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“Arrugas” y el cambio de paradigma

Actualización (dic.2017) : este domingo volvemos a conmovernos con “Arrugas“, la película escrita por Paco Roca y dirigida por Ignacio Ferreras. El programa Versión Española, de La2, entrevista tras su proyección a Teresa Martínez, psicóloga experta en Atención Centrada en la Persona y Cristina Maragall, patrona de la Fundación Pasqual Maragall. Más información sobre el largometraje aquí:

Teresa Martínez, Cayetana Guillén y Cristina Maragall comentan sobre Arrugas, de Paco Roca

Teresa Martínez, Cayetana Guillén y Cristina Maragall

Hace ya cuatro años que este mismo programa ofreció la película, y entonces compartimos estas reflexiones acerca del cambio de modelo en residencias, que cada vez es más extendido. Recordamos: 

Arrugas comida con los amigos de la residencia

Versión española – Arrugas
Película completa, disponible la visión online gratuita hasta el 12 de febrero de 2013

La película habla de soledad y de amistad, y de esa confusión entre el sueño y la realidad que conlleva el Alzheimer… Pero ¿qué es la realidad, cuando vemos a través de los ojos de su protagonista? A nuestro juicio el gran acierto de la película es la narración desde el punto de vista subjetivo de la persona. Nos sentimos con él (también con el resto de personajes): solos, confundidos, inseguros, a ratos alegres y en otras ocasiones pletóricos de vida.

Muchas de estas emociones vienen determinadas por la relación de la persona con el ambiente que la rodea. La gran puerta opaca que aísla, los fríos pasillos, los sillones individuales dispuestos en línea, el banco que mira hacia la valla… son los elementos que construyen en un entorno físico ajeno a la vida de los moradores.

Arrugas_final_Miguel_Emilio_en_banco

La residencia de “Arrugas” muestra espacios sin vida diseñados para el “cliente”. Según el coprotagonista Miguel: “tus hijos, el gobierno, ellos son sus clientes”.

A las personas que habitaban un lugar como el de la película se les había arrebatado el timón con el que dirigir su vida. Una supuesta  “ayuda” con la maleta, la rápida retirada de los cubiertos al terminar de comer, la toma de las pastillas sin derecho al conocimiento sobre tu propia salud, el incomprensible rato de gimnasia que solo genera más confusión… En la administración de esa residencia está “prohibida la entrada a viejos”, no se puede acceder a un teléfono, ni cambiar el canal de la tv, y el “corazón palpitante de la residencia” es un silencioso espacio de personas dormitando en sillones que no miran a ningún sitio.

Y en este ambiente, ¿yo qué hago aquí? Miguel lo expresa con crudeza: “aquí solo hay comer, dormir y cagar”. La institucionalización incapacita y la vida se pierde en ese gueto que segrega personas de otras personas. Ambas se pierden mutuamente.

Hoy el nuevo paradigma en los modelos residenciales pensados para personas mayores  se enfrentan radicalmente a este modelo. El jubilar (o senior cohousing) solo es una alternativa, pero hay muchas otras que han asumido los nuevos planteamientos. Hoy solo el ambiente hogar puede ser el modelo para la construcción de un entorno que a la persona que lo vive le pertenezca. Hoy solo sistemas de atención centrada en la persona son los modelos de asistencia que anteponen las múltiples capacidades de las personas asistidas sobre las escasas cosas que no pueden hacer. La dependencia (que siempre es parcial) se ha de redefinir valorando la independencia o autonomía en todos aquellos aspectos de nuestra (sí, nuestra) vida en los que aún es posible.

En el coloquio que prosiguió a la emisión de la película en La2 se comenta un suceso extraordinario, similar al que escuchamos hace poco referido a un caso en España: cuando Ignacio Ferreras visita en Japón un nuevo centro para enfermos de Alzheimer, un pequeño centro familiar donde se ha creado un ambiente donde la gente vive contenta… uno de sus usuarios comenta “En la otra residencia yo no hablaba, no hacía nada, solo sentado en una silla…” El paso de una residencia con modelo antiguo al nuevo paradigma le había devuelto la vida.

