967, Bodil Graae escribió una crónica en Politiken con el nombre “Los niños deben tener cien padres”. Aquí, alentó a las personas que podrían estar interesadas en formar una comunidad en el hogar a comunicarse con ella, como muchos lo hicieron. “

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Comunidad Saettedammen, primer cohousing en Dinamarca

En 1972, 70 personas se convirtieron en la primera comunidad de residencia de Dinamarca, sí, la primera del mundo. Cuentan con una gran área común y una casa común, donde organizan fiestas, comen juntas.

Se organizan en dos entidades sin ánimo de lucro: la de propietarias y una de carácter público.

Sætedammen se encuentra en Ny Hammersholt, a 3 km de Hillerød ya 5 km de Allerød. Aquí se puede descargar el libro que editaron para el 25º aniversario (en danés).

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Comida común en el cohousing Saettedammen, Dinamarca

Rocky Hill

Qué mejor para descubrir qué es el cohousing que leer los compromisos de esta comunidad de Rocking Hill:

  • Apoyar y cuidar a cada miembro de la comunidad, desde niños a mayores, y tratándonos con amabilidad, compasión y respeto.
  • Acoger a personas de diversas identidades, como raza, etnia, espiritualidad, edad, capacidad, orientación sexual, identidad de género, composición familiar y estatus socioeconómico.
  • Construir relaciones y conexiones a través de interacciones diarias, comidas comunitarias, actividades, celebraciones, rituales, trabajo y ayuda mutua.
  • Criar hijos juntos en comunidad.
  • Un proceso de toma de decisiones que genera consenso al solicitar y valorar las opiniones de todos, asegurar que todos sean escuchados y que se traduzcan en decisiones que todos puedan aceptar vivir.
  • Resolver conflictos a través de una comunicación honesta, directa y respetuosa.
  • Prestar atención, tiempo y trabajo a nosotros mismos, a nuestras familias y hogares, a nuestra comunidad en Rocky Hill, a la comunidad en general y al mundo.
  • Mejorar nuestra administración colectiva e individual de la tierra y minimizando nuestro impacto en el planeta.
  • Crear y mantener un ambiente emocional y físico que fomente y apoye la preocupación y el bienestar mutuos.

Más vídeos en nuestro canal de Youtube Jubilares.

Asturias reconoce el Cohousing como Centro de Servicios Sociales

Las iniciativas de “senior cohousing” (viviendas colaborativas de personas mayores) tendrán derecho al sistema de servicios y prestaciones a la dependencia si contemplan un compromiso de cocuidado basado en el modelo de Atención Integral y Centrado en la Persona (AICP).

Una gran noticia que afianza el modelo de covivienda de mayores en España. Desde este mes de febrero de 2019 los denominados “Alojamientos Colaborativos” se conciben por parte de la Consejería de Bienestar, Servicios y Derechos Sociales del Gobierno del Principado de Asturias, como un tipo de equipamiento que tiene cabida en el sector de los servicios sociales, ya que no se consideran meras “viviendas” si incluyen entre sus objetivos “el apoyo ante situaciones de dificultad (cuidados personales entre otros) y la promoción de una vida social activa y colaborativa dentro y fuera de su comunidad”.

Axuntase

Cooperativa Axuntase, Asturias

Un breve documento del servicio de inspección y acreditación de centros, aparentemente muy técnico, expresa de forma muy concreta y operativa por parte de la administración el apoyo al modelo que venimos proponiendo desde nuestra asociación Jubilares, el SENIOR COHOUSING + AICP. En sus tan solo 6 páginas plasma una definición abierta y flexible de iniciativas que denomina “alojamientos colaborativos”, reflejando sus imprescindibles valores, características físicas (tanto en las unidades de uso privativo como en sus zonas comunes) y condiciones organizativo-funcionales.

