Etiquetado: Senior Cohousing

Ejemplo Internacional (XI): la asociación holandesa LVGO

Traemos como ejemplo internacional en este caso a la Asociación LVGO, homóloga de Jubilares en Holanda y uno de nuestros grandes referentes. Tras el acrónimo LVGO se esconde un impronunciable “Landelijke Vereniging Gemeenschappelijk wonen van Ouderen”, algo así como la asociación nacional de comunidades de personas mayores (“Senior cohousing”). Se trata de la organización que se creó hace ya 30 años para la creación de iniciativas de cohousing destinadas a personas de más de 50 años. Cuenta con aproximadamente 200 cooperativas asociadas, de las cerca de 230 de mayores que existen en Holanda.

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La actividad que desarrolla consiste básicamente en:

  • Soporte y consejo para los grupos de personas que están tomando en consideración o planean vivir en una comunidad, así como a aquellas que de hecho ya viven en una comunidad residencial existente de personas mayores
  • Difusion de este modelo de vida. Sirve de potente altavoz de este modelo residencial, ante el público, las administraciones y el entorno inmobiliario en general
  • Promoción y participación en investigaciones, estudios y publicaciones acerca de la vida en comunidad para personas mayores. Tratan de crear un banco de conocimiento sobre el modelo de vida comunitaria. Por ejemplo, en 2008 se encargó un estudio sobre el nivel y la calidad de los cuidados mutuos que se realizan, de forma natural, en estas Comunidades
  • Desarrollo de una red de contactos con todas las organizaciones y empresas comprometidas con las “Comunidades con Intención”
  • Mantenimiento de la web como herramienta para llevar a cabo los objetivos y como medio de comunicación en nuestra sociedad. En ella las personas pueden encontrar una Comunidad y donde las Comunidades pueden anunciar la necesidad de nuevos miembros
  • Establecimiento y mantenimiento de una estructura organizativa, financiera para lograr los objetivos comentados

También organizan eventos, siendo muy importante el anual “día de la vida en comunidad”, que se celebra desde 2009, con la participación de la mayoría de los asociados, que abren sus puertas a los visitantes. El objetivo de esta fiesta es hacer que la vida en comunidad se conozca y entienda mejor, y algunas comunidades aprovechan la ocasión para encontrar nuevos miembros.

La LVGO está federada en la FGW (Federación Nacional de Cohousing) con la LVCW (Asociación Nacional de Co-housing). El término Co-housing es de reciente cuño, pero se emplea ya internacionalmente, también en Holanda. No obstante los holandeses, pioneros en la materia, aún las llaman en inglés “comunidades con Intención” (Intentional Communities), término muy definitorio de su espíritu.

foto44A principios de los 70 renace el cohousing en Holanda y Dinamarca. La necesidad de Senior-cohousing (es decir, de cohousing para mayores) surgió más tarde, en los años 80, como consecuencia de la demanda de los mayores de 50 años de vivir en comunidades más adaptadas para ellos, pues en las que vivían iban perdiendo peso en las decisiones y sentían que no se atendían sus necesidades, distintas de las personas más jóvenes con las que convivían.

Los senior cohousing en Holanda gozan de creciente apoyo de las administraciones locales, pues se confía en que ayuden a reducir el coste de los ayuntamientos en servicios socio-sanitarios.

La mayoría de los senior cohousing son iniciados por los usuarios (muy pocos se hacen por iniciativa de promotores o de la administración) y la Asociación LVGO es quien ha asesorado a la mayoría, desde su fundación en 1984.

 

Ejemplo internacional (X) en Dinamarca: Lyngvang

Hace unos días ilustrábamos la alternativa a la institucionalización de las personas mayores con una fotografía de una reunión de amigos alrededor de una barbacoa. Hoy viajamos a Dinamarca a conocer dónde viven esas personas:

A 13 km de Copenhague, conectada con ella por tren, se encuentra Kongens Lyngby, una ciudad de 10.000 habitantes donde muchos daneses tienen su segunda residencia. Allí hace pocos años se construyó el “Lyngvang Seniorbofællesskab” (diríamos en inglés “Lyngvang senior cohousing”): una comunidad con sentido, realizada como cooperativa en régimen de cesión de uso, modelo ya clásico danés para una vida independiente  en la ¿tercera? edad.

