¿Por qué participo con 70 años en un proceso de construcción de un proyecto de vivienda colaborativa?

Jorge Miguel Morgenthaler Guggisberg*

Jorge Miguel Morgenthaler Guggisberg
Jorge Miguel Morgenthaler Guggisberg, un “activista mayor”.

Un espectro recorre el mundo: el espectro de las protestas multitudinarias: Hong Kong, Tailandia, Egipto, Chile, Yemen, Túnez, Sudáfrica, Bielorrusia, Ucrania, Estados Unidos, Francia, Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias del mundo entero, Trump y Putin, Nicolás Ma(s)duro  y Jair Bolsonaro, los poderes fácticos de la banca e industrias/compañías  transnacionales. No hay uno solo de esos movimientos  a quien los adversarios gobernantes no motejen de extremistas, subversivos.

¿Qué tienen en común todos estos movimientos?

Quieren construir otro mundo más solidario. Quieren ser más respetuosos con la naturaleza y son conscientes del lugar humilde que los seres humanos tienen en el ecosistema de la Tierra y el cosmos. Quieren un mundo  más equitativo y más sencillo. Quieren retomar la vida en comunidades pequeñas donde el trueque, el comercio local y el apoyo mutuo de nuevo se coloquen en el centro de la vida humana. Quieren ser auténticas comunidades entre iguales. Quieren crear acceso a una vivienda digna fuera del circuito de la especulación donde la propiedad es una “vaca sagrada” que no se puede tocar.

“Esto es imposible”, nos dicen. Y nosotras/os contestamos: “Es necesario porque los recursos se están acabando.  ¿Qué pasará con las personas que vienen después de nosotras?”

Uno de estos miles de movimientos son las comunidades intencionales. Son grupos de personas que  deciden compartir algunos aspectos de la vida diaria con un propósito común. Y una forma de esas comunidades intencionales es la de las viviendas colaborativas. En España hay más de 200 proyectos en marcha, algunos de ellos ya son realidades. ¿De qué se trata? Solo voy a hablar desde mi óptica reducida, pero hay miles de referencias en internet, libros y congresos donde te puedes informar.

Yo me llamo Jorge, tengo 70 años y desde hace 6 años me acompaña la enfermedad de Parkinson. Me considero un activista mayor. Hace dos años empecé a reunirme con otras personas que nos interesábamos por las viviendas colaborativas. Al principio era como un coqueteo, un sí quiero, pero ¿con personas desconocidas?  Sin embargo la idea me atraía como un imán. Era poner en práctica ideas que llevaba años deseando realizar.

Hoy, dos años más tarde, solo sé que me faltan muchos conocimientos, muchas habilidades, innumerables cualidades que son imprescindibles.  Y me veo obligado a aprender todo el tiempo, a compartir y materializar ideas, plasmarlas y llevarlas a la práctica… pero parece que nunca se acaba y que no avanzo.

Sin embargo, tengo compañeras y compañeros de viaje que nos hemos encontrado trabajando en esa idea de compartir el resto de nuestras vidas en cualquier sitio que sea apto para una vida en común: campo, pueblo o ciudad. Porque para nosotras/os el grupo es más importante que el lugar, el cómo y el qué. He encontrado a gente maravillosa que ya lleva años viviendo en comunidades, practicando la sostenibilidad, la economía alternativa, el cocuidado entre vecinas y vecinos. Sin grandes alardes y aspavientos están construyendo un mundo nuevo (¿viejo?) en silencio. Simplemente lo están haciendo. ¡Qué increíble!

Jubilar Semilla del Norte
Miembros de Semilla del Norte

Estamos inmersos en un proceso de aprendizaje alucinante y continuo donde todos los días se abren puertas nuevas y nunca paramos de querer avanzar. Estamos aprendiendo que el resultado no es tan importante. Lo importante es el proceso, el viaje al centro de la comunidad humana y también el viaje al centro de cada uno, mi centro, mi interior, donde reconozco mis defectos y descubro virtudes que no sabía que tenía. Estamos aprendiendo sobre sociocracia, sobre construcciones bioclimáticas, reciclaje de aguas grises, baños secos, sobre permacultura, economía solidaria, energía alternativa, sobre el cuidado mutuo… ¡Tantas y tantas cosas!!!! Soñamos con la posibilidad de crear un acceso a una vivienda digna sin que tengamos que comprar o alquilar un espacio, sino donde  simplemente somos usuarios el tiempo que lo necesitemos.

Sentados alrededor y en el fuego de nuestra pasión descubrimos nuestro latir común, esas ondas electromagnéticas que nos hacen vibrar en otra dimensión, en ese algo que llamamos “nosotras/os”.

Jubilar Semilla del Norte
Reunión al aire libre de socios/as de Semilla del Norte.

Mi pequeño yo se ve transportado a un mundo rico en matices donde cada uno de los viajeros y viajeras aporta su grano de arena y el conjunto es más que la suma de los individuos. Y, cómo no, también chocamos, nos rozamos, nos confrontamos con nuestros egos, nuestras creencias limitadas sobre nosotros mismos, nuestras capacidades y potenciales. Mi dolor  y el de la otra persona es una llamada a la evolución, a ir más allá en los conflictos, transcender a un lugar común, encontrarnos a pesar de las diferencias.

Jubilar Semilla del Norte
Integrantes de la asociación Semilla del Norte durante una reunión

Hoy empiezo a vislumbrar que de los conflictos no tengo que huir más, que los conflictos son una oportunidad única para verme, conocerme y crecer. En nuestro proceso intentamos entender, comprender y asimilar las opiniones y maneras de las demás personas que están en el camino con nosotros y nosotras.

En el transcurso de este proceso de confrontación solo hay una salida: la transformación que se produce cuando muero a mis aspiraciones y deseos egocéntricos y aparece algo grande y valioso: el nosotras/os.

Miembros de Semilla del Norte brindan por la cooperativa de viviendas colaborativas o cohousing que van a constituir, un jubilar que ya tiene nombre: “El ciempiés”

Las viviendas colaborativas son un canto a la diversidad, un canto a la naturaleza, un canto a la solidaridad. Son una esperanza para los que vienen después al intentar crear un modelo sostenible que conserve los recursos naturales para las futuras generaciones. Sabemos que es solo un pequeño grano de arena dentro de un mundo que anhela la transformación del ser humano para así tener una oportunidad de seguir viajando con nuestro maravilloso ”hogar Gaia” a través del cosmos. Porque son muchos los seres (animales y plantas) que anhelan crecer y evolucionar con nosotras y nosotros. Hola, tengo 70 años, tengo Parkinson y soy un activista mayor. No sé si llegaré a vivir en la vivienda colaborativa. Pero tengo una gran esperanza y certeza: lo estamos intentando con todas nuestras fuerzas. Y eso me llena de alegría y orgullo. Me he preparado toda mi vida para este viaje. Y sé que el viaje es la meta.

Las Palmas de Gran Canaria, octubre de 2020

* Jorge Miguel Morgenthaler Guggisberg es miembro de la asociación Semilla del Norte, socia de Jubilares.

Portada de la revista

Un espacio por derecho

La revista Crónica de la solidaridad, que edita Cáritas de Valencia, dedicó su último número a los cuidados, definidos en el editorial como “un compromiso ético con nuestros y nuestras semejantes”. La Asociación Jubilares fue una de las firmas invitadas a participar en esta publicación junto con voces tan relevantes como la geriatra Ana Urrutia.

Con la columna “Un espacio por derecho”, María Isabel Cartón, socia de Jubilares, abogó por el cumplimiento del derecho constitucional a una vivienda digna, especialmente en el caso de las personas mayores. Este es el texto íntegro de dicha columna:

La Constitución Española consagra en dos de sus artículos el “derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada” y el bienestar de “los ciudadanos durante la tercera edad” mediante “un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio”.

En el caso de las personas mayores, el incumplimiento del derecho a la vivienda es particularmente grave y una muestra flagrante de edadismo. Una vivienda digna es metáfora y materialización del espacio social que ocupamos. Privarnos y o renunciar a ella por ser mayores supone despreciar el regalo de la longevidad, precipitar la discapacidad y relegar el ejercicio de una plena ciudadanía.

¿Qué es una vivienda digna y adecuada? Puede ser una casa, un piso, una habitación (o varias) en un complejo residencial, un apartamento y zonas comunes en un cohousing, etc. Hay múltiples posibilidades siempre que nuestro hogar sea un espacio donde ejercer el derecho inalienable a la autonomía personal, a la intimidad, a desarrollar nuestro proyecto vital y a ser parte activa de una comunidad (barrio, pueblo, ciudad, país).

Afrontar el cuidado de las personas mayores desde la reivindicación del derecho a una vivienda digna es particularmente útil contra el edadismo: normaliza el hecho de envejecer al situarlo allí donde transcurren todas las etapas de la vida, nuestra casa. Toda política de cuidados seria debe partir de este derecho. También el autocuidado: asumir nuestra fragilidad presente y futura nos animará a planificar nuestro hogar y a exigir a los poderes públicos que lo garanticen con los apoyos necesarios.

El envejecimiento, un asunto global que atañe a toda la sociedad

En el mismo número de la revista de Cáritas de Valencia, la geriatra y gerontóloga Ana Urrutia concedió una entrevista en la que la abogó por “afrontar el envejecimiento como una oportunidad” y denunció el “problema oculto” de la soledad de muchas personas mayores que carecen de la autonomía y de una red social que les permita “atender sus necesidades básicas”.