Alojamientos Colaborativos, un modelo de innovación social

Creemos que este texto es de una enorme trascendencia puesto que por primera vez una administración autonómica hace un esfuerzo de definición de este modelo residencial y de convivencia como equipamiento acreditado y con derecho a recibir las ayudas que le corresponde como tal. Esta vez no leemos una declaración de intenciones, ni buenas palabras de apoyo al cohousing… En esta ocasión el texto tiene consecuencias de carácter práctico y jurídico, algo que muchos grupos o comunidades en formación, no solo en Asturias, esperaban con interés. Es por ello que animamos a las diferentes administraciones a tomarlo como referencia en adelante.

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La motivación que Asturias expone para reconocimiento de las iniciativas de covivienda de mayores es doble: 1) porque promueven el envejecimiento activo, la vida colaborativa y la autonomía personal, pero también 2) porque se trata de entornos para los cuidados en situaciones de dificultad. Es en este sentido en el que valoramos asimismo el carácter innovador de esta acción técnica y política: más allá de la relación del modelo internacional “cohousing” con el bienestar y calidad de vida de las personas mayores, en España hemos apostado por dar un paso más: han de ser viviendas “para toda la vida”, accesibles, adaptables a las necesidades cambiantes, donde las personas que autogestionan el centro se comprometen a proveer de una estrategia que permita permanecer incluso hasta cualquier nivel de dependencia. Para ello contamos con un modelo de cuidados, el de la Atención Integral y Centrada en la Persona: un modelo eminentemente flexible, que emplea de forma eficiente los recursos necesarios en cada momento (especialmente la comunidad de apoyo), y que se fundamenta (como el cohousing) en un absoluto protagonismo del proyecto de vida de cada persona.

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COHABITA RIVAS, un innovador proceso participativo de Senior Cohousing

El Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid presentó el 7 de febrero esta iniciativa pionera en España, ya que además de la cesión de suelo público contempla el apoyo en el proceso de codiseño de cooperativas de mayores.

“Cohabita Rivas” cuenta con la participación de las asociaciones Jubilares y Microurbanía, así como de la Asociación de Ingenieros Sénior Caminos (AISC).

El Ayuntamiento de Rivas presentó el jueves 7 de febrero Cohabita Rivas, un proyecto pionero en España para fomentar la creación de viviendas colaborativas para mayores (también llamadas cohousing sénior). Este tipo de viviendas son cooperativas autogestionadas de personas mayores que viven en un entorno diseñado por ellas mismas, donde se promueve el envejecimiento activo, la recuperación de la vida vecinal y se garantiza el derecho a la vivienda a un precio asequible y al margen de lógicas especulativas.

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Lleno en el Salón de Actos Edificio Atrio en la presentación del programa Cohabita Rivas. Fotografía: Pedro del Cura vía Twitter, 8-2-2019

La EMV contempla no solo la cesión del derecho de superficie de diversos solares públicos para las cooperativas que surjan de esta iniciativa, sino también el acompañamiento en el proceso de codiseño participativo de la comunidad.

Es precisamente este último aspecto el que otorga a Cohabita Rivas su carácter novedoso, ya que es la primera vez que en España un ayuntamiento no solo cede suelo público para el desarrollo de cooperativas de vivienda para mayores, sino que además se implica con recursos técnicos y financieros en el proceso de construcción de las comunidades y de codiseño de los inmuebles.

Las asociaciones Jubilares y Microurbanía, dos entidades especializadas en el modelo de cohousing, así como la Asociación de Ingenieros Senior Caminos (AISC) han colaborado con el consistorio de Rivas en el diseño del proyecto y actuarán como facilitadoras de las comunidades de mayores que se constituyan, asimismo de la mano de profesionales de la Cooperativa Tangente.

Jubilares y Microurbanía consideran que la medida impulsada por el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid es un ejemplo de política pública innovadora y audaz para favorecer el ejercicio pleno de los derechos a los/las mayores. A juicio de ambas entidades, el cohousing sénior favorece un proceso de envejecimiento digno, con los cuidados, el respeto a la autonomía personal y el impulso a la participación social que demanda la población de mayor edad.