LyngvangSus promotores han decidido como primera norma para unirse a su grupo tener más de 50 años. ¿Una condición excluyente? Ya lo hemos comentado en otras ocasiones, si el número de viviendas no es muy grande esto no tiene por qué convertirse en “gueto” (la experiencia internacional aconseja una horquilla entre 15 y 30 viviendas). Con estos modelos no se pretende la “integración” de las personas mayores en la sociedad, sino una verdadera “inclusión”. Y la elección de compañeros de la misma edad (en todo caso “más de 50” da muchas edades posibles…) es respetable, puesto que el objetivo es crear entornos donde las personas se encuentren a gusto con quien ellas decidan. También se pretende garantizar la continuidad de la actividad que desean desarrollar allí como comunidad. Eso sí, la opción ha de ir acompañada con una buena elección del lugar, que permita la interrelación con un entorno social más amplio. Y este es el caso.

Visto desde el aire, el complejo de 20 viviendas tiene una estructura que explica muy bien el modelo arquitectónico de “senior cohousing”. Ya hemos visto que pueden construirse como bloques de viviendas, rehabilitando espacios, en manzanas cerradas, con jardín más o menos amplio… En este caso la arquitectura explica bien la relación de los apartamentos (mundo privado) con la casa común (espacio de encuentro y relación con otros). Los espacios de estancia privativos “miran” hacia las zonas comunes. Si es posible, esta situación es importante porque anima a la vida comunitaria, clave en el proceso de envejecimiento. En todo caso, la decisión de “participar u organizar eventos [comunitarios] vendrá de la propia decisión o aptitud personal”.

Suele ser también habitual disponer de un espacio exterior propio de uso privado. La distribución más frecuente sitúa la entrada a cada vivienda desde el jardín común, a través del comedor-cocina, para avanzar en privacidad hacia los dormitorios y situar el espacio exterior privado al fondo, con la máxima intimidad. En este caso encontramos variantes: el bloque de 12 viviendas sitúa el espacio exterior privado hacia el jardín interior, y tanto a él como a las restantes viviendas se accede desde el exterior.

La zona común es sencilla: un gran salón multiusos (47m2) , un espacio de almacenaje, dos habitaciones de invitados, una cocina común y servicios. Una vez al mes se reúnen para hacer una comida comunal. Y es frecuente que por las noches organicen conciertos, conferencias, etc.

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El diseño es totalmente adaptado a personas con discapacidad. La gestión del complejo la ha realizado la Fundación OK.

Ejemplo internacional (IX): Oakcreek. “Diseñamos nuestros propios sueños”

La Comunidad Oakcreek, en Stillwater, Oklahoma, es un nuevo ejemplo de lo que en EEUU llaman “senior cohousing”, análogo a lo que nosotros llamamos “jubilar“; se desarrolló en poco más de 3 años y abrió sus puertas a finales de 2012. En este ejemplo queremos centrarnos en el proceso participativo de diseño, principal clave del desarrollo de iniciativas de tipo “cohousing”. Puesto que las decisiones son de la comunidad, el resto de agentes intervinientes (consultores, arquitectos…) no solo han de ser capaces de delegar en parte del proceso sino además lograr plasmar las intenciones de las personas que han de vivir allí. Para ello existen métodos, talleres de trabajo en los que los futuros residentes logran descubrir y explicarse a sí mismo sus propios objetivos y donde consensuarlos para que así sean válidos para toda la comunidad. El proyecto lo realizaron “con” (no “por”) los arquitectos McCammant & Durret.