Como fundadora y presidenta de la Fundación Cuidados Dignos, Urrutia subrayó la necesidad de cambiar el sistema actual de cuidados hacia el modelo de atención centrada en la persona y a abandonar actitudes paternalistas que contribuyan a infantilizar y silenciar a las personas mayores.

Crónica de la solidaridad (publicación completa en pdf)

La imagen es obra de Lucía Marhuenda para la portada de Crónica de la solidaridad (junio 2020).

Mayores LGTBI+, una oportunidad de convivir y envejecer sin prejuicios

“… Sabemos que salir del armario es un proceso infinito. Un ritual de repetición. Una y otra vez parece extraño que la mayoría de las personas (heterosexuales) no entiendan que aquellos a quienes se les requiere una y otra vez una explicación desean tener espacios donde desaparezcan estos rituales…

El colectivo LGTBI es tan diverso como la sociedad en general. Sin embargo, a la hora de estar atendido en un servicio, las personas que pertenecen a él se sienten discriminadas por su orientación sexual. A raíz de esto, el colectivo reclama más sensibilidad y empatía; no un trato especial, sino ser respetadas tal y como son. Aunque vivimos en el siglo XXI parece que sigue siendo difícil aceptar al “otro”, incluso vemos casi diariamente agresiones homófobas tanto físicas como psicológicas, sin olvidar el “bullying”. Recordamos por ello que el año pasado celebramos el 50 aniversario de Stonewall, y por eso cada 28 de junio tiene lugar el “Christopher Street Day”, conocido en España como el Día del Orgullo Gay. La Historia nos ha llevado hasta lo que somos en la actualidad, a vivir con orgullo quienes y como somos, sin pretensiones de ser especiales. Hemos conseguido leyes y más aceptación en la población y, sin embargo, no hay que dejar de luchar cada día por los derechos humanos.

¿Tenemos deseos y necesidades distintas que el resto de la población que envejece? En principio no; igual que todos, tenemos unos deseos y necesidades que expresan nuestro ser. Observando cómo está envejeciendo la población LGTBI y cuáles son sus necesidades en esa etapa de la vida, hay estudios que señalan que el colectivo sabe envejecer mejor y organizarse la vida a la hora de ser mayor. Toda una vida de autogestión sirve de experiencia para afrontar ciertos retos asociados al proceso de envejecimiento y la vejez.

¿Existe una forma ideal o mejor de vivir o convivir entre ellas o las demás? ¡Tampoco! Pero lean esta frase: “¡No es que no me guste vivir con otras personas mayores, sino que no quiero volver al armario!”. Es una expresión real, captada durante conversaciones y en un grupo focal. Es el miedo de muchas personas mayores del colectivo LGTBI: no poder ser como y quien eres, esconder tus deseos y ser rechazada. Por ello, países como Suecia, Holanda, Alemania, Austria, España o EEUU, entre otros, ofrecen ya servicios dirigidos a ellas, a través de asociaciones, fundaciones o empresas privadas tales como: apartamentos con servicios, residencias asistidas, housing, sellos gay-friendly, centros de apoyo etc., con el fin de vivir como quieres, sin dar explicaciones. ¡No se trata de hacer guetos” sino respetar la dignidad!

Hay que estar muy atento a lo que piden las personas y nadie tiene que decidir si es conveniente desarrollar un servicio específico para ellas o no; eso lo decide cada cual y depende de la sostenibilidad del proyecto. Lo importante es que participe, codesarrolle y diseñe el servicio centrado en las personas. Hay personas que deciden y quieren “ser mayoría en la minoría”. ¿Cuestionamos que los monjes o las monjas vivan entre ellos?

Que los OTROS envejecen de manera diferente es en cierta medida de perogrullo porque, para decirlo sin rodeos, todos los humanos envejecen específicamente. El envejecimiento es individual y el repetido eslogan “envejecimiento es diversidad“ resulta más bien molesto porque banaliza la diversidad y no tiene ninguna consecuencia real. “Las políticas de diversidad en el ámbito de la atención a las personas mayores, son bastante no performativas”, como diría Sara Ahmed (2011).

Fuente: Homosexualität_en und Alter(n) Maria do Mar Castro Varela, 2016.

Se ha pasado de una generación con pocas exigencias respecto a su hogar a una generación crítica e informada (cambio de demanda). Los nuevos perfiles tan heterogéneos no se sienten “ancianos/ mayores” en el sentido clásico, sino “jóvenes” y consideran importante la calidad habitacional, desean vivir el mayor tiempo posible en un entorno conocido y superar el día a día de una manera independiente y autónoma. Es justamente donde el colectivo LGTBI ve su oportunidad y reclama tener algo propio, suyo, en el sentido de “vivir como tú quieres, con dignidad, respeto y entre aquellas personas que sienten lo mismo que tú”, sin cerrarse a la diversificación, pero desde sus propias necesidades y deseos. Estas necesidades impulsan una demanda interesante para el sector gerontológico: es una oportunidad de mercado al tiempo que las personas del colectivo LGBTI logran tener espacios diseñados y ofrecidos por y para ellas mismas.

El modelo que se toma como referencia es el modelo de Berlín. El complejo gestionado por la asociación Gay de Berlín, que además es propietaria del mismo, desarrolló esta idea teniendo en cuenta las necesidades y los deseos de los usuarios. Desde la idea inicial hasta la inauguración ha pasado casi una década y, hoy por hoy, es un espacio intergeneracional y mixto en pleno centro de Berlín: un complejo de viviendas con 27 apartamentos de distintos tamaños, una unidad de convivencia de 8 personas con deterioro cognitivo.

El ejemplo de Ámsterdam es muy distinto: la asociación Roze Zorg facilita para el colectivo LGTBI mayor poder ir a una residencia tradicional siempre y cuando ésta haya recibido “la llave rosa”, un sello que demuestra que la residencia ha pasado todo un proceso para ser una Residencia Gay-Friendly de verdad.

Observando el mercado en general y atendiendo a qué está pasando alrededor de nuestro entorno, vemos que en los últimos 5 años han salido diversos proyectos de convivencia. En los últimos años he visitado algunas ciudades para conocer de primera mano qué ofrecen, por qué lo hacen y cuál es el futuro. Los conceptos y modelos ofrecidos por ciudades como Ámsterdam, Berlín, Chicago, Colonia, Estocolmo o Viena se basan en modelos actualmente discutidos en el sector gerontológico, como pueden ser el cohousing, intergeneracional, grupos y/o unidades de convivencia, microrresidencias, sellos de calidad gay-friendly, basados en una atención individualizada y centrada en el individuo y en una filosofía humanista. Los conceptos de cuidados ya existentes pueden facilitar un modelo de cuidado que promocione la identidad de lesbianas y homosexuales. Por ejemplo, utilizando la estructura AEDL de Monika Krohwinkel (2008, 2013), es posible detectar las necesidades y situaciones específicas relacionadas con la atención e involucrar en el proceso de cuidado (Disertación, Heiko Gerlach und Markus Schupp, 2017).

  • El enfoque de derechos aplicado al cuidado de las personas mayores las considera no solo beneficiarias de la asistencia social, sino también sujetos de derecho.
  • Hay evidencia sobre el bienestar y la mejora de calidad de vida de las personas mayores cuando viven en entornos con dimensiones y estructuras de convivencia similares a un hogar, incluso en caso de deterioro cognitivo o problemas conductuales.
  • Hay una clara relación entre el desarrollo de actividades que dan sentido a la existencia y el mantenimiento de las relaciones familiares y sociales con el bienestar de la persona mayor.

En todas las ciudades había y hay lista de espera (en algunas capitales de más de 250 personas), lo que indica que hay demanda y que los proyectos son interesantes desde el punto de vista económico. Todos ellos están basados en las necesidades del usuario y ofrecen “servicios centrados en las personas”.

La mayoría de las personas en todo el mundo (varios estudios lo han demostrado) quiere permanecer en su entorno y en su hogar, y el colectivo LGTBI es igual, por lo cual hay que ofrecer múltiples servicios según la demanda y necesidad. Pero para que la permanencia en el hogar se prolongue el mayor tiempo posible, las personas mayores requieren entornos y soluciones que compensen los cambios físicos y sociales relacionados con la edad. Los barrios y pueblos han de considerar las diferentes características de los usuarios, promover su empoderamiento y tener en cuenta aspectos como la viabilidad tecnológica, económica y funcional. Las condiciones y necesidades son cambiantes y ofrecen al sector gerontológico una oportunidad de crecer dentro del sector LGTBI. La demanda y la lista de espera demuestran que la economía plateada LGTBI es sin duda muy interesante y la innovación para un mejor envejecimiento imprescindible.

Podemos sentir orgullo por lo conseguido actualmente en España y los proyectos en marcha. No se trata de cuestionar sino de respetar que hay una demanda concreta y que no podemos ofrecer a una población tan heterogénea servicios homogenizados, ya no. Habrá diferentes modelos en el futuro, sea aquí o en otros países; lo importante, en mi opinión, es poder elegir dónde quiero ir a vivir o ser atendido. Por ello sería necesario desarrollar un abanico de servicios hacia la vejez, sea para el colectivo LGTBI o para la población en general.

“La perspectiva de sexo/género no debe limitar la visión o ignorar o descuidar otras condiciones de desigualdad. La atención consciente de la homosexualidad entre los profesionales y su anclaje conceptual no solo promueve la inclusión al colectivo LGTBI en la práctica de la atención, sino que abre una perspectiva adicional, por ejemplo, detectar las necesidades sexuales de personas heterosexuales y los estilos de vida que difieren en parte de la considerada heteronormatividad” (Enfoque diversity, van Keuk et al.).