Función social del cohousing

El cohousing propone una relación diferente con la vivienda: la cooperativa es la propietaria del conjunto residencial y cede el derecho de uso a cada socia/o. A diferencia del modelo tradicional, basado en la división horizontal de la propiedad y que fomenta la especulación, esta fórmula, muy extendida en países como Dinamarca, Holanda, EEUU, Suecia, Alemania… apuesta por la función social de la vivienda reconocida en la Constitución.

Otro rasgo diferencial de las viviendas colaborativas es que en ellas lo importante no es el edificio, sino las personas. Por eso, antes de construir, cada comunidad debe pasar por un proceso participativo en el que codiseñan el entorno arquitectónico, con amplias zonas comunitarias destinadas a favorecer la convivencia y espacios de uso privado necesarios para respetar la intimidad individual. También incorporan los principios éticos de un modelo de cocuidado basado en la Atención Integral y Centrada en la Persona, que busca mejorar la calidad de vida en todas las etapas de la vida y sea cual sea el nivel de dependencia. En este sentido, funcionan plenamente como equipamientos de bienestar social.

La función social del cohousing sénior también se ve reflejada en el papel que estas comunidades suelen desempeñar para el resto de la sociedad, ya que es frecuente que alberguen o promuevan recursos sociales para el barrio y el municipio en el que se ubican.

Como expertos en cohousing sénior, esperamos que otros Gobiernos locales adopten políticas similares a la impulsada por Rivas para afrontar el escenario demográfico previsto para los próximos años, en el que tanto el porcentaje de población de más de 65 años como la esperanza de vida seguirán aumentando. En este marco, el cohousing representa una solución idónea para muchos colectivos y una referencia para transformar las políticas de vivienda.

¿Cómo participar en Cohabita Rivas?

✓ PLAZO DE INSCRIPCIÓN. Del 11 al 20 de Febrero. Online. De 8:00 a 20:00 h.
✓ AFORO LIMITADO. Cuatro grupos de 30 personas. Máximo 120 Inscripciones.

DUDAS Y CONSULTAS

✓ En www.emvrivas.com/cohabita-rivas/ se encuentra la información necesaria.
✓ Horario de atención personal: 11, 14, 18 de Febrero. De 16:30 a 18:30. Edificio EMV. Segunda planta.
✓ Correo electrónico de contacto: cohabita.rivas@gmail.com
✓ Los participantes recibirán un mail con la confirmación de la inscripción, y un cuestionario o encuesta, que deben rellenar y devolver a la misma dirección.
✓ COSTE DE PARTICIPACIÓN INDIVIDUAL. 800 €:

Etapa I. Febrero-Junio 2019. 270 €
Etapa II. Septiembre 2019-Junio 2020. 530 €

✓ BONIFICACIÓN ETAPA I y ETAPA II. Parte de las cantidades aportadas por participantes se devolverá a las cooperativas resultantes.
✓ COSTE DE INSCRIPCIÓN. 100 € (pago a cuenta sobre primer pago de 270€)

ESQUEMAS FASES DEL PROCESO

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LAS PARCELAS

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Lo esencial del proceso. DOCUMENTO “LEO Y ACEPTO”

Reproducimos la siguiente información que describe los conceptos básicos que las personas interesadas deben leer con atención, firmar y entregar junto a la inscripción. Se trata de las líneas esenciales que muestran cómo es el modelo residencial propuesto, así como otras diez claves de este procedimiento innovador de impulso y acompañamiento a las comunidades autogestionadas en Rivas:

A/ Sobre el Modelo Residencial Colaborativo de Mayores es imprescindible conocer y aceptar las siguientes definiciones

1. Modelo participativo.

Un Senior Cohousing es una iniciativa de “abajo a arriba”, por lo que la EMV de Rivas actúaúnicamente como facilitador del proceso, y mediador con el propietario del suelo, elAyuntamiento de Rivas.

