Etiquetado: Senior Cohousing

Reinventar la rueda

“Mira, Conchita, se nos ha ocurrido una idea: ¿por qué no nos jubilamos juntos los amigos? Queremos ser autónomos, podemos buscar un sitio bonito para vivir, nos ayudaremos cuando vengan los achaques y no seremos una carga para nuestros hijos. Podemos hacer más fácil que vengan nuestros nietos, y un montón de cosas. Si compartimos gastos necesariamente va a ser económico; mi casa es más grande, si la alquilo sacamos para pagar la nueva, más pequeña…”

En las cafeterías, en la consulta del médico, se escuchan a diario conversaciones como ésta. Todas las semanas conocemos a alguien que se asombra: “¡si esto lo llevamos hablando durante años!”. La idea del senior cohousing es efectivamente tan “obvia” que miles de personas en España, también en todo el mundo, sin conocerse entre sí y posiblemente sin haber oido nada de este concepto, llegan cada una de ella a la misma convicción: prefieren vivir juntos.

Reinventar la ruedaLa experiencia internacional en diferentes países en senior cohousing ha dejado un valioso rastro de lecciones, aciertos y errores a la hora de desarrollar estas comunidades. Es revelador como en países distintos se han alcanzado, tras el paso de los años, conclusiones comunes acerca de cómo gestionar con éxito estas iniciativas. No puede ser casual.

De ahí que no podamos evitar sentir inquietud cuando vemos grupos de gente que bien por falta de información, bien por el afán de conducir su propio proyecto hasta el más pequeño detalle, toman caminos inciertos, no experimentados antes en ninguna parte del mundo, arriesgando de forma innecesaria el éxito de su noble intención.

El mejor remedio contra esos riesgos consiste en informarse y compartir experiencias, y por suerte esa es una tarea para la que hoy en día no faltan medios. Tan sólo se requiere una actitud abierta y dialogante, que no excluye la convicción en las propias ideas.

A modo de pequeño índice estas son algunas de las conclusiones comunes de la experiencia acumulada en senior cohousing:

– La autopromoción y autogestión de la iniciativa, desde los primeros pasos hasta la vida cotidiana una vez en funcionamiento. El principio de Autonomía personal es el motor de arranque y ha de preservarse todo el camino.

– El seguimiento de métodos participativos, algunos ya perfectamente estructurados, que siempre anteponen la conjunción del grupo, la creación de la comunidad de personas. “Primero contruimos la comunidad y después el edificio”.

– Un tamaño contenido, que tenga una vida interna suficientemente rica pero evite el riesgo de aislamiento respecto de la sociedad que rodea cada comunidad. Entre 15 y 30 viviendas es un número orientativo cuando se trata de comunidades de mayores. En ocasiones se juntan dos o tres comunidades, o si están en zonas de la ciudad muy bien abastecidas de servicios pueden ser menores…

– Un modelo «ambiente», u «hogar» (housing), tanto en lo arquitectónico como en la gestión. Zonas comunes como extensión de la vivienda. Ambientes cálidos y acogedores y servicios de asistencia sólo cuando son necesarios, como hace cualquiera en su casa. Rechazo a opciones organizativas -y arquitectónicas- institucionalizantes.

Inventar la rueda exige un enorme esfuerzo no exento de mérito, pero resulta poco útil si resulta ser frustrante en muchos casos: en el pasado muchas de estas iniciativas no salían adelante, hasta que se aprendió de los errores. Seguir incurriendo en ellos es socialmente poco productivo. Construimos mejor sobre lo que otros descubrieron. Así avanza la sociedad.

Ejemplos Internacionales (VIII): Harbourside en Sooke, Canadá

El ejemplo que presentamos hoy puede ser inspirador a los múltiples grupos o personas que piensan en el cohousing como la oportunidad para la etapa de jubilación (tiempo de júbilo): Harbourside, a diferencia de los otros ejemplos internacionales que vamos mostrando en nuestro blog, es una comunidad que aún no se ha construido en su totalidad.