Fuente: (Disertación, Heiko Gerlach und Markus Schupp, 2017)

Autor:

Stephan Biel, Enfermero, asesor y formador de innovación en gerontología social, cambio demográfico, y atención centrada en las personas.

Contacto: BC Biel Consulting, Barcelona. lgtbiq@bielconsulting.eu

“Un cohousing es un cambio personal, una transición del yo al nosotros”

Entrevista a Maribel Cáceres, Fernando León y Concha Pérez, miembros del jubilar ABANTE de Sevilla

“Si pudiéramos irnos a vivir con los amigos…”. Maribel Cáceres tenía esa aspiración mucho antes escuchar por primera vez la palabra cohousing. Por eso, cuando en 2014 oyó hablar de Trabensol, hizo el viaje de Sevilla a Torremocha del Jarama para verlo con sus propios ojos. “Cuando salí, supe que era como yo quería vivir. Lo supe”. Dos años después se convirtió en socia amiga de la Asociación Jubilares y, gracias al apoyo de esta entidad y de la tenacidad de los miembros de la asociación Abante, ese sueño está más cerca de hacerse realidad. Cuenta ya con una parcela en Mairena del Aljarafe y lo de irse a vivir con los amigos ha dejado atrás la condición de sueño para acariciar la materialidad del proyecto.

El jubilar Abante echó a andar en 2016 con un grupo motor formado por seis personas que poco a poco atrajeron a muchas más. En la actualidad suman alrededor de 50 miembros (34 unidades residenciales). La mayoría son parejas (y también muchos singles), son pensionistas en su mayor parte, aunque  algunas personas siguen en activo y la edad media se sitúa en los 64 años. “Aquí vamos muy tarde”, reconoce Maribel, que recomienda empezar el proceso con menos edad. Concha Pérez, vicepresidenta de la cooperativa desde noviembre de 2019, coincide en que hay que plantearlo cuanto antes porque la creación de un cohousing es larga; ella cree que “el momento es cuando uno está convencido del tema, mejor si es a los 50 o 55”.

Maribel Cáceres

Al margen de la edad, el perfil de los miembros de Abante corresponde a un nivel económico medio y estudios superiores. “Hay docentes, sanitarios, empresarios… Existe una gran variedad de conocimientos y cada cual aporta lo que sabe sobre medio ambiente, fiscalidad, etc. en las comisiones de trabajo”. Concha está convencida de que la heterogeneidad de perfiles es una fuente de riqueza para el grupo.

Concha Pérez

Concha se incorporó a Abante hace solo un año. Le interesaba el modelo, aunque entonces no conocía a ninguno de sus integrantes. “En un año hablo más con ellos que con mis hijos, se han establecido relaciones muy fuertes porque tenemos un objetivo común. Cada uno mantiene su independencia, su familia, amistades, pero nos une la idea de lo que queremos hacer. En el camino se va formando esa comunidad. No creo que sea necesario traer la amistad ya puesta”.

Su experiencia ilustra a la perfección que en una comunidad de cohousing la amistad se construye antes que el edificio, y no necesariamente sobre relaciones previas. “Estos lazos que han ido creciendo casi sin darnos cuenta han sido un descubrimiento –asegura Maribel–, un éxito en la vida, una satisfacción. Muchas veces pensamos que nuestra familia y amigos son más sensibles, y no es así. [La cooperativa] es un aglutinante que hace crecer unos lazos de amistad muy importantes”.

Y llega la pregunta-cliché: ¿el coronavirus ha reforzado su apuesta? Maribel se muestra más convencida que nunca porque “los cohousing han salido bastante más airosos de la pandemia que las residencias. En ese sentido me alegro de estar en un proyecto como este”. Concha es de la misma opinión: “Lo que se ha visto en las residencias… ahora es que lo tengo clarísimo”.

Trabajo, formación y asesoramiento profesional, claves

Maribel alterna su trabajo unos meses al año (tiene una jubilación parcial) con la organización de Abante y la formación. “Hace falta aprender casi de todo. Ahora estoy haciendo un curso de comunicación no violenta”, explica. Además, participa en un grupo de WhatsApp en el que hay 130 personas, algunas expertas y otras camino de serlo por estar involucradas en la formación de comunidades de cohousing. La curiosidad y las ganas de aprender son un requisito fundamental en cualquier iniciativa de estas características. Hacen falta conocimientos sobre temas legales, fiscales, económicos, “aunque sean nociones básicas” y en general sobre el funcionamiento de una cooperativa, ya que es la forma legal que adquiere un cohousing.

Parte de la formación consiste en asimilar la forma de vida que implica vivir en un cohousing. Concha lo resume así: “Es un cambio personal. Tienes que hacer una transición del yo al nosotros, sobre todo en el mundo en que vivimos. Lo comunitario es más importante que lo individual. Hace falta formación en este aspecto y también una apertura psicológica a otra forma de vida. A estas edades, eso también es más difícil”.

Junto a la formación continua y la predisposición personal, los miembros de Abante consideran que es imprescindible establecer unas normas claras. Fernando León, que junto con Maribel es una de las seis personas que fundaron Abante y se ha ocupado de la tesorería durante varios años (ahora sigue colaborando con los números desde un segundo plano), opina que para abordar los problemas que surgen durante el proceso es fundamental dotarse de unos estatutos que “incidan mucho sobre el comportamiento y la conducta de las personas y que se apliquen con firmeza durante la formación del grupo”.

Fernando León

Otro elemento esencial para llevar adelante un cohousing es el asesoramiento. En Abante consideran fundamental la labor de acompañamiento experto de la Asociación Jubilares. Maribel, que se declara partidaria del modelo de Charles Durrett, cuyos principios y metodología inspiran los jubilares que, como este de Sevilla, se están desarrollando en distintos puntos de España, afirma rotunda que “sin Jubilares no lo hubiéramos conseguido. Han sido un soporte fundamental”. Fernando León corrobora sus palabras: “Este es un mundillo que requiere mucha lectura, información, todo eso lo aportó Jubilares”. A su juicio, la labor de Jubilares tanto como facilitadores en los talleres en los que las personas se conocen y se crea la comunidad, como en la búsqueda de parcela, ha sido determinante para que el proyecto avanzase. Actualmente tienen la vista puesta en el taller 2, previsto para después del verano, en el que el grupo codiseñará el complejo con el equipo de arquitectura mediante métodos participativos. Por el momento, pretenden que cada vivienda disponga de  2 dormitorios con baños, terraza y salón con cocina americana. Y, partiendo de esta estructura básica, tendrán que planificar las zonas comunes.

En el jubilar Abante recomiendan aplicar y respetar la metodología, “que está estudiada y basada en errores que se han cometido”, recuerda Fernando León. Y a renglón seguido él mismo se encarga de compartir dos de sus errores, que admiten abiertamente porque creen que han sido una lección valiosa que, además, puede ayudar a otros grupos. “El taller 1 es necesario para conocerse, porque muchas personas no nos conocemos de antes. Si el taller son 6 meses, así debe ser. En Abante lo acortamos y al cabo del tiempo salieron cosas que no encajaban”. Esto se tradujo en 26 bajas. “También ocurrió lo siguiente –prosigue–, la idea inicial es que haya entre 27 y 30 unidades convivenciales; sin embargo encontramos una parcela ideal pero grande. Y pensamos: si da para 60, hacemos dos. La metodología la aplicamos a 79 personas” (el tamaño aconsejado es de 15 a 30 unidades residenciales). Respetar el tamaño del grupo, como han comprobado en su propia comunidad, es primordial, no un capricho teórico.

Cohousing, un modelo aún muy desconocido

En los últimos años se han multiplicado las noticias y alusiones al cohousing. El término suena en los medios y en algunas conversaciones, sin embargo falta información y formación para comprender en qué consiste realmente. Ese desconocimiento es precisamente uno de los obstáculos que se han encontrado los miembros de Abante. Fernando León echa de menos “legislación específica” que ayude a superar algunas de las complicaciones que se están encontrando en el camino, por ejemplo para acceder a la financiación necesaria. Él sostiene que “la cooperativa no tiene edad, se va renovando”, sin embargo bancos y cajas no entienden una lógica que rompe literalmente la división horizontal de la propiedad en beneficio del proyecto común. “El banco tiene dificultades para ver que esto es innovación social –critica Maribel–. Nos miran con lupa, no se fían, les cuesta asumir nuestra edad. Tienen que entender que es la cooperativa la que avala, no cada individuo. Y la banca ética no tiene recursos suficientes para apostar por esto”.

A nivel institucional también se percibe cierta falta de información y de adecuación de la normativa sobre vivienda, servicios sociales, etc. a esta alternativa que atrae cada vez a un mayor número de personas, no solo sénior. Influye también, cómo no, la lógica especulativa del sector inmobiliario y la voracidad del mercado respecto al suelo. ¿El resultado? La mayoría de los grupos de cohousing suele vivir experiencias frustrantes cuando se dirigen a los ayuntamientos en busca de suelo público, animados por la idea de que esto es una alternativa a los centros residenciales tradicionales que, a priori, podría contar con algún tipo de respaldo público. Abante no es una excepción, por eso valoran el asesoramiento de Jubilares para orientarles en la relación con distintas entidades municipales. “Lo hemos trabajado a fondo y sabemos que no podemos acceder a suelo público porque estamos en un nivel de renta que lo impide”, admite Maribel Cáceres.