Los promotores y gestores son, por tanto, los participantes y las cooperativas que formarán en su momento. Las comunidades son autogestionadas, y pueden recabar los apoyos que estimen oportunos, además de los que se ofrecen y recomiendan en este proceso.

2. Derecho de uso.

Entendido como herramienta de tenencia adecuada al fin propuesto. El edificio es de propiedad de la Cooperativa, y no hay división horizontal.

Las cooperativas serán de autogestión de servicios (manutención, alojamiento, transporte, apoyos…). Los comuneros, mediante el abono de unas cuotas, tienen un derecho personal de uso sobre las zonas de uso privado y las de uso comunitario del edificio.

Por tanto, NO ES un modelo de inversión inmobiliaria con servicios, ni una segunda residencia.

3. Equipamiento de bienestar social.

Caracterizado en los estatutos de las Cooperativas por el compromiso de apoyos a los  residentes en situación de dependencia, definido como “El compromiso de diseñar estrategias destinadas a que los residentes que lo deseen puedan vivir integrados en la comunidad y con dignidad hasta cualquier nivel de dependencia, y hasta el final, sobre un modelo MAICP (Modelo de Atención Integral y Centrada en la Persona)”. Estas estrategias deben quedar plasmadas en un Programa de Intervención Social que desarrollan las comunidades en la fase final del proceso, mientras se está construyendo el edificio.

4. Equipamiento de barrio.

Cohabita Rivas promueve que estos centros, además de su función dotacional intrínseca antes expuesta, den cobijo a recursos sociales para el barrio y el municipio.

5. Comunidades Colaborativas o Intencionales.

Trascienden una comunidad de vecinos o una organización de servicios asistenciales, creando vínculos significativos a través de la vida en comunidad, la alta participación y la autogestión.

6. Modelo de Atención integral y centrada en la persona. (MAICP)

Las comunidades se comprometerán a desarrollar estrategias para que todas las personas residentes tengan la oportunidad de vivir hasta el final, también en situaciones de dependencia.

Las cooperativas co-diseñarán espacios, servicios, intervenciones y apoyos necesarios para permitir el desarrollo integral de los proyectos de vida de las personas en su entorno, desde la participación en actividades significativas, la continuidad e integralidad de los cuidados, la accesibilidad universal, y favoreciendo su autonomía personal en todo momento. Las ayudas mutuas, el co-cuidado, y la acciones de voluntariado y solidaridad interna son relevantes, e inherentes al modelo colaborativo.

7. Edad mínima. Envejecimiento activo, compañía y autonomía.

Destinados a personas mayores de más de 50 años, con carácter inclusivo, cuya intención es envejecer en un entorno colaborativo. Seguridad, Participación, Salud y Aprendizaje a lo largo de la vida son los cuatro pilares del envejecimiento activo, enfatizan la defensa del derecho a la Autonomía Personal, y alejan el fantasma del aislamiento y la soledad no deseada. La seguridad la genera un entorno resonante y previsible, anclado en los valores del grupo. La seguridad es imprescindible para participar y vivir en comunidad. Y de ahí se generan condiciones de salud, entendida, según la definición de la OMS, como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Conectados, activos y autónomos se encara una vejez digna, resiliente y feliz, incluso en situaciones de dependencia.

8. Co-Diseño intencional.

Las cooperativas cooperan en las tareas de diseño activamente, puesto que todo el complejo se considera un “hogar continuo”. La arquitectura está al servicio de la vida en comunidad y la accesibilidad universal, priorizando estrategias de conexión visual y encuentro espontáneo. NO SON hoteles, ni hospitales, ni residencias geriátricas. Las amplias zonas comunes, cuyo programa establecen los comuneros, son entendidas como la parte pública de las unidades residenciales, y son abiertas y accesibles a todos. Hablamos de arquitectura adaptada y adaptable a situaciones de dependencia, sin llevar a cabo obras.