El método que eligieron los ocho «activos y enérgicos» amigos que constituyen el grupo embrionario se basó en el que más a menudo toman los senior cohousing de todo el mundo, el de Charles Durret, que ha reinterpretado el método Nielsen danés.

Prevén, como se dice en el vídeo, la construcción de treinta apartamentos de uso privativo y unas zonas comunes. La forma de tenencia, como es lógico, varía en cada país, pero el objetivo es siempre el mismo: garantía de privacidad y favorecimiento de la comunidad, así como solidaridad en las decisiones de grupo y búsqueda de continuidad en el uso a lo largo del tiempo. Los métodos participativos comienzan desde el momento en que se lanza la idea y continúan durante la vida en el cohousing.

El proyecto arquitectónico pone el énfasis en el disfrute del entorno natural, de forma que la organización de las viviendas, al contrario que como es habitual, no miran hacia la construcción de uso común sino hacia el paisaje, entendido también como espacio para la comunidad. El terreno era propiedad de uno de ellos. A pesar de ello barajaron otros emplazamientos hasta que finalmente se decantaron por éste. Esto es importante puesto que conocemos casos en que partir de un lugar concreto antes de constituir el grupo fue un pie forzado que dio al traste con la iniciativa. Recordamos el principio fundamental: «primero construimos la comunidad, luego el edificio».

Para más información sobre su proyecto se puede ver su página web: http://www.harbourside.ca (en inglés)

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Desde hace tiempo imparten, en colaboración con la Royal Roads University, un curso «Envejecer bien en comunidad», donde resaltan las «oportunidades, retos y dificultadas de envejecer en casa», también las ventajas que la comunidad ofrece en comparación con otras alternativas.

En estos momentos se encuentran en una fase interesante: la de ampliar el grupo. Se trata de un momento en que los líderes de la iniciativa han de ser suficientemente generosos y abiertos como para transformar la idea inicial en pro de la comunidad. En su web, los 21 miembros del grupo en la actualidad se presentan ellos mismos y sus aspiraciones. Como solemos decir, no están vendiendo un edificio, están ofertando una «vecindad».

Pero no lo han hecho solos: en Canadá cuentan con (y forman parte de) la «Canadian Senior Cohousing Society», que aconseja, difunde el modelo y reúne las experiencias de las distintas iniciativas de cohousing del país (en poco tiempo una treintena) . Queremos destacar la labor de nuestra homóloga canadiense porque la asociación Jubilares, cuyos socios serán principalmente las cooperativas de senior cohousing en España centra su actividad principal en el asesoramiento y difusión de esta forma de vida. Si estáis interesados en ello animamos a contactar con nosotros. No estáis solos.

Compartir piso

Mon pere c´etai toiSe busca abuelo para compartir piso. Es el título de una reciente novela francesa que parte de una situación hasta hace poco inédita: un grupo de personas mayores comparten gastos, espacio y convivencia entre las paredes de un piso grande. Se apoyan mutuamente, se encuentran seguros y esto les hace ser más autónomos. Sobre el tema, por cierto, el libro no da más; el resto a nuestro juicio resulta una superficial novela juvenil de aventuras.

En Francia el piso compartido para personas mayores empieza a ser una realidad habitual. Ya hace años Christiane Baumelle, psicóloga jubilada autora del «Manual de supervivencia senior compartida», creó la asociación La Trame con el propósito de ayudar a constituir «unidades de vida colectivas de entre 4 y 8 personas» a las que llama «Cocon3s» (las «3 s» significan solidarios, séniors y solos). La asociación dispone de una web, un foro online y organiza en varias ciudades de Francia los «encuentros de la casa compartida» para poner en relación a los que buscan convivir.

«Cuesta que arranque», confiesa Baumelle a Le Monde. «La vivienda compartida entre mayores no tiene nada que ver con la de estudiantes. Los jubilados que se lanzan a esta aventura deben estar listos para desprenderse de su vivienda, separarse de una parte de sus muebles, y para convivir después de años de vida en solitario y de costumbres muy afianzadas», advierte.

Constatamos la opinión de Baumelle cuando habla de la necesidad de vencer fuertes resistencias. Nadie toma tan en consideración la mudanza cuando se es estudiante y sin embargo en la madurez pareciera que no puede caber el error.