¿Y qué ocurre con la ciudadanía, particularmente entre la población potencialmente interesada en formar parte de comunidades como la de Abante? Las noticias, las redes sociales y el buzón de la Asociación Jubilares indican que el interés por el cohousing es creciente. En el colectivo sevillano también lo han constatado. “Desde que se publicó la página web hemos tenido del orden de 700 inscripciones. A una reunión acudieron 160 personas. Mucha gente entra por curiosidad”, señala Fernando León. “Hay quien lo entiende y lo hace suyo y se mueve con más facilidad, pero hay quien lo ve desde fuera y piensa que se trata únicamente de ser cuidado y no estar solo a cierta edad”, explica Maribel Cáceres.

Tampoco está de más admitir que el modelo entraña cierta complejidad, tanto filosófica como práctica. El hecho de que el proyecto sea autogestionado implica que todas las personas no solo pueden, sino que deben participar en el trabajo y en la toma de decisiones. El “ordeno y mando”, subrayan los miembros de Abante, no tiene cabida. Además, en una sociedad cada vez más individualista y acostumbrada a los proyectos “llave en mano”, esta complejidad echa para atrás a muchos, aunque también atrae de forma irreversible a otros tantos. “Un cohousing no es para todo el mundo”, advierte Concha. “No todos quieren perder un poquito del yo para entrar en el nosotros.

Junto a la predisposición personal, un cohousing requiere una inversión de dinero que no todo el mundo puede o quiere realizar. En el jubilar Abante cada uno de sus miembros ha desembolsado unos 45.000 euros para hacer frente a los gastos iniciales y compra del suelo. Algunas personas que han dejado el proyecto carecían de esos recursos –aunque no siempre se admita de forma explícita– y otras, simplemente, preferían dedicarlo a otras cosas. Maribel lo resume así: “Algunos se van porque tienen 45, 50 años y, aunque les parezca un proyecto bonito, prefieren dedicar sus recursos a viajar, por ejemplo. Piensan que tienen aún mucho tiempo por delante y que podrán apuntarse más adelante. Sin embargo, es precisamente a esa edad cuando hay que empezar a trabajar en un cohousing. Esto no es una residencia de ancianos modernizada, es otra cosa, algo que se construye con mucho tiempo y esfuerzo”.

“Es una alternativa de envejecimiento activo –destaca Fernando–. Yo quiero huir de la residencia tradicional y no quiero que los hijos estén pendientes de nosotros. Esto para mí es ideal. Vas a estar entretenido (si te toca hacer la comida o cualquier otra cosa) como estás en tu casa. Es el convencimiento al que tenemos que llegar”. Concha va más allá y desanima abiertamente a quienes, tras la jubilación, no quieren trabajar más. “Entonces no te metas aquí, vete a una residencia maravillosa. Aquí se trata de colaborar, participar y mantenerte activo, no sentarte y que te lo den hecho. Esto es otra historia. No se trata de conseguir servicios a cambio de nada”.

Atención integral y centrada en la persona

En Abante aún no han comenzado a trabajar en cómo abordar los casos de dependencia que se puedan dar en el seno de la comunidad, aunque lo contemplan como una de las cuestiones que deberán quedar reflejas en las normas de régimen interno que elaborarán más adelante. Sí tienen claro que van a seguir el Modelo de Atención Integral y Centrado en la Persona, dentro de la estrategia que diferencia un jubilar de otros modelos de cohousing sénior.

Por el momento, cuentan con una comisión de Sanidad (en la que hay personas con experiencia profesional en el ámbito sanitario) que podrá asesorar de forma rigurosa la planificación de su sistema de atención a la dependencia. Como adelanto, en uno de sus talleres participó una enfermera de enlace, una figura que se dedica a la atención domiciliaria con un enfoque comunitario, en línea con la estrategia de Jubilares, que propugna una atención especializada pero “sin bata” e integrada en la vida cotidiana.

La tecnología, aliada indispensable de un cohousing

En Abante tienen claro que el uso de herramientas tecnológicas (correo electrónico, redes sociales, videoconferencias, etc.) es fundamental para acceder a la información y participar en la creación del grupo. Consideran que estar abierto a su uso y hacer el esfuerzo de ponerse al día es un requisito indispensable.

El confinamiento de los últimos meses ha reforzado esta idea. En cierto sentido, admiten que la situación les “ha favorecido” porque las videoconferencias han servido para cohesionar al colectivo. “El acercamiento del Consejo Rector a los otros socios ha sido fabuloso. Incluso hemos hecho una asamblea virtual certificada por una empresa y vamos a hacer otra”, señala Fernando.

Maribel también destaca que las reuniones virtuales –además de ayudarles a manejar distintas herramientas– han facilitado la comunicación. “Hemos ganado. Hemos mantenido contactos frecuentes con socias que viven en Málaga y Cádiz. Y tenemos personas esperando el momento de poder incorporarse a la cooperativa”.

Su agenda de reuniones lo confirma: reunión del Consejo Rector y de la Comisión de Economía por la tarde y, al día siguiente, “videocervecita”. La única pega, según Concha, ha sido la falta de contacto físico. “Yo que vivo sola lo noto. Me noto un poco ermitaña y no me gusta”, admite.

Un camino con muchas satisfacciones y algún que otro bache

La conversación con los miembros de Abante está salpicada de alusiones a los problemas que han vivido y que, como en todas las iniciativas de este tipo, se resuelven con mucho diálogo y, también, con la salida y entrada de personas hasta que el grupo se consolida. Las cicatrices que afloran en la conversación son quizá la cara menos amable –pero también realista– de este tipo de procesos. La experiencia dice que en el cohousing como en la literatura, el conflicto es necesario para tejer buenas historias y llegar al final feliz.

Buena parte del trabajo de los talleres va dirigido a prevenir los conflictos, pero es evidente que cuando se está planificando nada menos que una comunidad para vivir, es lógico y hasta inevitable que surjan diferencias personales y también comportamientos individuales abiertamente enfrentados al interés común o que no se comunican ni en la forma ni por los cauces adecuados. El jubilar Abante no es una excepción, de hecho en estos momentos está gestionando la salida de varias personas. Sin entrar en las interioridades del colectivo sevillano, sus miembros coinciden en criticar el comportamiento de quienes no manifiestan abiertamente sus diferencias y optan por crear divisiones internas. “Ni una de las bajas ha consultado al Consejo Rector para pedir aclaraciones. Querían posponer para hacer un proyecto diferente”. Con todo, son optimistas: “hemos ganado en la comunidad”, sostiene Fernando. Maribel está de acuerdo: “Incluso ahora, con los problemas que hemos tenido, me quedo con esta amistad profunda”.

Concha resume así lo aprendido de los problemas que ha vivido Abante, y que tiene relación con la doble naturaleza de este tipo de proyectos. “Un cohousing tiene dos vertientes: comunidad y forma legal. Una cooperativa tiene normas y leyes a las que atenerse. Hay que tener claro en qué ámbito te estás moviendo. Si me preguntas desde la comunidad, te respondo desde la comunidad. Si me amenazas con una impugnación te contesto con la ley. Legalidad muy clara y muchas reuniones en las que se hable mucho, se pregunte todo lo que se tenga que preguntar y que los problemas salgan a la luz”.

Webinar: introducción a la sociocracia

El webinar, organizado por la Asociación Jubilares, tuvo lugar el jueves 18 de junio a las 12.00 en la plataforma Zoom. Pedro Martín de Hijas, miembro de Sociocracy for All y uno de los mejores expertos en sociocracia de España, compartió los principios básicos de esta metodología de gobierno y de toma de decisiones (ver presentación).

Puedes ver el webinar “Introducción a la sociocracia” en nuestro canal de Youtube.

La sociocracia proporciona herramientas para ayudar a todo tipo de organizaciones a autogestionarse. Por ello, la Asociación Jubilares consideró oportuno organizar un webinar monográfico para ofrecer instrumentos de mejora de la gobernanza a las cooperativas de jubilares que están en marcha en toda España y al mundo asociativo en general.

La parte final de la sesión estuvo dedicada a las preguntas de los participantes, que se interesaron especialmente por los requisitos personales y grupales para poder implantar la sociocracia y cómo esta puede ayudar a alcanzar consensos y gestionar conflictos, entre otros temas.

También despertó curiosidad un caso de éxito citado por Pedro Martín de Hijas: Buurtzorg (“cuidado del vecindario” en neerlandés). Se trata de una organización de enfermería de barrio fundada en 2006 por Jos de Blok. Este enfermero decidió poner en marcha esta entidad como respuesta al modelo empresarial basado en la lógica de la economía de escala y centrado en los resultados económicos, que había tenido como consecuencia la degradación del trabajo de cuidados tanto para pacientes como para profesionales. En apenas siete años pasó de 10 a 7000 trabajadoras/es con resultados excelentes en cuanto a la calidad del servicio prestado.

El caso Buurtzorg cobró relevancia cuando el superventas Reinventar las organizaciones, de Frederic Laloux, lo mencionó como una experiencia innovadora en la construcción de organizaciones autogestionadas, más conscientes de su impacto social, tanto para sus plantillas como para la sociedad a la que prestan servicios.

Tal y como describe Laloux, desde el siglo XIX en Holanda el sistema sanitario contaba con una pieza fundamental: el enfermero de barrio, que trabajada codo a codo con la doctora de atención primaria y el hospital. En los años 90 este modelo comenzó a transformarse para ahorrar costes; esto supuso la concentración de las organizaciones que trabajaban en el ámbito de la enfermería y la progresiva desvinculación de los profesionales con sus pacientes; en nombre de la eficiencia se despersonalizaron los cuidados y con ello llegó el descontento de los profesionales de la enfermería y de sus pacientes: se recortaron los tiempos de atención, los cuidados recaían en personas desconocidas por la gran rotación de personal, se abrieron centrales de llamadas y se multiplicó la estructura de personal directivo. Aunque todo ello seguía la ortodoxia económica, muy pronto se vio que era incompatible con unos cuidados de calidad.