9. Tipología edificatoria.

La optimización de los recursos y la vida comunitaria definen las principales características comunes que podemos encontrar en las instalaciones de un cohousing senior:

  • Superficie construida en torno a 3.000 m2
  • Número de unidades residenciales en torno a 30. Cada unidad cuenta con aprox.
    60 m2 útiles, en la tipología de apartamento completo.
  • Amplias zonas comunes (40% de la superficie construida aproximadamente)
  • Edificación compacta de dos plantas.

Los m2 construidos definitivos, así como el número de unidades residenciales, la distribución espacial, la tipología, etc. se definirán en cada grupo de acuerdo al diseño participativo, a la normativa aplicable, y a las condiciones de cada parcela concreta.

B/ Sobre el proceso COHABITA RIVAS es imprescindible conocer y aceptar las siguientes condiciones particulares

1. El proceso Cohabita Rivas se desarrollará según la hoja de ruta y el calendario previstos, y expuestos en https://emvrivas.com/cohabita-rivas/ . Las sesiones se desarrollarán los fines de semana, y el trabajo previo y las reuniones internas entre sesiones las organiza cada grupo según sus conveniencias.

2. Es requisito para participar disponer de una dirección de correo electrónico, y accesibilidad a medios digitales.

3. En el proceso debe inscribirse cada miembro de la unidad residencial de forma individual.

4. Las personas que se incorporen en distintas fases del proceso han de asumir las decisiones acordadas anteriormente, con los sistemas de revisión que los propios grupos establezcan.

5. Las personas que finalmente formen parte de las cooperativas adjudicatarias de los
inmuebles, han de empadronarse en Rivas Vaciamadrid.

6. Las cooperativas adjudicatarias del suelo serán las promotoras de la construcción, y en ellas recaerá la financiación.

7. La viabilidad económica de la comunidad se estudia a partir de la viabilidad individual. Participar en el proceso supone tener disponibilidad económica para ello.

8. El coste de la construcción, del canon de derecho de uso, del mantenimiento y de los apoyos y cuidados, no se pueden determinar hasta la constitución de la cooperativa.

9. En cada unidad residencial pueden convivir hasta dos personas, y al menos una de ellas debe tener mínimo 50 años. De las dos personas, una puede tener Grado I de dependencia.

10. Los grupos donde haya personas con discapacidad deberán incluir las estrategias a seguir en su proyecto social. Deben apuntarse todos los integrantes de la unidad familiar a los talleres, siendo el grupo quien regulará.

Cohabita

 

Más información útil en este documento: PREGUNTAS COHABITA RIVAS

… y siempre actualizada en la página de la EMV de Rivas Vaciamadrid

Qué falta y qué se puede mejorar en la arquitectura para los mayores

Hay mucho que reconsiderar en el mundo de la arquitectura y urbanismo “para todas” las personas. Para avanzar en la accesibilidad universal, en la creación de espacios para la participación y la autonomía personal, necesitamos miradas críticas que pueden provenir de colectivos diversos. El de personas mayores es uno de ellos. La exposición EnvejezANDO, del Colegio de Arquitectos de Madrid, nos parece un buen síntoma de que algo está cambiando…

Blog Envejecimiento [en-red]

Isabel Fernández Morales. Envejecimiento en red

Definir en qué mundo nos gustaría vivir, arquitectónicamente hablando, es uno de los objetivos de una exposición que estos días podemos visitar en Madrid, y que recorrerá diversas ciudades españolas los próximos meses. Bajo el título de “Envejezando” reflexiona sobre el diseño para todos, la arquitectura y los mayores.

‘envejezANDO’ Diseño para todos: Arquitectura y Tercera Edad’ es la exposición itinerante que ha comenzado su andadura en el Colegio oficial de arquitectos de Madrid y es el resultado de una investigación llevada a cabo por la arquitecta Paz Martín Rodríguez, proyecto realizado con una beca de la Fundación BBVA. Ella ha analizado cuál es la situación actual de la organización urbana desde el punto de vista de las personas mayores y ha recogido datos sobre la planificación urbana, el hogar y los espacios para el entretenimiento. Ha detectado carencias y ofrece…

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