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En Nantes, Gerard (en el centro) quiso compartir la casa con otras personas

Las personas más interesadas en estos programas son mujeres alrededor de los 65 años que buscan compartir casa grande. «Los hombres se interesan si están enfermos», bromea la creadora de La Trame, «¡todavía están acostumbrados a hacerse servir!». Para Baumelle, lo ideal es una vivienda con al menos cuatro personas, para crear un ambiente en el que se sientan realmente libres.

Sin duda los pisos compartidos requieren una actitud abierta, ya que acarrean una convivencia muy estrecha. Son un modelo más que sumar a la oferta existente, en la que la variedad es la mejor garantía de que cada uno encuentre la solución que mejor se adapta a sus preferencias.

Ejemplos Internacionales (VII): Awichas bolivianas

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“No quiero rejuvenecer, ya he sido niña y he corrido, he jugando como niña, ya he sido joven y he bailado, he enamorado, he gozado y sufrido mi juventud, he criado hijos y me han dado alegrías y penas, ahora quiero ser vieja, quiero gozar y sufrir mi vejez, eso es lo que correctamente me toca”.

Awicha en la lengua aymara quiere decir «abuela», pero también se aplica, en sentido cariñoso, a las ancianas de la comunidad.

«Ser mujer, pobre, india y vieja en medio de la ciudad» es, según Mercedes Zerda y Javier Mendoza (ver La Comunidad Awicha en La Paz, Bolivia), equivalente a marginación social. Las awichas están sujetas a una múltiple discriminación y se sienten inútiles en la ciudad.

Las cuatro awichas que fundaron en 1985 la casa autogestionada del Pampahasi, en La Ciudad de El Alto (La Paz, Bolivia) buscaban ese hueco dentro de la ciudad. Querían una casa, tal y como cuenta en «Mi historia de la comunidad awicha de Pampajasi» Elena Apílanez, «en la que vivir y morir juntas», compartiendo «escenas y momentos de la vida cotidiana». Se guiaron por sus tradiciones y se organizaron de forma natural como ellas sabían: estableciendo turnos para dirigir la comunidad, en una aceptación de responsabilidades casi ritual. Para el sistema de servicios colectivos así creado se contó desde el principio con las mujeres mayores en una primera propuesta intergeneracional.

Hay que decir que la casa comunal de Pampahasi tuvo un apoyo externo clave, la de la organización Helpage International, así como de la sueca Svalorna. Ellas ayudaron a que del primer grupo embrionario (14) se pasara a 40 habitantes de una gran casa en torno a un patio central.

La estructura socio-territorial y económica de la comunidad aymara es la del tradicional «ayllu», donde el territorio es propiedad común y los preceptos fundamentales la autogestión y la autodeterminación. Las relaciones humanas, dentro y fuera del ayllu se basa en los principios de reciprocidad (ayni) -como sustento básico de las relaciones humanas y postulado lingüístico por medio del cual emana la preocupación por la persona con la que se interactúa- y de intercambio (mink´a) basado en el servicio comunitario que las personas y familias prestan a favor tanto de otras familias. La filosofía aymara también asume un principio de complementariedad, el que da lugar a la creencia de que ningún se existe por sí mismo sino teniendo un complemento.

Las awichas deciden de forma consensuada, las tareas se reparten equitativamente, se organizan comisiones de trabajo y semanalmente evalúan los resultados. Es la propia comunidad la que decide quién pasa a formar parte de la misma. Los primeros años solo estaba formada por mujeres, posteriormente se incorporando los hombres ancianos (achachilas). Hoy exigen tener más de sesenta años y encontrarse en una situación socioeconómica que no les permita otros apoyos familiares. El usufructo de la habitación asignada a cada persona es vitalicio, y a su muerte no es heredable, sino que pasa de nuevo a la comunidad awicha, quien asigna un nuevo morador.

Las casas comunales incluyen zonas de cría de animales, comedores comunitarios (que sirven también a personas externas a la comunidad) y áreas de trabajo artesanal que sirve a la generación de ingresos propios.