Frederic Laloux explica cómo se organiza esta entidad holandesa pionera en entender el fracaso del taylorismo impuesto al sector de los cuidados. Y, lo más importante, en crear una alternativa. “En Buurtzorg los enfermeros se organizan en grupos de 10 a 12 personas, que atienden a unos 50 pacientes en total dentro de barrios pequeños. El equipo se encarga de todas las tareas que antes estaban fragmentadas en múltiples departamentos y se ocupan no solo de proporcionar cuidados, sino también de decidir cuántos y a qué pacientes atienden, se ocupan de los trámites de admisión, planificación de horarios de trabajo y vacaciones y de las tareas administrativas. También dónde alquilan una oficina y cómo la decoran. Establecen el mejor modo de coordinarse con la comunidad local, con doctoras, farmacias y los hospitales locales”.

Más información sobre Buurtzorg (inglés).

“No todo el mundo sabe vivir en la libertad y en la responsabilidad”

Pedro Martín de Hijas

Pedro Martín de Hijas es experto en diseño de organizaciones y socio-director de la consultora Qáurea. Tras una licenciatura (Ciencias Físicas) que no duda en calificar de “error” y una larga carrera profesional ligada a las nuevas tecnologías, hace seis años decidió parar para hacer inventario y descubrió que el verdadero hilo conductor de su trabajo era el desarrollo de las personas y los equipos. “Me hice la siguiente pregunta: ¿En qué medida las organizaciones deben ser como las conocemos? ¿Puede haber otra manera de funcionar?”. En su búsqueda de respuestas ha adoptado enfoques tan diversos como el Programa de Desarrollo Directivo del IESE-Universidad de Navarra o la certificación como coach de la Asociación Española de Coaching. Pero fue en un libro, el bestseller de Frederic Laloux Reinventing organizations, donde halló la pista que le llevó a la sociocracia. Desde aquel feliz encuentro, se ha convertido en uno de los mayores expertos de nuestro país. Es miembro de Sociocracy for All (SoFA) y de su capítulo hispanohablante Sociocracia Práctica (SoPRA). El próximo 18 de junio impartirá un curso sobre sociocracia organizado por la Asociación Jubilares.

¿Cómo definirías la sociocracia?

Hay tres definiciones que me gustan mucho. Una es la de Gilles Charest, que la define como una escuela de libertad y responsabilidad. Para Juan Jiménez Rocabert es la gobernanza para el bien común. Según Gerard Endenburg, la expresión que mejor caracteriza lo que es la sociocracia es que la toma de decisiones condiciona el comportamiento de una organización. Estas tres definiciones permiten hacerse una idea bastante aproximada.

Dada tu experiencia en la aplicación de la sociocracia, ¿te atreverías a decir qué no es la sociocracia?

La sociocracia no es fácil y por tanto es una buena aproximación decir aquello que no es. No es un ejercicio de poder tradicional, vertical. Y si lo disfrazas acaba siendo tan dañino como la estructura vertical de poder. No es un modelo de pensamiento lineal, sino sistémico, tienes que contemplar muchas perspectivas.

¿Qué novedades introduce la sociocracia respecto a otras metodologías?

Una de las claves es la toma de decisiones por consentimiento, basada en la inteligencia colaborativa, que implica el reconocimiento entre pares: todo el mundo tiene el mismo valor a la hora de aportar y desarrollar una propuesta o idea. Otra clave es que articula una forma de organización humana muy parecida a los organismos vivos, orgánica, con muchas posibilidades de crecimiento. Un tercer aspecto es el cuidado de las personas, en el sentido de que hace aflorar y por tanto nos hace prestar atención a las realidades del ser humano: los egos, el poder… Creo que al término de una reunión, todos nos damos cuenta de en qué momento nos hemos salido del tiesto: cuándo se ha desbocado el salvaje que llevamos dentro: el que impone, el autoritario, el que siempre quiere tener razón. La sociocracia te ayuda a tomar conciencia de ello, a nivel individual y colectivo. Desde lo colectivo el individuo puede aprender mucho, y además de una manera amable.

¿Qué crees que aporta a los grupos en los que se aplica?

Una de las ventajas de la sociocracia es que se puede aplicar en distintas dosis: a una organización completa, que tiene interés en introducirse en este enfoque sistémico sobre cómo autogestionarse, pero también se puede utilizar alguno de sus procedimientos en una reunión, sin necesidad de explicar los fundamentos teóricos de la sociocracia: facilitación, rondas diferenciadas, diálogo ordenado… De esta forma estás organizando de una manera eficiente, transparente y equitativa: estos son los tres principios de la sociocracia: equidad porque facilita dar voz a todo el mundo, ordenar la conversación y que todas las voces sean consideradas a través de las rondas y una buena facilitación; transparencia porque todo se dice en una reunión, todo se documenta, todo está al alcance de todos y, aunque esto es complicado también hace posible que todo el mundo trabaje sobre bases de información comunes. Y por último eficacia, porque una vez que se interiorizan este tipo de herramientas que al principio pueden parecer algo farragosas, rígidas, todo el mundo admite que gana en eficacia, claridad y respeto mutuo. Tras una reunión sociocrática se sale con más energía de la que se entra, justo lo contrario de lo que experimentamos habitualmente en la gran mayoría de reuniones. Esto no significa que todas las reuniones sociocráticas funcionen bien, pero cuando no funcionan bien, es un toque de atención que debe alertarnos de que algo no se está haciendo correctamente.

¿Funciona mejor en un tipo de organizaciones que en otras: empresas, ONGs…?

Funciona en las organizaciones que tienen el nivel de conciencia necesario para querer que funcione. Lo importante es que se llegue a la sociocracia desde la sinceridad, no como una pose como la que hemos vivido a veces en el mundo Agile, donde te das cuenta a veces de que hay un barnizado cosmético pero por debajo sigue existiendo lo mismo. No es sencillo que toda una organización quiera trabajar en esto. En muchas ocasiones lo que sí me encuentro es gente que está cognitivamente dispuesta, pero te das cuenta de que aún no está preparada a un nivel más esencial, más espiritual. Para que funcione, la sociocracia exige el trabajo y el desarrollo de cada una de las personas, que deben ser conscientes de que necesitan ese nivel de desarrollo; en muchos casos ocurre que se adoptan ciertas pautas externas pero los principios no permean realmente en las personas y sus interrelaciones. No es fácil.

¿Es necesario trabajar paralelamente otras habilidades personales o grupales para aplicar la sociocracia?

Absolutamente. Tanto a nivel individual como grupal. La sociocracia no resuelve todo, requiere de otras disciplinas y visibiliza esa necesidad. La sociocracia tiene algunas herramientas propias, las rondas de entrada y salida, los ejercicios de evaluación de roles y de propuestas… Hay una voluntad muy clara de revisar lo que se está haciendo, evaluarlo y entrar en un ciclo de mejora constante. Pero tiene que estar complementada con la vocación de cada persona de dominar su ego y asumir que todos tienen que ceder poder. Al hilo de la definición de Charest, yo diría que en una organización no todo el mundo sabe vivir en la libertad y en la responsabilidad. Teóricamente, las capas más poderosas de una organización clásica, piramidal, viven en la responsabilidad pero disfrutan del poder; esas capas deben ceder mucho poder, esa es la primera dificultad. Las capas de abajo muchas veces sufren el poder pero asumen poca responsabilidad. Lo asambleario puede parecer muy bonito, pero luego te das cuenta de que ya no es tan bonito trabajar todos en la misma dirección, como adultos, no porque me obligan sino en el ejercicio de mi responsabilidad personal. Sé por experiencia que estos dos conceptos que cognitivamente son fáciles de entender, en la práctica no son nada sencillos.

Imagino que muchas personas pueden ver en la sociocracia una superestructura incluso molesta: ¿roles, rondas, etc.? ¿Qué le dirías a quienes puedan pensar que la introducción de una metodología añade ruido y trabajo a la construcción de un equipo y a la operatividad del mismo?

Es cierto que la sociocracia tiene una cierta estructura, unas ciertas normas. Me gusta hacer una analogía con juegos que algún nivel de complejidad, por ejemplo, el baloncesto o el fútbol; sus normas ocupan varias páginas, en cambio un chaval coge un balón y sabe dirigirse a la portería, luego aprenderá qué es una falta y mucho después puede que hasta aprenda lo que es un fuera de juego. En este ejemplo, ayuda mucho que aprendan viendo un montón de partidos, disfrutan de una formación inconsciente. Con ello quiero decir que toda disciplina necesita práctica y que, dado que todavía no se televisan partidos de sociocracia, hace falta formación. Si no tienes una mínima estructura, es difícil, pero la estructura es bastante sencilla. La clave es práctica, práctica y práctica, obviamente con un cierto nivel de humildad para reconocer los errores. Como en cualquier disciplina, cuanto más trabajas más sensación tienes de que te falta mucho por aprender, pero en sociocracia no se tarda mucho en ver el retorno, los beneficios.

En España todavía no hay tradición de invertir en herramientas de construcción de equipos, comunidades. Se deja un poco al sentido común. ¿Estás de acuerdo en esta apreciación?

El carácter latino, individualista, influye, como también influye la cultura de la improvisación. Cuando quieres establecer un estándar de eficiencia, respeto a los demás, precisión, hace falta preparación. La capacidad de improvisación por sí sola lleva a la desorganización. La improvisación te tiene que pillar con todo planificado y ordenado. A partir de ahí, improvisas genial. La sociocracia tiene que ver con esto: tienes que planificar y tener conciencia de que quieres trabajar en grupo, buscar la equivalencia de todos, escuchar.