Oakcreek_Group_2014.24144153_stdLas razones para vivir a un sitio como éste nuevamente fueron la necesidad de “continuar viviendo con calidad de vida”, “saludables, activos, (…) contribuyendo en la comunidad inmediata de mi nuevo emplazamiento así como en la comunidad en sentido más amplio”. Un miembro de la comunidad destaca la “independencia” cuya clave para conseguirla es la “interdependencia”. La posibilidad de vivir con quien quieres y como quieres, el apoyo de la comunidad que no solo aleja la soledad sino que permite un mayor desarrollo a nivel personal… lo explican con un grito: “¡Al fin libres!”

Costó 5 millones de dólares construirla. La casa común, que aprovechó un edificio preexistente en la parcela, tiene 325m2 y en ella se encuentran un cuarto de lavandería, habitaciones para invitados, un taller, una sala multimedia, zonas de estar, comedor, cocina, gimnasio y una oficina. Cada miembro de la comunidad posee 1/24 de esta casa común además de su vivienda adosada, con porche hacia las zonas comunes y otro hacia el patio privado. Todo es accesible a personas con discapacidad.

El método (todo proceso participativo siempre tiene un método, no lo olvidemos) comenzó con el taller GIB (Getting it Built), en noviembre de 2009. Allí los arquitectos explicaban el proceso completo. En mayo de 2010 comenzó el trabajo del taller de Planeamiento del Lugar. Fijaron los objetivos en cuanto a las intenciones de vida en comunidad. Ahora se trataba de traducir esos objetivos a componentes o partes del proyecto: “es fascinante ver nuestras propias ideas-sueños-visiones haciéndose realidad”.

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Un grupo de doce personas participó en el taller. Se dividió en dos grupos de 6 y cada uno realizó un proyecto. Luego se reunieron para criticar el proyecto del otro grupo. Seguidamente se rediseñó todo. Comentan: “Por supuesto dedicamos tiempo para comer y hacer compañerismo porque construir comunidad es extremadamente importante para contruir un barrio tipo cohousing”. Salieron a comprobar las decisiones sobre el lugar en la propia parcela, desde diferentes puntos de vista… Al final del cuarto día había ya un plano de emplazamiento.

Un mes más tarde (junio de 2010) se realizó el taller de diseño de las zonas comunes. Se establecieron nuevamente las metas a lograr respecto de las actividades a realizar en la casa común y el programa funcional de este espacio se estableció de forma consensuada desde unas primeras tormentas de ideas y mucho debate. El programa obtenido guió el proceso de diseño final.

Y al siguiente mes (julio de 2010), realizaron el taller de proyecto de las viviendas privadas. En este caso eligieron construir viviendas relativamente grandes, 4 tipos de entre 67 y 110 m2 (el precio, entre 151.000$ y 266.000$).

En octubre de 2012 comenzaron a vivir allí. Viven de forma independiente. Comen juntos 3 o 4 veces a la semana y realizan actividades comunes a diario. Margaret y Sidney lo cuentan así: “estamos emocionados con la buena mezcla de privacidad e interacción social (…) Lo mejor, pensamos, es que ¡esto no es un sueño!”

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Bienestar psicológico en el envejecimiento

IjornadasCon los recursos sociosanitarios existentes en la actualidad en nuestro país… ¿Están siendo cubiertas las necesidades psicológicas que acontecen en el trascurso del envejecimiento?

Es la pregunta de inicio que se plantea para una interesante jornada, la del próximo 28 de febrero, que organizan conjuntamente el Colegio de Psicólogos de Madrid, la Asociación Española de Psicogerontología y el Área de Gobierno de Familia, Servicios Sociales y Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Madrid. En ella tendremos la oportunidad de presentar, como una de las “experiencias innovadoras” que han de favorecer el bienestar psicológico de las personas mayores, nuestro proyecto, el de la creación de comunidades de mayores (tipo senior cohousing) con previsión de Atención Integral y Centrada en la Persona: Jubilares

El programa se centra en la puesta en valor de la labor ejercida por los profesionales de la psicogerontología, dando a conocer su rol y delimitando su espacio en el sector, para que de este modo se logre una atención integral a mayores y cuidadores. Pero no sólo es necesario un abordaje integral, sino también personalizado donde se respete en todo momento la singularidad y voluntad de la persona que está siendo cuidada. Es por ello que los modelos de atención centrada en la persona están siendo en los últimos años estudiados y materializados con éxito en el campo de la gerontología.