El crecimiento de la comunidad, que hoy supera la centena, pasó por una decisión que Jubilares también comparte: el número de las comunidades no puede ser tan grande como para que la estructura de autogestión se malogre: así en 2005, cuando se rodó el vídeo, ya se habían formado 5 casas dentro de la estructura de Pampahasi. Y años más tarde ya existen seis grupos urbanos y otros siete rurales, relacionados también entre sí en esa red intergrupal que también es clave en nuestro modelo de jubilares.

En este vídeo los miembros de la comunidad awicha de Pampahasi hablan de sus preocupaciones y esperanzas y explican cuál es el objetivo de su organización que, según sus palabras, es facilitar un envejecimiento saludable integral en el marco de la autonomía y respeto a sus tradiciones.

El ejemplo nos parece interesante porque una vez más demuestra la fuerza de la comunidad de personas frente a una sociedad que individualmente las excluye. Porque obervamos que la necesidad de vivir con y como uno elige libremente es universal y profundamente humana. Porque acredita, como en muchos otros casos de cohousing,  que la autogestión es posible aún en los casos en que las condiciones son desfavorables.

Los valores que transmiten este pequeño grupo de personas son muchos: se han convertido en referente al respeto al mayor (propio de su propia cultura aymara), en reivindicación de la ancianidad como parte de la vida. Dice María:

“En la radio han dicho: ‘Aunque el cuerpo esté anciano, siempre hay que tener el espíritu joven’. No entiendo eso, ¿acaso es malo tener un espíritu anciano como nuestro cuerpo?”

Piensan que tienen una labor importante que hacer: sienten la responsabilidad de fomentar y transmitir una cultura (ej. música y danza nativas). La comunidad awicha es hoy una importante impulsora de un movimiento que reivindica los derechos de las personas mayores, en Bolivia y en el mundo. Ha sido referente de políticas y programas de protección de los mayores. Es miembro de la Red Defensa del Anciano, pertenece a la Red  del Consejo de Venerables Ancianos de la Paz, la Asociación Nacional del Adulto Mayor y la Red «Tiempos» de Latinoamérica y el Caribe.

Nuevo documento sobre «La Atención Integral y Centrada en la Persona»

Portada de La Atención Integral y Centrada en la Persona, de Pilar Rodríguez RodríguezActualmente se habla mucho de la atención centrada en la persona y también de la atención integral como modo de enfocar la intervención y organizar los servicios cuando se atiende a personas que requieren apoyos y cuidados de larga duración. Sin embargo, existe bastante confusionismo conceptual al aludir a estas cuestiones y no siempre la aplicación de estos modelos resulta acorde a su filosofía (salvaguardar la dignidad, los derechos y la autonomía de las personas que precisan apoyos desde los sistemas de atención y desde la intervención profesional).

Se trata del modelo de atención que proponemos para los jubilares, dando un paso más allá en la forma de entender el senior cohousing de otros países.

En la publicación «La Atención Integral y Centrada en la Persona» que acaba de editar la Fundación Pilares para la Autonomía Personal, se intentan clarificar esos conceptos y se ofrecen orientaciones basadas en evidencia científica, así como ejemplos derivados de la experiencia empírica sobre cómo avanzar en el desarrollo de este modelo de atención.

Porque tener una discapacidad o una situación de dependencia no debe ser un obstáculo para que las personas puedan seguir desarrollando sus propios proyectos de vida y vivir con bienestar y dignidad. Por ello, desde los recursos sociales y sanitarios (ya sea mediante la atención en el domicilio, en el entorno comunitario o en centros residenciales) debe y puede favorecerse que estos enfoques se apliquen de manera efectiva en la práctica cotidiana.

Se trata de una obra que puede resultar de utilidad para Administraciones Públicas, proveedores de servicios, profesionales del sector de la discapacidad y la gerontología, organizaciones y asociaciones, medios de comunicación y sociedad en general.