¿En qué medida las organizaciones no ven la necesidad de invertir en esto? Yo diría que hay un problema inicial más grave, una cierta confusión: todavía vivimos en una sociedad en la que a nivel organizacional tanto político como socioeconómico, frente a la complejidad y al caos de cada día, fundamentalmente seguimos actuando con un pensamiento lineal: “esto lo arreglo yo” o “esto se soluciona en dos tardes”. En sociocracia el pensamiento es sistémico, requiere escucharse unos a otros y trabajar desde una perspectiva múltiple. Siguiendo ese pensamiento lineal, las organizaciones quieren soluciones rápidas: “suena bien esto del autogobierno, póngalo en marcha con esa gente de abajo, que nosotros aquí tenemos que seguir dirigiendo”. Dirigiendo, por supuesto, con una mentalidad jerárquica e impositiva. Esto denota una falta de conciencia brutal, común a todas las personas pero más grave en el caso de quienes detentan mayor poder y tienen, por tanto, más responsabilidad.

¿Qué crees que puede aportar la sociocracia a la construcción de comunidades de cohousing sénior?

Creo que lo fundamental son los tres principios de la sociocracia: equidad, transparencia y eficacia. Los proyectos de cohousing no son nada sencillos, impactan muchísimo en las personas, tanto las que ya se conocían de antes como las que están empezando a conocerse. El tema, la convivencia, es sustancial y necesita tiempo y maduración. La sociocracia es un mecanismo de vertebración y canalización de la interrelación entre los seres humanos que es buena para familias, un club de amigos, para organizar un viaje… Trabaja con la inteligencia colaborativa, los pasos están bien estructurados y son visibles: el proceso es muy bonito e incluye etapas de divergencia y de convergencia. Finalmente, con un poco de entrenamiento los procesos acaban siendo muy eficientes. Cualquier grupo con voluntad de hacerlo lo consigue.

“La sociocracia y el Toyota Way”

Parafraseando un lema de la empresa japonesa de automoción, famosa por sus procesos de mejora continua y respeto a las personas, Pedro Martín de Hijas recuerda una anécdota que ilustra bien que no todas las personas están realmente preparadas para la sociocracia. “Hace unos tres meses, en un grupo de gente de muy distintas generaciones, del mundo de la política y la gran empresa, vinculados –sobre todo los de mediana edad y sénior– a posiciones de poder, durante una sesión con rondas de aclaraciones, reacciones, etc.,  hubo una persona que no pudo aguantarlo y exigió tomar la palabra. De hecho, la había pedido en múltiples ocasiones y no se le había dado porque no le correspondía, pero hacia el final exigió hablar aunque no fuera su turno y muy enfadado dijo a las dos personas facilitadoras: “Es que vosotros tenéis mucho poder”. Quienes estábamos facilitando le contestamos: “No, el que tiene poder es el proceso, nosotros somos guardianes del proceso”. El hombre en cuestión estaba muy enfadado porque por primera vez muchos años, el grupo le había callado. Para mí es muy significativo: la fuerza del grupo calló a una persona acostumbrada a no callarse jamás. Me gusta cómo lo expresa la empresa Toyota, que a nivel interno trabaja bien los procesos de mejora continua y el respeto a las personas: el Toyota Way es para todos, pero no todos están para el Toyota Way. Lo mismo sucede con la sociocracia”.

“Y llovieron pájaros”

Nuestra compañera Edurne Martín Lecuona, miembro del Jubilar Villa Rosita y de la Comisión Gestora de la Asociación, comparte una recomendación cinematográfica: “Y llovieron pájaros”, una cinta basada en la novela homónima de Jocelyne Saucier. La película es una buena excusa para disfrutar de un par de horas frente a la pantalla y un relato muy sugerente para orientar algunas de las conversaciones de nuestros jubilares.

Fotograma de la película

En febrero,  antes de que apareciera el coronavirus, tuve la suerte  de asistir a una sesión de cine internacional. Presentaban una película canadiense dirigida por una mujer (Louise Archambault ) basada en una novela de una autora también canadiense: “Y llovieron pájaros”. Cuando salimos del cine comentamos, entre el pequeño grupo de asistentes, lo mucho que esta peli podría aportar para la reflexión sobre cómo afrontar los últimos años de la vida.

Soy socia de una cooperativa, Jubilar Villa Rosita, llevamos varios años trabajando en la construcción de esta nueva forma de vida. Por eso hoy me atrevo a recomendárosla, porque pensé que es buena para un fórum.

En medio de unos paisajes bonitos de bosques y lagos nos presentan a un grupo de personas mayores, que por diversas razones quieren seguir viviendo con libertad y  con dignidad su vida. Son personas peculiares, cada uno con su historia personal y unidos por un sueño común, la vinculación con la tierra, las relaciones de amistad y de amor, la libertad para vivir y para decidir sobre el final de su vida.

Aunque el ambiente está alejado de nuestra realidad social, los personajes y el planteamiento de la película nos llevan a darnos cuenta de lo importante que es conocer y comprender las necesidades de todas las personas.

“Una oportunidad de un mundo mejor”

Declaración en favor de un necesario cambio en el modelo de cuidados de larga duración de nuestro país

La crisis sanitaria que estamos padeciendo como consecuencia de la pandemia COVID-19 evidencia con crudeza asuntos relacionados con la consideración y atención a las personas en situación de fragilidad, discapacidad y dependencia, muchas de ellas personas de edad avanzada y otras más jóvenes con grandes necesidades de apoyo.

Se trata de realidades que, sin ser nuevas, -de hecho vienen siendo objeto de debate y denuncia hace tiempo-, se hacen visibles ahora, ante la dureza de las situaciones que estamos viviendo. Noticias que nos conmueven, información e indicaciones diversas que se suceden y que en ocasiones nos confunden, temores y decisiones que entrañan importantes conflictos éticos que hay que abordar en tiempos imposibles.

Ahora, sin lugar a dudas, es momento de arrimar el hombro, de moderar nuestra “tormenta de emociones”, de postergar críticas catastrofistas o interesadas, para así contribuir, todos juntos, a salvar vidas y a minimizar los impactos negativos de todo esto. Las conclusiones llegarán luego, de la mano de datos fiables que nos permitan comparar situaciones, actuaciones y resultados.

Sin embargo, esta crisis está contribuyendo a que afloren carencias importantes en nuestro actual sistema de cuidados. También está evidenciando riesgos futuros en torno a cómo conjugar valores que deben estar equilibrados en el cuidado, como la salud y la libertad de las personas. Será, por tanto, imprescindible que, una vez superado este episodio, abramos un debate sereno que conduzca a una revisión en profundidad del actual sistema de cuidados de nuestro país, contemplando sus fortalezas, pero sin obviar o restar importancia a sus carencias, ahora más que nunca visibles, y así poder afrontar con valentía y decisión los principales retos pendientes.

Asuntos como la real garantía en la continuidad de los cuidados, la coordinación entre sistemas y servicios y por qué no, las dificultades que la actual estructura competencial conlleva a la hora de afrontar un modelo integrado de servicios e intervenciones profesionales, deberán ser objeto de análisis en pos de la coherencia, la eficacia y la eficiencia que necesitamos.

En este sentido, pensando en este futuro próximo, que vislumbramos como una oportunidad quienes firmamos este documento, queremos compartir algunas consideraciones:

Sobre el cuidado en casa

1/ La crisis del COVID19 pone de manifiesto la gran invisibilidad y los escasos medios que hoy existen para garantizar un cuidado adecuado en el entorno domiciliario. Ante la ausencia de datos sobre cómo afecta la crisis sanitaria a las personas que reciben cuidados en casa, no es aventurado suponer que los contagios se han producido de una forma exponencial y que, tanto las cuidadoras como las personas que reciben cuidados, se han encontrado ante una importante improvisación y desprotección. En el ámbito del empleo de hogar y cuidados, donde se presta atención a cientos de miles de personas, es muy probable que haya sucedido lo mismo. Sin olvidar que decenas de miles de mujeres que trabajan en este sector no disfrutan de las mínimas condiciones de seguridad y legalidad, con las consecuencias personales que esta situación genera.

2/ La inmensa mayoría de las personas mayores en situación de fragilidad o dependencia, así como las personas de menor edad que tienen discapacidad, viven en su casa y han expresado con contundencia y de forma repetida, según las investigaciones sobre este tema, su deseo de continuar viviendo en ella y de seguir participando en su comunidad. Consideramos que, por tanto, es urgente e imprescindible avanzar en el diseño de una propuesta de atención integral en el domicilio que sea capaz de incorporar y coordinar los distintos papeles que cumplen los agentes implicados en esta atención: familias, servicios sociales en general y SAD en particular, atención primaria y especializada de salud, sector de empleo de hogar y cuidados, asistentes personales, voluntariado, servicios de proximidad e iniciativas de participación comunitaria.

3/ Es necesario disponer de un modelo de atención sociosanitaria integrada y centrada en las personas que viven en sus domicilios, desde la coordinación de aquellos servicios y apoyos necesarios para obtener la mejor calidad de vida de ellas y de su entorno familiar. Los consensos científicos de organismos internacionales, como la OMS o la OCDE, así lo recomiendan y sugieren como metodología óptima y eficiente para llevar a cabo la gestión de casos (o coordinación de apoyos). Sin olvidar la necesaria sostenibilidad económica de las medidas que se emprendan, consideramos que debe avanzarse con determinación en este camino, si queremos dar respuesta a los deseos de las personas y sus familias y evitar soluciones institucionales no deseadas. Ello exigirá un claro incremento presupuestario en este sector a corto plazo, si bien, a mediano plazo, se obtendrán importantes resultados de eficiencia en los cuidados prestados
y mejoras en la calidad de vida de las personas que los reciben.