Ecos del cambio con Jubilares

A través de Ecocentro TV se ha emitido una entrevista a Miguel Ángel Mira, presidente de la asociación Jubilares, donde en tan solo 6 minutos podéis encontrar un breve resumen del modelo jubilar, el senior cohousing, qué labores realiza nuestra asociación, qué valores la inspiran:

Como comenta Miguel Ángel, la iniciativa de los propios usuarios y la autogestión de las comunidades es la que garantiza la autonomía, derecho subjetivo de ciudadanía desde la última Ley de dependencia, en cualquier momento de la vida. Y es que, a diferencia de las experiencias en otros países, un jubilar es un “senior cohousing” que puede comprenderse como equipamiento de bienestar social por el hecho de dar consideración al tema asistencial; un jubilar es vivienda para toda la vida. Como también se explica aquí, el protagonismo de las personas mayores se extiende a nuestra propia organización como asociación.

Tratamos de pequeñas iniciativas transformadoras de la realidad a escala más amplia. Son, en ese sentido, “ecos” de un cambio global. Las comunidades que proponemos son, como explica Miguel Ángel, “sitios inspiradores de valores como la colaboración, la autoayuda mutua, la solidaridad, los principios que tiene una cooperativa. (…) Son máquinas de transformar la sociedad”.

En este espacio audiovisual, “Ecos del cambio”, se presentan propuestas quea nivel cultural, político, económico y social pretenden dar respuestas a problemas de nuestro mundo actual: nuevas formas de consenso, de democracia o de comunicación, la economía solidaria, la banca ética, la vida sana, la tecnología limpia, nuevas formas de emprender, de producir, de relacionarse en sociedad, de hacer justicia, de tratar a la naturaleza y al prójimo, de crecer, de recuperar el contacto con lo más verdaderamente humano.

El cohousing no se vende

¿Se puede comprar una comunidad?Cuando en 2011 inventamos la palabra “jubilar” para referirnos a iniciativas de “senior cohousing” en España, pensamos que esta expresión inglesa no se emplearía en nuestro país. Hoy constatamos con alegría que el concepto se va extendiendo en los medios de comunicación (sí, incluso pronunciando el anglicismo) y que aquella forma de vida que tantas personas soñaron en algún momento a lo largo de la vida (¿y si vivimos juntos los amigos?) se va poco a poco concretando en nuestro imaginario colectivo como una realidad tangible.

Uno de nuestros objetivos como asociación es dar a conocer el modelo. No como publicidad que “vende” un producto, sino con el objetivo de mostrar una (ya existente desde hace años fuera de nuestro país) alternativa de vida sobre la que poder elegir y construir libremente. Las palabras cobran sentido (o lo pierden) con los ejemplos con que se ilustren. Y puesto que hemos llegado a ver publicidad de promociones de vivienda denominadas “cohousing” venimos a recordar qué principios sustentan realmente esta forma de vida en comunidad:

– La iniciativa parte de los vecinos que van a avivir allí. Se crea la comunidad antes que el edificio.
– El proceso de diseño (de la cooperativa, de las normas de uso, del proyecto arquitectónico…) es siempre participativo.
– La construcción es autopromovida y la comunidad es autogestionada, no hay tutelas externas (clave en el caso del cohousing para personas mayores).
– Se fomenta la vida comunitaria, para ello se construyen zonas comunes que son comprendidas como extensión de la casa.

Por todo ello no es posible “vender” promociones de “cohousing”, es un contrasentido. El cohousing no son sólo las viviendas en las que se sitúa, es, por encima de todo, el grupo de personas que han decidido vivir con unos lazos comunitarios significativos. ¿Cómo va alguien a comprar un grupo de personas en las que confía, y que a su vez le conocen, confían en él y quieren ser sus vecinos?. Referido a los modelos para personas mayores, los “apartamentos con servicios”, los “senior resorts”, las “residencias de mayores” o las “promociones de vivienda” (aunque tengan zonas comunes)… son distintos por tanto al “senior cohousing”. No son mejores ni peores. Muchas personas se sienten más seguras comprando un producto acabado en su aspecto físico; otras prefieren no tener dudas sobre la  comunidad de personas entre las que van a vivir. Lo importante es que tengamos la oportunidad de elegir el lugar donde vivir más adecuado a nuestras necesidades. Por cierto que es nuestro derecho.