La presente jornada pretende crear un punto de reflexión y crecimiento en torno a los modelos de atención centrada en la persona, y esclarecer el papel del psicólogo en los trabajos interdisciplinares donde se aplica.

La psicogerontología es, como especialidad de la psicología, una disciplina muy ligada en la historia a la psicología del desarrollo y, concretamente, al modelo del ciclo vital. Se ocupa del estudio del envejecimiento (proceso que ocurre en el transcurso de la vida), de la vejez (diferencias individuales atribuidas a la edad) y de las aplicaciones de estos conocimientos para promover el bienestar de las personas mayores y otros implicados. Y es que resulta indudable la importancia de las condiciones psicológicas subjetivas como predictoras de la longevidad y de la calidad de vida.

La jornada se estructura como un conjunto de mesas redondas:

0.- Presentación. Dolores Navarro Ruiz, Fernando Chacón Fuertes, Estefanía Martín Zarza

1.- Estado actual de la Psicogerontología. Mari Cruz Tena-Davila Mata. La psicogerontología como disciplina aplicada (Rocío Fernández-Ballesteros). El rol del psicogerontólogo en los equipos interdisciplinares (Vera Santos Martínez).

2.- La atención centrada en la persona (ACP). Fundamentación e introducción. Estefanía Martín Zarza. La ACP como nueva cultura de cuidados en los centros de atención a las personas con demencia (Josep Vila Miravent). Buenas prácticas en los centros gerontológicos residenciales y de Día (Pura Díaz Veiga)

3.- Aplicaciones de la ACP. Carlos Blanco Bravo. Cuidar sin atar. Cómo conseguir un cuidado digno libre de sujeciones (Manuel Nevado Rey). Afectividad y sexualidad en la vejez desde el modelo biográfico-profesional (Félix López Sánchez). Duelo en las personas mayores (Alba Payás Puigarnau)

4.- La Atención centrada en el cuidador. Ana Buñuel Heras. Fomentar el autocuidado para cuidar mejor (Andrés Losada Baltar).  Espiritualidad, culpa y perdón en cuidadores (Javier López Martínez)

5.- Experiencias innovadoras. Antonio Lorenzo García Moreno. Proyecto Jubilares (Miguel Ángel Mira Illana). Buenas prácticas en la atención integral y centrada en la persona. (Pilar Rodríguez Rodríguez).  Programa de Apoyo a los Mayores Vulnerables con Especial Referencia al Aislamiento y el Maltrato (Pilar Serrano Garijo)

6.- Coloquio y cierre.

Lugar: Centro Cultural Buenavista. Distrito de Salamanca.
Ayuntamiento de Madrid. Avenida de los Toreros, 5. Madrid

Aquí dejamos el díptico con el programa completo y sus horarios y el enlace para la inscripción. Os esperamos.

“Arrugas” y el cambio de paradigma

Actualización (dic.2017) : este domingo volvemos a conmovernos con “Arrugas“, la película escrita por Paco Roca y dirigida por Ignacio Ferreras. El programa Versión Española, de La2, entrevista tras su proyección a Teresa Martínez, psicóloga experta en Atención Centrada en la Persona y Cristina Maragall, patrona de la Fundación Pasqual Maragall. Más información sobre el largometraje aquí:

Teresa Martínez, Cayetana Guillén y Cristina Maragall comentan sobre Arrugas, de Paco Roca

Teresa Martínez, Cayetana Guillén y Cristina Maragall

Hace ya cuatro años que este mismo programa ofreció la película, y entonces compartimos estas reflexiones acerca del cambio de modelo en residencias, que cada vez es más extendido. Recordamos: 

Arrugas comida con los amigos de la residencia

Versión española – Arrugas
Película completa, disponible la visión online gratuita hasta el 12 de febrero de 2013

La película habla de soledad y de amistad, y de esa confusión entre el sueño y la realidad que conlleva el Alzheimer… Pero ¿qué es la realidad, cuando vemos a través de los ojos de su protagonista? A nuestro juicio el gran acierto de la película es la narración desde el punto de vista subjetivo de la persona. Nos sentimos con él (también con el resto de personajes): solos, confundidos, inseguros, a ratos alegres y en otras ocasiones pletóricos de vida.