Sobre el cuidado en centros residenciales

4/ Reconocemos y valoramos el esfuerzo “heroico” que están realizando los profesionales de los servicios residenciales en esta crisis, cuidando a las personas sin medios de protección y pagando el precio de un gran número de infectados. Las numerosas iniciativas de los centros que han decidido confinarse en equipo, quedándose a vivir con las personas hasta que esto pase, muestran la profesionalidad, el compromiso y la gran humanidad presente en este sector. Una decisión que debe ser reconocida y aplaudida.

5/ La escasez de profesionales y el carácter a menudo precario de las condiciones de trabajo en los servicios residenciales, algo ya sabido pero hasta la fecha no tomado como una prioridad social, es flagrante. Sin ser esta la condición única ni suficiente para garantizar la calidad de cuidados y apoyos, es una cuestión que debe ser seriamente considerada, como ya ha señalado el Defensor del Pueblo.

6/ Las personas que enferman en un centro residencial -en una situación como esta, de máxima gravedad- y siendo el principal grupo de riesgo, tienen derecho a la atención sanitaria pública por su condición de ciudadanos/as, tanto en atención primaria de salud como en especializada.

No es admisible que sean privados/as de este derecho por su edad avanzada o por tener una gran discapacidad. El conjunto de los poderes públicos y, en particular, las CCAA que son quienes tienen la competencia de gestionar, financiar y/o de supervisar estas instituciones, deberán fortalecer los mecanismos de evaluación, supervisión y coordinación de las mismas para evitar situaciones indeseables como las que se han producido.

7/ Necesitamos un cambio en profundidad del modelo de alojamientos para personas mayores o personas con discapacidades que precisan apoyos para continuar con sus proyectos de vida. Es preciso que las alternativas de alojamiento que dispensen cuidados e intervenciones profesionales se orienten desde una atención centrada en las personas y no desde objetivos de mera custodia. La experiencia de otros países, avalada por décadas de desarrollo y evidencia científica, sugiere la bondad de desagregar los conceptos “vivienda” y “cuidados” haciendo depender cada uno de su ámbito competencial natural. Esta diferenciación, además de racionalizar el gasto en recursos destinados a los cuidados, nos alejaría definitivamente de los modelos institucionales. La vivienda garantiza espacio propio, intimidad; y en los entornos domésticos los cuidados y apoyos se ofrecen en función de las diferentes necesidades que genera el itinerario de cada situación de dependencia.

8/ Nos preocupa especialmente que, una vez concluida esta crisis sanitaria, se acabe priorizando la seguridad a costa de todo y se produzca un retorno al modelo institucional hospitalario como solución para el cuidado de las personas más dependientes que viven en centros residenciales. Una cosa es que las personas que allí vivan reciban la atención sanitaria que precisen y otra que las residencias acaben siendo hospitales. No podemos olvidar que habitualmente nuestro deseo es vivir “como en casa” cuando no es posible vivir en nuestro propio hogar. Existe sobrada evidencia científica que demuestra que las residencias tradicionales institucionales, donde se homogeneiza la atención, no ofrecen calidad de vida ni facilitan la participación, la contribución y la vida plena de las personas, ya que son lugares donde estas fácilmente pierden el control sobre ella. Los resultados demoledores de la evaluación de los centros psiquiátricos y asilos hace muchas décadas propiciaron la abolición de este tipo de instituciones. Es necesario apostar de una forma decidida por nuevos diseños arquitectónicos y nuevas fórmulas organizativas y de gestión lo más similares al hogar, donde se garantice la intimidad, se personalice el cuidado y se evite la continua rotación de profesionales, y donde el tiempo y las actividades se organicen pensando en las personas y en alimentar una vida con sentido. Es imprescindible apoyar y cuidar a los y las profesionales, dignificando su labor, supervisando el desarrollo de sus competencias de atención integral y relacional, invirtiendo en el cuidado de los equipos y en la mejora de las organizaciones. Esto no puede considerarse como algo superfluo y por tanto prescindible. Solo así podremos avanzar en el buen cuidado.

9/ Consideramos de especial importancia erradicar definitivamente los macrocentros y dejar de percibir como un lujo las habitaciones individuales. En los centros que almacenan personas, donde la mayoría de las habitaciones son compartidas, donde las personas permanecen casi todo el día en salas repletas de “internos” alineados, evitar el contagio cuando hay enfermedades fácilmente transmisibles, puede acabar siendo una misión imposible. Pero no es este el único riesgo de este tipo de recursos. En ellos, conocer y tratar de una forma personalizada a quienes allí viven se puede acabar percibiendo como una utopía inalcanzable.

Un riesgo que convierte lo cotidiano en un espacio adverso y perjudicial. Debemos, por tanto, trabajar por dejar atrás definitivamente este diseño residencial que responde a un modelo institucional del siglo XIX que ya ha sido abandonado hace décadas en otros países. Por ello, consideramos urgente que, desde el parque residencial que ahora existe, se generalice su tránsito hacia el cambio de modelo, contextualizándolo en la realidad concreta de cada centro.

Sobre los estereotipos en relación a la vejez y a la discapacidad

10/ Esta crisis también pone de manifiesto la existencia de numerosos y profundos estereotipos que todavía prevalecen y forjan una visión distorsionada, negativa y uniforme sobre las personas mayores, las personas con discapacidad y la vejez.

11/ Se repiten discursos que meten en el mismo “saco” de las personas mayores a un amplio grupo con características y necesidades muy diferentes. Unas, -la mayoría- son totalmente autónomas y no tienen problema alguno, mientras que otras se encuentran ciertamente en situaciones de gran vulnerabilidad y con necesidad de cuidados y protección. El mero hecho de haber cumplido cierta edad no las hace iguales. Esta es una narrativa que alimenta la pérdida de valor social de un grupo que se visualiza como uniforme y, esencialmente, no competente. Todo lo cual lleva a pensar en la vejez como una etapa vital que difumina las diferencias individuales, mientras que la evidencia gerontológica señala, justamente, todo lo contrario.

12/ Escuchamos y leemos comparecencias, noticias y redes sociales impregnadas de un lenguaje paternalista que apela a la lástima o a la obligación de devolver, como si de un favor se tratara, a “nuestros mayores”, a “nuestros abuelitos”, lo mucho que hicieron por la sociedad actual. Términos emocionales y seguramente bien intencionados que, sin embargo, delatan la ausencia de una mirada donde las personas de edad avanzada son, antes que nada, ciudadanas o ciudadanos adultos, con derechos y deberes.

13/ Algo similar sucede en relación a las personas con discapacidad, que frecuentemente son nombradas por sus patologías o déficits- también lo escuchamos repetidamente en esta crisis-, lo que conduce a etiquetarlas en categorías vinculadas a sus carencias o dificultades, obviando su singularidad, sus fortalezas, así como su capacidad de contribución a la sociedad.

14/ Las situaciones de amenaza que ponen en riesgo a las personas con mayor vulnerabilidad no deben suponer una pérdida de la consideración del valor y de la competencia de estas. Todas las personas necesitan, necesitamos, un trato de igualdad con el resto de la ciudadanía. Homogeneizar, homogeneizarnos, aunque sea a través de valores como el “respeto”, puede ser muy peligroso. Todas las personas merecemos respeto y trato digno, cualquiera sea nuestra edad o necesidad de apoyos.

15/ Por ello, consideramos también necesario realizar una profunda reflexión sobre nuestra mirada a la vejez, a las personas mayores y a la discapacidad, revisar nuestro lenguaje colectivo que continuamente estigmatiza e infantiliza a estas personas. La evidencia científica sitúa estas conductas en la base explicativa de los malos tratos. Porque nuestras palabras construyen y, también, contribuyen a crear un mundo mejor que todos y todas anhelamos.

Finalmente

16/ Consideramos que todo esto hace necesario la urgente revisión del actual modelo de atención a personas que precisan apoyos o cuidados para disfrutar de una vida plena, para dar respuestas diversas, globales y ecosistémicas y, con ello, el correspondiente escenario de financiación pública de los distintos servicios de apoyos y cuidados de larga duración, hoy día escaso y con notables diferencias entre los territorios autonómicos.

17/ Asimismo, quienes firmamos este documento, esperamos que esta crisis pueda convertirse en una oportunidad de lograr una mejor atención a las personas que la precisan, avanzando en la construcción de una sociedad de los cuidados donde el reconocimiento, la participación y el apoyo a quienes son más vulnerables, necesariamente se conviertan en un compromiso y en una prioridad social central.

Descarga en pdf la declaración (firmantes según actualización 8/04/2020): DECLARACIÓN

FIRMAS:

Los abajo firmantes (figuran por orden alfabético), apoyan este documento a título personal.  Asimismo, deseamos clarificar que ante la gran diversidad de representación del mundo asociativo hemos  incorporado sólo a las organizaciones de personas mayores y de discapacidad de ámbito estatal. Desde el reconocimiento de la labor de otras muchas asociaciones y entidades de carácter autonómico y local, incluyendo las que realizan iniciativas de acción voluntaria en torno a las personas mayores o defienden sus  derechos en calidad de familiares de afectados, invitamos a adherirse a esta declaración a todos quienes así lo deseen, enviando un correo donde se solicite la inclusión a esta lista inicial que por rapidez no se ha hecho más extensa, indicando: nombre, apellidos, profesión y centro/entidad de trabajo. cambiomcuidadosesp@gmail.com

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Aislamiento y apoyo social en mayores ante situaciones de emergencia (especial Coronavirus)

Por: Beatriz De Gregorio Domínguez – Trabajadora Social y Máster en Salud, Integración y Discapacidad. Doctoranda en Trabajo Social “Cohousing y envejecimiento” por la Universidad Complutense de Madrid. Contacto: beadegre@ucm.es

“Ahora mi soledad es mayor, solo salgo para lo necesario”

Hoy más que nunca, son las personas mayores las principales protagonistas de la epidemia por coronavirus (también llamada Covid-19) y el sector de población más vulnerable, principal grupo de riesgo de dicha enfermedad que se propaga por todo el mundo.