Ambiente “hogar”: zonas de paso

Vestíbulo de paso

Las zonas de paso son “de todos”, pero en todo caso forman parte de una “casa”

Hemos hablado en otras ocasiones del modelo “hogar” referido a partes importantes de la casa / jubilar /residencia… para personas mayores. Y es que todos queremos sentirnos siempre en casa.

Se comprende fácilmente que nadie quiera habitar dormitorios que parezcan habitaciones de hospital, así que hace ya tiempo que las residencias añadieron colores, las melaminas se sustituyeron por chapados de madera y se redondearon las formas. Añadiendo algún que otro detalle decorativo, un cuadro, una silla tapizada… se logró un ambiente más amable, pero aún frío, quizá un poco… “hotelero”, como sugieriendo estar de paso por allí.

En los últimos tiempos hemos comprendido que para lograr un verdadero ambiente “hogar” necesitamos tres ingredientes esenciales:

1.- Elementos domésticos, realmente pertenecientes al ambiente de una casa. Preguntémonos: ¿esa lámpara / silla / cortina la pondría yo en mi casa?

2.- Versatilidad que permita la máxima personalización. Una pared blanca libre de objetos, lejos de resultar fría tiene la posibilidad de llenarse de los objetos que siempre poblaron nuestras anteriores viviendas.

3.- Llevar el ambiente hogar a todas las partes del edificio. Si quiero vivir “en casa” (vivienda/residencia/jubilar…) para toda la vida, hasta el pasillo que comunica mi dormitorio y mi comedor he de sentirlo como mi casa. La continuidad es imprescindible, ya que si se quiebra, aparecerá una sensación de que “salgo de mi casa” antes de llegar a la dependencia común a la que voy, que por tanto ya no estará “en mi casa”. Por eso los espacios de circulación, ya sean interiores o exteriores, deben mantener una calidez y ambiente hogareño, para que todo el conjunto nos acoja por igual.

En las zonas comunes evidentemente hay que llegar a un compromiso. El reto es lograr que sea la casa de todos, y no de nadie. Porque pasamos buena parte de nuestra vida escogiendo los objetos entre los que queremos vivir, creando espacios de confort, rincones donde refugiarnos o amplios espacios para recibir amistades… Nuestros recuerdos del hogar se asocian al tacto de una tela, el sonido de una puerta, la vista de un marco de fotos, el olor de la casa al entrar, incluso el gusto de la comida preferida. No se trata de mantenerlo todo, la vida siempre fue cambiante… pero cada vez que nos mudamos, llevamos con nosotros de alguna forma nuestro hogar, en forma de objetos. ¿Hay razón para renunciar a ello?

Mis dos cocinas

Observando las distintas experiencias internacionales en senior cohousing, una de las conclusiones que se extraen es la relevancia de las zonas comunes, su contenido y diseño. Un invariante es la especial importancia que tienen la cocina y el comedor común según un modelo “hogar”. Al igual que nos ocurre en España, sentados a la mesa y alrededor de la comida, la socialización surge de manera mucho más natural.

La cocina común de un senior cohousing es siempre un punto clave en la vida comunitaria. Y la clave de su éxito probablemente sea que es la cocina de todos, pero también la cocina de cada uno. Cada comunidad encuentra su dinámica, sus pautas de actividades en las que se siente cómoda: hay comunidades que se reúnen para cenar juntos varias veces por semana, mientras otras lo hacen una o dos veces al mes… estas ocasiones, siempre de asistencia voluntaria, sirven como pequeña celebración interna y afianzan la percepción propia del colectivo.

Cuando incidimos en que las zonas comunes son la prolongación de la propia vivenda, en la cocina y el comedor son el mejor ejemplo; no sólo están ahí para cuando nos juntamos todos a comer, sino que son un recurso más para mis propias necesidades extraordinarias: allí  puedo celebrar un cumpleaños con toda mi familia, en lugar de apretarnos en mi apartamento, donde tengo el espacio que necesito a diario… y en el salón, además de reunirnos todos cuando hay que hablar algo,  puedo sentarme a leer si me apetece encontrarme acompañado, o ponerme a arreglar alguna cosa: con suerte alguien se puede animar a echarme una mano…

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Una cocina común así entendida, como un sitio abierto, aporta muchas ventajas y está siempre disponible para su uso por cualquiera de los residentes, o por un grupo de ellos que improvisa una comida común. Es mi otra cocina, mi cocina grande, que se suma a la que cada uno tiene en su propio apartamento, donde puede hacerse sus comidas cotidianas. Esta cocina, gestionada y usada por los propios residentes, puede utilizarse por alguien contratado para hacerle la comida a uno o varios vecinos, si así lo necesitan o prefieren, pero esto no tiene por qué interferir el uso propio que haga el resto de la comunidad. Todo es organizarse.