Muchas de estas emociones vienen determinadas por la relación de la persona con el ambiente que la rodea. La gran puerta opaca que aísla, los fríos pasillos, los sillones individuales dispuestos en línea, el banco que mira hacia la valla… son los elementos que construyen en un entorno físico ajeno a la vida de los moradores.

Arrugas_final_Miguel_Emilio_en_banco

La residencia de “Arrugas” muestra espacios sin vida diseñados para el “cliente”. Según el coprotagonista Miguel: “tus hijos, el gobierno, ellos son sus clientes”.

A las personas que habitaban un lugar como el de la película se les había arrebatado el timón con el que dirigir su vida. Una supuesta  “ayuda” con la maleta, la rápida retirada de los cubiertos al terminar de comer, la toma de las pastillas sin derecho al conocimiento sobre tu propia salud, el incomprensible rato de gimnasia que solo genera más confusión… En la administración de esa residencia está “prohibida la entrada a viejos”, no se puede acceder a un teléfono, ni cambiar el canal de la tv, y el “corazón palpitante de la residencia” es un silencioso espacio de personas dormitando en sillones que no miran a ningún sitio.

Y en este ambiente, ¿yo qué hago aquí? Miguel lo expresa con crudeza: “aquí solo hay comer, dormir y cagar”. La institucionalización incapacita y la vida se pierde en ese gueto que segrega personas de otras personas. Ambas se pierden mutuamente.

Hoy el nuevo paradigma en los modelos residenciales pensados para personas mayores  se enfrentan radicalmente a este modelo. El jubilar (o senior cohousing) solo es una alternativa, pero hay muchas otras que han asumido los nuevos planteamientos. Hoy solo el ambiente hogar puede ser el modelo para la construcción de un entorno que a la persona que lo vive le pertenezca. Hoy solo sistemas de atención centrada en la persona son los modelos de asistencia que anteponen las múltiples capacidades de las personas asistidas sobre las escasas cosas que no pueden hacer. La dependencia (que siempre es parcial) se ha de redefinir valorando la independencia o autonomía en todos aquellos aspectos de nuestra (sí, nuestra) vida en los que aún es posible.

En el coloquio que prosiguió a la emisión de la película en La2 se comenta un suceso extraordinario, similar al que escuchamos hace poco referido a un caso en España: cuando Ignacio Ferreras visita en Japón un nuevo centro para enfermos de Alzheimer, un pequeño centro familiar donde se ha creado un ambiente donde la gente vive contenta… uno de sus usuarios comenta “En la otra residencia yo no hablaba, no hacía nada, solo sentado en una silla…” El paso de una residencia con modelo antiguo al nuevo paradigma le había devuelto la vida.

Ecos del cambio con Jubilares

A través de Ecocentro TV se ha emitido una entrevista a Miguel Ángel Mira, presidente de la asociación Jubilares, donde en tan solo 6 minutos podéis encontrar un breve resumen del modelo jubilar, el senior cohousing, qué labores realiza nuestra asociación, qué valores la inspiran:

Como comenta Miguel Ángel, la iniciativa de los propios usuarios y la autogestión de las comunidades es la que garantiza la autonomía, derecho subjetivo de ciudadanía desde la última Ley de dependencia, en cualquier momento de la vida. Y es que, a diferencia de las experiencias en otros países, un jubilar es un “senior cohousing” que puede comprenderse como equipamiento de bienestar social por el hecho de dar consideración al tema asistencial; un jubilar es vivienda para toda la vida. Como también se explica aquí, el protagonismo de las personas mayores se extiende a nuestra propia organización como asociación.