Se puede descargar íntegramente aquí: La Atención Integral y Centrada en la Persona

Ejemplo de autonomía e iniciativa

Reproducimos a continuación el texto publicado en la edición de hoy del diario «El PAÍS» en la sección «CARTAS AL DIRECTOR»

El País - 11 jul 2013 - Portada

 

 

 

 

http://elpais.com/elpais/2013/07/10/opinion/1373474504_024060.html

Tras tener la suerte de asistir a la ilusionante inauguración de Trabensol, donde un grupo de jubilados han formado su propia comunidad de mayores en Torremocha del Jarama, queremos destacar dos cuestiones que esta admirable iniciativa nos revela.

En primer lugar la defensa de la autonomía personal en la tercera edad, entendida como la capacidad para decidir sobre las cuestiones que afectan a nuestra propia vida. La autonomía personal, reconocida como derecho para todos los ciudadanos en la Ley de Dependencia, no está suficientemente protegida en los modelos residenciales para mayores existentes en nuestro país hasta la fecha, por lo que no es extraño que surjan iniciativas que la prioricen.

En segundo lugar estamos ante una iniciativa puramente ciudadana que coloca a las Administraciones públicas ante un nuevo desafío que requiere por su parte una respuesta madura: dejar hacer a estas iniciativas, incluso apoyarlas, pero sin caer en la tentación de tutelarlas o controlarlas. Es simplemente un grupo de personas que quieren seguir siendo dueños de sus vidas, como han sido siempre, que abordan la vejez como una etapa más para ser vivida y disfrutada en plenitud, y que han encontrado en el llamado senior cohousing el mejor instrumento para conseguirlo.

Miguel Ángel Mira Illana. Presidente de la Asociación Jubilares.

Trabensol nos abrió sus puertas

El Centro Social de Convivencia para Mayores se inauguró hoy sábado 29 de junio de 2013 tras trece años de esfuerzo colectivo.

«Los problemHuertos elevados en Trabensol, Torremocha del Jaramaas se solucionan mejor cooperando que compitiendo» nos recordaba hace poco Antonio Zugasti quien durante más de 10 años ha sido el Presidente del Consejo rector de la Cooperativa, que se creó en abril de 2002, tras dos años de madurar la idea de crear un lugar donde envejecer bien, en casa.

Esta filosofía colaborativa la han puesto en prácica antes estas mismas personas. Ya nos dijo Jaime Moreno «vivimos de proyectos, no de recuerdos», y vaya si es así. A principios de los setenta él y otros vecinos de Moratalaz crearon una cooperativa para poder contar con un centro escolar en el barrio. El colegio Siglo XXI cumplió en abril de este año su cuarenta aniversario.

Como he comentado en otras ocasiones, la fuerza que este colectivo irradia nos convenció en 2011 de que hacer mejores residencias para personas mayores no era un reto arquitectónico sino social y colaborativo. «Primero se construye la comunidad y luego el edificio».

Desde Jubilares damos nuestra más cordial enhorabuena a este grupo de amigos que nos han enseñado dónde se puede llegar con tesón y colaboración. Compartimos su deseo de que este Centro Social de Convivencia permanezca, siempre, lleno de vida.

Diseño de «viviendas para toda la vida»: exterior y límites

Hofje van Staats - HaarlemEntre los Ejemplos Internacionales que vamos publicando, de comunidades tipo senior cohousing o cooperativas de mayores, aunque nos sirven para ilustrar, aunque sea de forma aproximativa, lo que es un «jubilar«, a menudo encontramos carencias que desde nuestro punto de vista resultan llamativas.

Las «viviendas para todos«, las «viviendas para toda la vida«, dejan de serlo en muchos casos por la existencia de escalones, por el confuso diseño para personas con dependencia cognitiva, etc. Muchas de aquellas experiencias contaban con «irse finalmente a una residencia». Creemos que es una pena, sobre todo porque en una buena parte de los casos esto se podría evitar.

Nuestro consejo es prever la dependencia, sin que ésta obligue a diseños «hospitalarios» u «hoteleros». No es necesario. Se trata de que la arquitectura hogareña sea adaptada… y adaptable. Como cuando una pareja compra un coche grande previendo que podría tener hijos, pero no incluye la sillita ni elige un autobús.

Además en la mayoría de los casos el «diseño para siempre» no es más caro. La arquitectura bien pensada puede ser incluso más económica.