Reinventar la rueda

“Mira, Conchita, se nos ha ocurrido una idea: ¿por qué no nos jubilamos juntos los amigos? Queremos ser autónomos, podemos buscar un sitio bonito para vivir, nos ayudaremos cuando vengan los achaques y no seremos una carga para nuestros hijos. Podemos hacer más fácil que vengan nuestros nietos, y un montón de cosas. Si compartimos gastos necesariamente va a ser económico; mi casa es más grande, si la alquilo sacamos para pagar la nueva, más pequeña…”

En las cafeterías, en la consulta del médico, se escuchan a diario conversaciones como ésta. Todas las semanas conocemos a alguien que se asombra: “¡si esto lo llevamos hablando durante años!”. La idea del senior cohousing es efectivamente tan “obvia” que miles de personas en España, también en todo el mundo, sin conocerse entre sí y posiblemente sin haber oido nada de este concepto, llegan cada una de ella a la misma convicción: prefieren vivir juntos.

Reinventar la ruedaLa experiencia internacional en diferentes países en senior cohousing ha dejado un valioso rastro de lecciones, aciertos y errores a la hora de desarrollar estas comunidades. Es revelador como en países distintos se han alcanzado, tras el paso de los años, conclusiones comunes acerca de cómo gestionar con éxito estas iniciativas. No puede ser casual.

De ahí que no podamos evitar sentir inquietud cuando vemos grupos de gente que bien por falta de información, bien por el afán de conducir su propio proyecto hasta el más pequeño detalle, toman caminos inciertos, no experimentados antes en ninguna parte del mundo, arriesgando de forma innecesaria el éxito de su noble intención.

El mejor remedio contra esos riesgos consiste en informarse y compartir experiencias, y por suerte esa es una tarea para la que hoy en día no faltan medios. Tan sólo se requiere una actitud abierta y dialogante, que no excluye la convicción en las propias ideas.

A modo de pequeño índice estas son algunas de las conclusiones comunes de la experiencia acumulada en senior cohousing:

– La autopromoción y autogestión de la iniciativa, desde los primeros pasos hasta la vida cotidiana una vez en funcionamiento. El principio de Autonomía personal es el motor de arranque y ha de preservarse todo el camino.

– El seguimiento de métodos participativos, algunos ya perfectamente estructurados, que siempre anteponen la conjunción del grupo, la creación de la comunidad de personas. “Primero contruimos la comunidad y después el edificio”.

– Un tamaño contenido, que tenga una vida interna suficientemente rica pero evite el riesgo de aislamiento respecto de la sociedad que rodea cada comunidad. Entre 15 y 30 viviendas es un número orientativo cuando se trata de comunidades de mayores. En ocasiones se juntan dos o tres comunidades, o si están en zonas de la ciudad muy bien abastecidas de servicios pueden ser menores…

– Un modelo “ambiente”, u “hogar” (housing), tanto en lo arquitectónico como en la gestión. Zonas comunes como extensión de la vivienda. Ambientes cálidos y acogedores y servicios de asistencia sólo cuando son necesarios, como hace cualquiera en su casa. Rechazo a opciones organizativas -y arquitectónicas- institucionalizantes.

Inventar la rueda exige un enorme esfuerzo no exento de mérito, pero resulta poco útil si resulta ser frustrante en muchos casos: en el pasado muchas de estas iniciativas no salían adelante, hasta que se aprendió de los errores. Seguir incurriendo en ellos es socialmente poco productivo. Construimos mejor sobre lo que otros descubrieron. Así avanza la sociedad.

Ejemplos Internacionales (VIII): Harbourside en Sooke, Canadá

El ejemplo que presentamos hoy puede ser inspirador a los múltiples grupos o personas que piensan en el cohousing como la oportunidad para la etapa de jubilación (tiempo de júbilo): Harbourside, a diferencia de los otros ejemplos internacionales que vamos mostrando en nuestro blog, es una comunidad que aún no se ha construido en su totalidad.

