Etiquetado: soporte emocional

La medida de la felicidad

Help-Age International

Estos retratos representan un puñado de esos 809 millones de personas (el 11% de la población) que, teniendo más de 60 años, pueblan nuestro planeta. En 2050 ese segmento de la población rozará los 2.000 millones (un 20% del total). Faltan menos de cuarenta años… ¿Qué mundo nos espera?

Mapa Indice Global EnvejecimientoLa organización HelpAge International lo dice de forma contundente: “el mundo no está preparado para este fenómeno“. Con ocasión del Día Internacional de las Personas Mayores, que a iniciativa de la OMS celebramos cada 1 de octubre, HelpAge International presentó el primer Índice Global de Envejecimiento. Se trata de aportar con datos inéditos hasta ahora una foto global de cómo los países están apoyando el bienestar de sus poblaciones mayores. El objetivo es conocer la situación de los mayores e identificar las áreas en las que trabajar para progresar.

El Índice Global del Envejecimiento compara una serie de datos en cuatro ámbitos: estado de ingresos de las personas mayores, estado de salud, educación y empleo y entorno adecuado. Según el propio análisis de HelpAge, los mejores resultados están en relación con un mayor nivel de riqueza de los países, pero sobre todo con una historia de políticas progresistas de bienestar social para todos sus ciudadanos de cualquier edad”, y con un sentimiento de conexión social.

En el Resumen ejecutivo AgeWatch se puede observar la puntuación de cada uno de los 91 países en los cuatro ámbitos de estudio. En la página Age World Report Card se puede indagar más en profundidad sobre la situación de cada país. Y en este documento, el Informe del nuestro.

España se sitúa en ese ranking en el puesto 22, aunque está en la media en cuanto a Estado de Salud y por debajo de ella en Estudios y Empleo.

Nuestra salud objetiva es muy superior al bienestar psicológico. Nuestos 10,6 millones de personas mayores de 60 (un 22% de la población) tienen una esperanza de vida de 25 años a partir de los 60, y una esperanza de vida saludable de 19 años a partir de esa misma edad. Estos datos se sitúan entre los mejores del mundo. Sin embargo es relativamente baja la proporción de personas mayores respecto de las jóvenes en cuanto a un sentimiento positivo acerca del sentido de su vida (un 66,7%).

El porcentaje de personas mayores de 60 años con educación secundaria o superior es alto (43,4%) y en aumento. Sin embargo, más de un 56% de las personas entre 55.64 años carecen de empleo.

Mayores en la playaNuestro punto fuerte, el que el informe denomina “Entornos adecuados” (puesto nº14). Destaca el dato acerca de las conexiones sociales, el que da el necesario soporte emocional: un 92% de los mayores de 50 años tienen familiares o amigos con los que cuentan en caso de necesidad. El sentimiento de seguridad en su entorno físico (medido como falta de miedo a caminar a solas de noche) es elevado (71%) y alto es el número de personas de más de 50 años que están satisfechas con la libertad de elección en sus vidas y con el sistema de transporte público local (78%).

Mejorar el entorno físico y social es imprescindible (“el mundo no está preparado…” ). Y en España, donde aún existe exclusión y soledad, debemos seguir trabajando en ello. Las estadísticas solo reflejan situaciones “medias”. Pero es esperanzador observar que partimos de una situación en la que los mayores, con una alta esperanza de vida, mayoritariamente se sienten acompañados, seguros y libres. Reforzar esos lazos humanos, mejorar la seguridad psicológica y fomentar una mayor autonomía y capacidad de decisión es tarea de todos (y específicamente la nuestra) para lograr un verdadero bienestar para todos.

Morir en casa

“Morir es un hecho trascendente y sagrado, (…) con independencia de las ideas religiosas, filosóficas y/o éticas de cada cual. Este hecho requiere un ambiente también “sagrado”, íntimo, personal, familiar y humano: el propio hogar.”

AbrazoSon palabras del médico general Juan Gervás, coordinador del Equipo CESCA, en una interesante entrevista realizada por Silvia Cruz Lapeña. Mirando hacia la muerte de cara y sin tapujos habla de una sociedad que oculta y disfraza la muerte. “En este juego macabro de ocultar y disfrazar la muerte el hospital cumple una función aparentemente definida, tipo el “haga todo-todo-todo por mi padre” (que está muriendo y “todo” lo que precisa es un ambiente sereno a domicilio, una familia unida, unos servicios sociales que apoyen y buenos médicos y enfermeras de cabecera que controlen el dolor y demás, y que llegado el caso ayuden a evitar una agonía inútil”.

Los hospitales eran antaño espacios de “hospitalidad” y concentración de tecnología, y hoy, según Gervás, deben cambiar. Hoy “el desarrollo tecnológico permite llevar los servicios desde la cama del hospital al consultorio médico y de allí al hogar del paciente.” Es por ello que la atención personal del profesional de siempre, el médico general, es según el Equipo CESCA, la adecuada para asistir en los últimos momentos. Ante nuestra propia actitud, ambivalente ante la muerte, solo cabe que los profesionales de la asistencia al paciente acepten y empaticen con los deseos, sentimientos de miedo, aceptación, piedad, lucha… de paciente y familiares. Solo así se puede morir con dignidad.

Nos resulta especialmente relevante la reflexión sobre el entorno físico y social que implica la “casa” donde morir con dignidad, lo que parece querer una buena parte de la población:

“Morir en casa es un deseo natural. El hogar es el refugio donde uno encuentra la paz y la seguridad, muchas veces sin saber exactamente porqué.” Y añade: “rodeado de tantas cosas que nos unen a la vida, que nos recuerdan tan buenos ratos, con la familia, con los amigos y vecinos, con los que nos quieren, conocen y respetan.”

Parece que ese “porqué” que no se sabe “exactamente” para querer morir en casa tiene mucho que ver con ese “estar rodeado” de personas. Pero, ¿queremos morir en casa o morir acompañados? Seguramente las dos cosas. El 15,3% de los ancianos en España vive en soledad. Solo en Madrid mueren en la absoluta soledad cien mayores al año. Eso ocurre en sus propias casas y en principio no parece una opción deseable. Cuando a la gente le preguntan “dónde desea ud. morir” y dicen casa, ¿en qué están pensando exactamente? ¿A qué llamamos “casa”?

Queremos poner el acento en la construcción de ese entorno (hogar) en el que tener la posibilidad de envejecer hasta incluso morir en él. Un hogar que permita la atención adecuada comentada, pero también el soporte emocional que deseamos a nuestro alrededor. Porque ¿qué sentido tendría plantearnos la opción de morir en casa cuando hace años que tuvimos que salir de ella? Para que exista opción debemos crear la oportunidad, y esto es una vivienda, la propia, adaptada y adaptable, en la que podamos permanecer hasta el final.

Morir con dignidad es decidir, en la medida de lo posible, dónde hacerlo. Desde Jubilares intentamos ayudar a que “el hogar” se convierta en una opción realista y posible. Como siempre, la elección es de la persona.  Y si decidimos morir en “nuestra casa”, ésta es aquella en la que están nuestras cosas, nuestra gente.