En este y próximos artículos iremos publicando claves de diseño para lograr viviendas para toda la vida. Servirán al lego para reflexionar sobre la arquitectura que vemos a nuestro alrededor e ir formando pensamiento crítico. Esperamos que sirvan asimismo de ayuda a los arquitectos y empresas relacionadas con el mundo de la gerontología, y más específicamente con el del «senior cohousing» o «jubilar».

En este texto de Victor Regnier, Profesor de Arquitectura y Gerontología de la Southern California University, incluido en el libro «Innovaciones en residencias para personas en situación de dependencia», se aportan al menos 60 claves de diseño para viviendas asistidas para personas mayores con necesidad de cuidados por fragilidad o dependencia cognitiva o física. Destacamos en las siguientes líneas algunas de estas características, las aplicadas a la ubicación del conjunto y su diseño exterior, son buenas ideas que si no son necesarias en todos los casos, sí recomendamos para el diseño exitoso de un jubilar:

– Relación con el vecindario: inclusión en una zona residencial e integración con el paisaje existente

– Instalaciones abiertas a la comunidad más amplia del barrio o el municipio, más allá de los límites de la cooperativa. Ej. aula para dar clases, comedor abierto al vecindario.

– Patios con elementos paisajísticos, bien proporcionados y protegidos. Sirven para múltiples actividades, pero además pueden ser el único espacio exterior para residentes con pérdida de memoria. Se puede contar con el agua, también con fauna (ej. acuática, pero también pájaros u otros animales domésticos).

– Espacios intermedios entre interior y exterior. Porches cubiertos o acristalados. La situación de espacio protegido en el límite del edificio da seguridad a muchas personas personas, especialmente las que padecen demencia.

Porche acristalado– En relación con lo anterior, parece bueno disponer e algún espacio luminoso y cerrado, con vegetación, para los días de invierno y/o en lugares fríos.

– «El sitio de la barbacoa«. No necesariamente para este uso, se trata de un lugar exterior con buena capacidad, para «alojar una serie de actividades que incluyan comer, bailar, escuchar música, etc.» Con «buen control del sol y del viento«. Conviene que se diseñe en extensión de otro espacio interior, como sala de estar o comedor.

– Sombras. Pérgolas, toldos y parasoles para controlar el sol. También «es importante mitigar el deslumbramiento».

– Espacios de paseo en forma de bucle (especialmente recomendados para personas con demencia), con espacios para sentarse y relajarse cada cierto tiempo. Se trata de evitar esos peligrosos espacios de confusión.

– Espacio para el uso infantil. De cara al empleo de familiares, o personas del barrio, etc.

Como siempre, el objetivo es la mayor autonomía hasta el final. La mayor parte de las personas mayores no pasarán siquiera por una etapa de dependencia; pero contar con ello es más que razonable para garantizar una vida digna para todos.

Ejemplos Internacionales (V). Cooperativa Pestalozzi en Basilea

Pestalozzi Housing Cooperative - foto interiorPublicamos un nuevo ejemplo de comunidad autogestionada para y por personas mayores.

Dicen en su propia página web: «Vivir en la tercera etapa de la vida – La autodeterminación en la vejez». En eso pensaban un pequeño grupo de mujeres cuando en 1995 decidieron que querían vivir juntas durante su etapa de mayores. La asociación Wohnstadt cooperative housing, en Basilea (un equivalente a nuestra Asociación Jubilares) les ayudó a encontrar personas afines para establecer su propia cooperativa.

Encontraron un solar de 4.000m2  en Muttenz, un barrio de Basilea, con comercios, restaurantes, una estación de autobuses. El estudio de arquitectura Muller+Naegelin proyectó un edificio según el deseo de los participantes. Éste se basaba en la idea de «autodeterminación» en la terecera fase de la vida, bajo el eslogan «neither alone nor in a home»: algo así como «ni quedarse solo, ni todos juntos en una sola casa». Expresa bien ese equilibrio tan necesario entre privacidad y comunidad que siempre recomendamos desde Jubilares.