Tratamos de pequeñas iniciativas transformadoras de la realidad a escala más amplia. Son, en ese sentido, “ecos” de un cambio global. Las comunidades que proponemos son, como explica Miguel Ángel, “sitios inspiradores de valores como la colaboración, la autoayuda mutua, la solidaridad, los principios que tiene una cooperativa. (…) Son máquinas de transformar la sociedad”.

En este espacio audiovisual, “Ecos del cambio”, se presentan propuestas quea nivel cultural, político, económico y social pretenden dar respuestas a problemas de nuestro mundo actual: nuevas formas de consenso, de democracia o de comunicación, la economía solidaria, la banca ética, la vida sana, la tecnología limpia, nuevas formas de emprender, de producir, de relacionarse en sociedad, de hacer justicia, de tratar a la naturaleza y al prójimo, de crecer, de recuperar el contacto con lo más verdaderamente humano.

El cohousing no se vende

¿Se puede comprar una comunidad?Cuando en 2011 inventamos la palabra “jubilar” para referirnos a iniciativas de “senior cohousing” en España, pensamos que esta expresión inglesa no se emplearía en nuestro país. Hoy constatamos con alegría que el concepto se va extendiendo en los medios de comunicación (sí, incluso pronunciando el anglicismo) y que aquella forma de vida que tantas personas soñaron en algún momento a lo largo de la vida (¿y si vivimos juntos los amigos?) se va poco a poco concretando en nuestro imaginario colectivo como una realidad tangible.

Uno de nuestros objetivos como asociación es dar a conocer el modelo. No como publicidad que “vende” un producto, sino con el objetivo de mostrar una (ya existente desde hace años fuera de nuestro país) alternativa de vida sobre la que poder elegir y construir libremente. Las palabras cobran sentido (o lo pierden) con los ejemplos con que se ilustren. Y puesto que hemos llegado a ver publicidad de promociones de vivienda denominadas “cohousing” venimos a recordar qué principios sustentan realmente esta forma de vida en comunidad:

– La iniciativa parte de los vecinos que van a avivir allí. Se crea la comunidad antes que el edificio.
– El proceso de diseño (de la cooperativa, de las normas de uso, del proyecto arquitectónico…) es siempre participativo.
– La construcción es autopromovida y la comunidad es autogestionada, no hay tutelas externas (clave en el caso del cohousing para personas mayores).
– Se fomenta la vida comunitaria, para ello se construyen zonas comunes que son comprendidas como extensión de la casa.

Por todo ello no es posible “vender” promociones de “cohousing”, es un contrasentido. El cohousing no son sólo las viviendas en las que se sitúa, es, por encima de todo, el grupo de personas que han decidido vivir con unos lazos comunitarios significativos. ¿Cómo va alguien a comprar un grupo de personas en las que confía, y que a su vez le conocen, confían en él y quieren ser sus vecinos?. Referido a los modelos para personas mayores, los “apartamentos con servicios”, los “senior resorts”, las “residencias de mayores” o las “promociones de vivienda” (aunque tengan zonas comunes)… son distintos por tanto al “senior cohousing”. No son mejores ni peores. Muchas personas se sienten más seguras comprando un producto acabado en su aspecto físico; otras prefieren no tener dudas sobre la  comunidad de personas entre las que van a vivir. Lo importante es que tengamos la oportunidad de elegir el lugar donde vivir más adecuado a nuestras necesidades. Por cierto que es nuestro derecho.

Mis dos cocinas

Observando las distintas experiencias internacionales en senior cohousing, una de las conclusiones que se extraen es la relevancia de las zonas comunes, su contenido y diseño. Un invariante es la especial importancia que tienen la cocina y el comedor común según un modelo “hogar”. Al igual que nos ocurre en España, sentados a la mesa y alrededor de la comida, la socialización surge de manera mucho más natural.

La cocina común de un senior cohousing es siempre un punto clave en la vida comunitaria. Y la clave de su éxito probablemente sea que es la cocina de todos, pero también la cocina de cada uno. Cada comunidad encuentra su dinámica, sus pautas de actividades en las que se siente cómoda: hay comunidades que se reúnen para cenar juntos varias veces por semana, mientras otras lo hacen una o dos veces al mes… estas ocasiones, siempre de asistencia voluntaria, sirven como pequeña celebración interna y afianzan la percepción propia del colectivo.