Ante el miedo y las consecuencias que les puede ocasionar a la salud, muchos ponen en marcha medidas preventivas para hacer frente al contagio. En estos momentos, es imprescindible contar con una buena red de apoyo social y soporte mutuo en este grupo de población, como una manera de evitar su aislamiento para poder continuar con su vida normal, sobre todo en aquellas personas que viven la soledad más de cerca.

¿Nos ayudamos? Cartel solicitando / ofreciendo apoyo social

Esta es la razón por la que, se ha querido recoger varios testimonios para conocer la realidad social de aquellas personas mayores españolas que viven solas en su domicilio.

Hay quienes se muestran más desconfiados y hacen previsiones futuras, como María Francisca, de 75 años y Josefina, de 83 años:

“He dejado de ir a misa, a la universidad de mayores y a un grupo de cocina al que iba. Lo que hago ahora es consultar Internet, llamar por teléfono, coser, leer y ver la televisión. He comprado provisiones, entre ellas, alimentos y medicinas para cuatro o cinco semanas. Hay que tener paciencia y esperar a ver qué pasa. Esta situación me causa preocupación, por mis hijos y mi familia y me preocupan los hospitales, si va a estar todo muy ocupado y si hay suficiente preparación para lo que se viene.

Estoy aislada en mi casa, salgo para comprar y ya está. Si el tiempo me lo permite salgo a pasear, pero no me meto en aglomeraciones ni hago uso del transporte público.

Ahora mi soledad es mayor, solo salgo para lo necesario. Tengo hipertensión media y no quiero ser una carga para los demás. Creo que, si yo necesitase algo, mi familia vendría a atenderme. Pero llevo así casi un mes, previniéndome de cosas, por mi desconfianza.”

María Francisca, 75 años

“Ya no doy la paz en misa y cojo un taxi en vez del autobús. Me lavo las manos en cuanto llego a casa y llevo en mi bolso alcohol desinfectante. Las llaves de casa ahora las limpio con frecuencia, al igual que el bastón.

Sigo las normas que marca la televisión porque soy factor de riesgo. Y en estos quince días, salgo a la calle lo menos posible. He comprado lo necesario para esta semana y la que viene. Cuando recibo visitas, tengo un gel desinfectante en la entrada para que se limpien antes las manos.”

Josefina, 83 años.

Y otras que se muestran con actitud más decidida, no por ello sin tomar las precauciones necesarias, como José Antonio, de 88 años y Juana Mari, de 90 años:

“Tomo preocupaciones mínimas y sigo mi vida normal. Soy optimista o fatalista, llámalo como quieras. Intento no acudir a reuniones multitudinarias, sigo utilizando el transporte público y me lavo las manos con frecuencia. Pero sigo con mi vida normal y de vez en cuando voy a comer a casa de mis hijos.”

José Antonio, 88 años.

“Los martes iba al Vips con unas cuantas amigas y ya no vamos hasta que pase todo esto. En ese sentido, he dejado de hacer cosas. Procuro no entrar en el metro y tampoco coger el autobús, si lo veo muy lleno me voy andando.

He comprado la comida suficiente, no tengo pánico por no poder comer, ya que siempre tengo provisiones en el congelador por si vienen mis hijos.

Tengo miedo a esta psicosis que hay, voy con más precaución. Estoy preocupada, porque yo ya no estoy ni en el riesgo, dan por hecho que ya voy a cascarla, aunque solo sea por cabezonería voy a aguantar. Está lo que Dios quiera…”

Juana Mari, 90 años.

Es evidente que algunas de las personas mayores han tomado medidas necesarias por el momento que nos acontece. Unas son más desmesuradas que otras, dependiendo de la percepción y situación personal.

No obstante, siguen recibiendo visitas de sus familiares o amistades, aunque algunas de ellas se han visto limitadas.

Por esta razón, el bienestar emocional de las personas mayores puede verse afectado en circunstancias de aislamiento. Desde la familia, llevar a cabo acciones como estar en contacto telefónico con ellos/as, pueden ser actuaciones especialmente útiles para favorecer su bienestar y mantenerse informado sobre su estado de salud y de esta manera, evitar ponerlas en riesgo.

Debido a los efectos del coronavirus, se ponen en marcha medidas que incluyen una mayor atención domiciliaria, la restricción de visitas a las residencias de mayores y el cierre de algunos de los centros de mayores españoles.

Si lo aplicamos al cohousing o vivienda colaborativa, resulta de interés, sobre todo si se trata de un cohousing exclusivamente de mayores, ya que al convivir y realizar actividades todos juntos en un mismo edificio, pueden aplicarse al igual dichas normas restrictivas. No obstante, éstos tienen la suerte de contar con el apoyo social de una comunidad, a diferencia de los que viven solos en su domicilio, cuya comunidad no es tan evidente y pueden llegar a ser más propensos a dicho aislamiento.

Por todo ello, es importante ofrecer a las personas mayores la información y los recursos precisos para que puedan solicitar la ayuda necesaria en estos momentos y evitar así su desatención y aislamiento, brindando el apoyo social suficiente y llevando a cabo las medidas oportunas para que puedan seguir adelante.

Hogar y Café. Tender puentes para unir personas

Programa de Viviendas Compartidas entre Personas Mayores. Una alternativa para seguir viviendo a mi aire en libertad y en compañía

Es un programa de la Fundación Pilares para la Autonomía Personal, subvencionado por la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, que facilita a las personas mayores de 60 y más años que compartan vivienda como estrategia contra la soledad, tratando de resolver necesidades de compañía, apoyo mutuo y eficiencia económica.

Primer encuentro grupal Hogar y Café en Fundación Pilares

Fundación Pilares para la autonomía personal desarrolla el Programa “Hogar y Café -Viviendas Compartidas entre Personas Mayores-“ que tiene como meta principal facilitar y promover que las personas mayores de 60 años o más, que viven y se sienten en soledad, compartan vivienda con otras personas de su misma generación, para dar respuesta a las necesidades de compañía, apoyo mutuo y eficiencia en los gastos, favoreciendo la permanencia en su domicilio o entorno, evitando institucionalizaciones no necesarias.

Este programa, subvencionado por la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, plantea una alternativa innovadora de convivencia entre personas mayores y se lleva a cabo desde la metodología que propone el Modelo de Atención Integral y Centrado en la Persona (MAICP). Se dirige a personas de 60 años o más residentes en los municipios de la Comunidad de Madrid, que mantienen buena capacidad para el desarrollo de las actividades de la vida diaria.

Aquellas personas que cuentan con viviendas grandes y que al haberse independizado sus hijos y/o por situaciones de viudedad, han visto disminuidos sus ingresos para afrontar los gastos del hogar y, además, viven en solitario y a veces experimentan sentimientos de soledad. O quienes les gustaría vivir en compañía pero tienen dificultades económicas para alquilar una vivienda, no saben con quién hacerlo y tienen dudas sobre si la convivencia funcionará… Es en estas situaciones cuando puede surgir una oportunidad que resuelva de manera conjunta tales necesidades: Hogar y Café se plantea como posible solución a estos casos.

El equipo de Fundación Pilares proporciona una atención personalizada y “a la carta” a las personas que quieren compartir vivienda y ofrece un asesoramiento, acompañamiento y apoyo personal a lo largo de todo el proceso.

Consiste en que dos o más personas comparten una vivienda (propia o en alquiler), en la que los dormitorios son privados y el resto de estancias compartidas. Se concreta en dos modalidades:

  • Modalidad 1: Una de las personas es titular de la casa y está dispuesta a acoger a otra para compartirla. Se incluye también en esta opción la persona que decide trasladarse a la vivienda de otro, para compartirla.
  • Modalidad 2: Varias personas alquilan juntas una vivienda para compartirla.
Fundación Pilares asesora, acompaña y apoya “a la carta” en todo el proceso

En todos los casos, el plan de convivencia se establece conjuntamente entre las propias personas convivientes, mediante un acuerdo pactado que incluye sus gustos y preferencias, normas de convivencia, gastos compartidos, tareas domésticas, horas de descanso, visitas y pernoctas, animales de compañía…

Se promueve que las personas puedan conocerse previamente, para valorar si encajan y hay suficiente afinidad entre sí y, además, cuenten con un periodo de prueba de un mes de duración y la posibilidad de darse de baja y cesar la convivencia.

El programa Hogar y Café tiene también un papel de CONCIENCIACIÓN Y SENSIBILIZACIÓN hacia las mejoras que puede suponer esta opción de vivienda compartida para el bienestar y calidad de vida de las personas mayores.

Sigue el Programa Hogar y Café -Viviendas Compartidas entre Personas Mayores- en nuestra Web: http://www.fundacionpilares.net/hacemos/atencion-domicilio-entorno/hogar-cafe/index.php

Más información en:
Fundación Pilares para la autonomía personal:

C/ Escosura, 7. Madrid 28015
Telefóno: 91 130 52 28
www.fundacionpilares.org

conchi.garcia@fundacionpilares.org