Pestalozzi Housing Cooperative - planta aptoLa estructura del conjunto es la de dos bloques paralelos unidos por una gran terraza. Cada uno de los bloques dispone de 12 apartamentos (de 2 a 4 piezas cada uno). La diposición de los espacios es paradigmática: a todos los apartamentos se accede desde el espacio exterior común. A este vuelcan las vistas desde el estar-cocina. Las habitaciones y la terraza privada tienen vistas hacia el exterior del complejo.

En los 24 apartamentos viven,  desde 2002,  20 mujeres y 12 hombres, con una edad media de 78 años (datos de 2008).  Las zonas comunes incluyen un gran salón, biblioteca, cuarto de juegos y varios talleres.

Dos de los residentes gestionan la lista de espera de la comunidad. Es la cooperativa, sin embargo, la que finalmente determina quién es admitido como nuevo miembro.

La asistencia necesaria proviene del apoyo y cuidado mutuo, así como de los servicios de asistencia a domicilio públicos. Según una de las fuentes consultadas, la vida en comunidad funciona muy bien y existe una «equilibrada relación entre lo privado y lo comunal, que puede ser atribuido tanto al exitoso diseño arquitectónico como a la propia composición de los residentes».

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Es de destacar la labor de la asociación Wohnstadt, que sirve a una vasta área de Suiza. Entre otras cosas les ayuda a encontrar a esas personas con quien compartir su objetivo de vida en comunidad. También ofrece sus servicios para ayudar a la gestión de la cooperativa. En su página web se pueden encontrar las plazas disponibles en los distintos grupos residenciales existentes (tanto en alquiler como en venta), no solo para mayores.

Ejemplos Internacionales (II): Färdknäppen, Estocolmo (SUECIA)

En nuestro segundo ejemplo de experiencias internacionales viajamos al Suecia, donde existe una arraigada tradición de «viviendas colectivas», «casa de cocina común», que a partir de los años 80 comenzan a proliferar en un tamaño menor, de manera que las relaciones comunitarias cobraban más importancia. En el año 1993 se construye Färdknäppen, la primera comunidad en Suecia enfocada a los mayores, o en sus propias palabras, a los que han alcanzado la «segunda mitad de su vida».

Estas comunidades de mayores se explican muy bien en modelos de vivendas unifamiliares adosadas y «casa común», porque hacen muy evidentes ciertas relaciones visuales y de recorridos que caracterizan su funcionamiento. El ejemplo de hoy viene a demostrar que también se pueden realizar en bloques en altura, de manera que para mudarse a un Jubilar no es necesario «renunciar a la ciudad» si los participantes no lo desean. Este caso es además una rehabilitación de un edificio existente, práctica que tiene un gran potencial de reforma y revitalización urbanística y social que las administraciones deben valorar.

Färdknäppen consta de 43 apartamentos de 1, 2 o incluso 3 habitaciones, además de cocina completa, con superficies de entre 37 y 75 metros cuadrados. Además tiene 400 metros cuadrados de zonas comunes, ubicados principalmente en la planta baja (sala de estar/biblioteca, cuarto de costura, taller de briicolaje, cocina y comedor comunes, lavandería y jardín). En la azotea también tienen una sala multiusos con chimenea y una terraza/jardín, y en el sótano, junto a los trasteros particulares está la despensa común y una sala de ejercicio con sauna.

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Färdknäppen, planta baja. Zonas comunes y 3 apartamentos (dcha.)

Grupos de cocina y limpieza, orquesta, teatro, jardinería, cestería… su variedad de actividades es admirable. En Färdknäppen viven 50 personas de entre 43 y 97 años.

Como siempre mencionamos para estas experiencias, el proceso fue participativo, y la asociación de residentes se constituyó antes de reformar el edificio. «Primero la comunidad, después el edificio». Como se puede ver en las siguientes imágenes, entre todos compusieron una visión clara de cómo su nueva casa debía enriquecer su vida cotidiana, y la llevaron a cabo.

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Cocina común

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Taller de cestería

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Lecciones de español

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Taller de jardinería

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Una tradición: Niños parientes y amigos ayudando para la fiesta de Navidad

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Una pausa para el café

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Celebración de boda en el jardín