Cuando incidimos en que las zonas comunes son la prolongación de la propia vivenda, en la cocina y el comedor son el mejor ejemplo; no sólo están ahí para cuando nos juntamos todos a comer, sino que son un recurso más para mis propias necesidades extraordinarias: allí  puedo celebrar un cumpleaños con toda mi familia, en lugar de apretarnos en mi apartamento, donde tengo el espacio que necesito a diario… y en el salón, además de reunirnos todos cuando hay que hablar algo,  puedo sentarme a leer si me apetece encontrarme acompañado, o ponerme a arreglar alguna cosa: con suerte alguien se puede animar a echarme una mano…

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Una cocina común así entendida, como un sitio abierto, aporta muchas ventajas y está siempre disponible para su uso por cualquiera de los residentes, o por un grupo de ellos que improvisa una comida común. Es mi otra cocina, mi cocina grande, que se suma a la que cada uno tiene en su propio apartamento, donde puede hacerse sus comidas cotidianas. Esta cocina, gestionada y usada por los propios residentes, puede utilizarse por alguien contratado para hacerle la comida a uno o varios vecinos, si así lo necesitan o prefieren, pero esto no tiene por qué interferir el uso propio que haga el resto de la comunidad. Todo es organizarse.

Reinventar la rueda

“Mira, Conchita, se nos ha ocurrido una idea: ¿por qué no nos jubilamos juntos los amigos? Queremos ser autónomos, podemos buscar un sitio bonito para vivir, nos ayudaremos cuando vengan los achaques y no seremos una carga para nuestros hijos. Podemos hacer más fácil que vengan nuestros nietos, y un montón de cosas. Si compartimos gastos necesariamente va a ser económico; mi casa es más grande, si la alquilo sacamos para pagar la nueva, más pequeña…”

En las cafeterías, en la consulta del médico, se escuchan a diario conversaciones como ésta. Todas las semanas conocemos a alguien que se asombra: “¡si esto lo llevamos hablando durante años!”. La idea del senior cohousing es efectivamente tan “obvia” que miles de personas en España, también en todo el mundo, sin conocerse entre sí y posiblemente sin haber oido nada de este concepto, llegan cada una de ella a la misma convicción: prefieren vivir juntos.

Reinventar la ruedaLa experiencia internacional en diferentes países en senior cohousing ha dejado un valioso rastro de lecciones, aciertos y errores a la hora de desarrollar estas comunidades. Es revelador como en países distintos se han alcanzado, tras el paso de los años, conclusiones comunes acerca de cómo gestionar con éxito estas iniciativas. No puede ser casual.

De ahí que no podamos evitar sentir inquietud cuando vemos grupos de gente que bien por falta de información, bien por el afán de conducir su propio proyecto hasta el más pequeño detalle, toman caminos inciertos, no experimentados antes en ninguna parte del mundo, arriesgando de forma innecesaria el éxito de su noble intención.

El mejor remedio contra esos riesgos consiste en informarse y compartir experiencias, y por suerte esa es una tarea para la que hoy en día no faltan medios. Tan sólo se requiere una actitud abierta y dialogante, que no excluye la convicción en las propias ideas.

A modo de pequeño índice estas son algunas de las conclusiones comunes de la experiencia acumulada en senior cohousing:

– La autopromoción y autogestión de la iniciativa, desde los primeros pasos hasta la vida cotidiana una vez en funcionamiento. El principio de Autonomía personal es el motor de arranque y ha de preservarse todo el camino.

– El seguimiento de métodos participativos, algunos ya perfectamente estructurados, que siempre anteponen la conjunción del grupo, la creación de la comunidad de personas. “Primero contruimos la comunidad y después el edificio”.

– Un tamaño contenido, que tenga una vida interna suficientemente rica pero evite el riesgo de aislamiento respecto de la sociedad que rodea cada comunidad. Entre 15 y 30 viviendas es un número orientativo cuando se trata de comunidades de mayores. En ocasiones se juntan dos o tres comunidades, o si están en zonas de la ciudad muy bien abastecidas de servicios pueden ser menores…

– Un modelo “ambiente”, u “hogar” (housing), tanto en lo arquitectónico como en la gestión. Zonas comunes como extensión de la vivienda. Ambientes cálidos y acogedores y servicios de asistencia sólo cuando son necesarios, como hace cualquiera en su casa. Rechazo a opciones organizativas -y arquitectónicas- institucionalizantes.

Inventar la rueda exige un enorme esfuerzo no exento de mérito, pero resulta poco útil si resulta ser frustrante en muchos casos: en el pasado muchas de estas iniciativas no salían adelante, hasta que se aprendió de los errores. Seguir incurriendo en ellos es socialmente poco productivo. Construimos mejor sobre lo que otros descubrieron. Así avanza la sociedad.

Ejemplos Internacionales (VIII): Harbourside en Sooke, Canadá

El ejemplo que presentamos hoy puede ser inspirador a los múltiples grupos o personas que piensan en el cohousing como la oportunidad para la etapa de jubilación (tiempo de júbilo): Harbourside, a diferencia de los otros ejemplos internacionales que vamos mostrando en nuestro blog, es una comunidad que aún no se ha construido en su totalidad.

El método que eligieron los ocho “activos y enérgicos” amigos que constituyen el grupo embrionario se basó en el que más a menudo toman los senior cohousing de todo el mundo, el de Charles Durret, que ha reinterpretado el método Nielsen danés.

Prevén, como se dice en el vídeo, la construcción de treinta apartamentos de uso privativo y unas zonas comunes. La forma de tenencia, como es lógico, varía en cada país, pero el objetivo es siempre el mismo: garantía de privacidad y favorecimiento de la comunidad, así como solidaridad en las decisiones de grupo y búsqueda de continuidad en el uso a lo largo del tiempo. Los métodos participativos comienzan desde el momento en que se lanza la idea y continúan durante la vida en el cohousing.

El proyecto arquitectónico pone el énfasis en el disfrute del entorno natural, de forma que la organización de las viviendas, al contrario que como es habitual, no miran hacia la construcción de uso común sino hacia el paisaje, entendido también como espacio para la comunidad. El terreno era propiedad de uno de ellos. A pesar de ello barajaron otros emplazamientos hasta que finalmente se decantaron por éste. Esto es importante puesto que conocemos casos en que partir de un lugar concreto antes de constituir el grupo fue un pie forzado que dio al traste con la iniciativa. Recordamos el principio fundamental: “primero construimos la comunidad, luego el edificio”.

Para más información sobre su proyecto se puede ver su página web: http://www.harbourside.ca (en inglés)

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Desde hace tiempo imparten, en colaboración con la Royal Roads University, un curso “Envejecer bien en comunidad”, donde resaltan las “oportunidades, retos y dificultadas de envejecer en casa”, también las ventajas que la comunidad ofrece en comparación con otras alternativas.

En estos momentos se encuentran en una fase interesante: la de ampliar el grupo. Se trata de un momento en que los líderes de la iniciativa han de ser suficientemente generosos y abiertos como para transformar la idea inicial en pro de la comunidad. En su web, los 21 miembros del grupo en la actualidad se presentan ellos mismos y sus aspiraciones. Como solemos decir, no están vendiendo un edificio, están ofertando una “vecindad”.

Pero no lo han hecho solos: en Canadá cuentan con (y forman parte de) la “Canadian Senior Cohousing Society”, que aconseja, difunde el modelo y reúne las experiencias de las distintas iniciativas de cohousing del país (en poco tiempo una treintena) . Queremos destacar la labor de nuestra homóloga canadiense porque la asociación Jubilares, cuyos socios serán principalmente las cooperativas de senior cohousing en España centra su actividad principal en el asesoramiento y difusión de esta forma de vida. Si estáis interesados en ello animamos a contactar con nosotros. No estáis solos.