El método que eligieron los ocho “activos y enérgicos” amigos que constituyen el grupo embrionario se basó en el que más a menudo toman los senior cohousing de todo el mundo, el de Charles Durret, que ha reinterpretado el método Nielsen danés.

Prevén, como se dice en el vídeo, la construcción de treinta apartamentos de uso privativo y unas zonas comunes. La forma de tenencia, como es lógico, varía en cada país, pero el objetivo es siempre el mismo: garantía de privacidad y favorecimiento de la comunidad, así como solidaridad en las decisiones de grupo y búsqueda de continuidad en el uso a lo largo del tiempo. Los métodos participativos comienzan desde el momento en que se lanza la idea y continúan durante la vida en el cohousing.

El proyecto arquitectónico pone el énfasis en el disfrute del entorno natural, de forma que la organización de las viviendas, al contrario que como es habitual, no miran hacia la construcción de uso común sino hacia el paisaje, entendido también como espacio para la comunidad. El terreno era propiedad de uno de ellos. A pesar de ello barajaron otros emplazamientos hasta que finalmente se decantaron por éste. Esto es importante puesto que conocemos casos en que partir de un lugar concreto antes de constituir el grupo fue un pie forzado que dio al traste con la iniciativa. Recordamos el principio fundamental: “primero construimos la comunidad, luego el edificio”.

Para más información sobre su proyecto se puede ver su página web: http://www.harbourside.ca (en inglés)

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Desde hace tiempo imparten, en colaboración con la Royal Roads University, un curso “Envejecer bien en comunidad”, donde resaltan las “oportunidades, retos y dificultadas de envejecer en casa”, también las ventajas que la comunidad ofrece en comparación con otras alternativas.

En estos momentos se encuentran en una fase interesante: la de ampliar el grupo. Se trata de un momento en que los líderes de la iniciativa han de ser suficientemente generosos y abiertos como para transformar la idea inicial en pro de la comunidad. En su web, los 21 miembros del grupo en la actualidad se presentan ellos mismos y sus aspiraciones. Como solemos decir, no están vendiendo un edificio, están ofertando una “vecindad”.

Pero no lo han hecho solos: en Canadá cuentan con (y forman parte de) la “Canadian Senior Cohousing Society”, que aconseja, difunde el modelo y reúne las experiencias de las distintas iniciativas de cohousing del país (en poco tiempo una treintena) . Queremos destacar la labor de nuestra homóloga canadiense porque la asociación Jubilares, cuyos socios serán principalmente las cooperativas de senior cohousing en España centra su actividad principal en el asesoramiento y difusión de esta forma de vida. Si estáis interesados en ello animamos a contactar con nosotros. No estáis solos.

Senior cohousing: la “inteligencia colectiva”

Trabensol 19oct2013

Cada vez somos más…

Sábado, 19 de octubre en Torremocha del Jarama. Allí, nuevamente la cooperativa Trabensol abrió generosamente sus puertas y dedicó todo un día a lo que mejor saben hacer: compartir. El “encuentro informativo” que habían organizado no se limitó a una exposición del complejo, su historia, sus sonrisas… (que también lo fue), sino que además quería ser intercambio de experiencias. Allí pudimos convivir con ellos durante unas horas y conocer a muchas otras personas y organizaciones comprometidos con esos “proyectos elegidos por uno mismo”, lugares donde vivir de forma autónoma y rodeados por otros: “senior cohousing”, como los llaman en otras partes del mundo. “Vivienda colaborativa, o cooperativa”. A nosotros nos gusta denominarlos “jubilares” (= hogar del júbilo)…

Los socios de Trabensol narraron su camino, desde su gestación hace 13 años hasta la entrega de llaves, hace unos meses. Partían de un análisis de la realidad que les mostró que “queríamos quedarnos en casa, pero nuestra casa no nos valía”; y al tiempo, “no queríamos que nuestras hijAs tuvieran que cuidarnos”. Los principios éticos que sustentaron desde siempre su proyecto fueron la colaboración y la solidaridad, pero son fundamento de la iniciativa también la autogestión y la autonomía (“es tu casa”, no hay tutelas…), la compañía (frente a la soledad) y la amistad, el envejecimiento activo, la cooperación y el respeto mutuo. El compromiso para el futuro es lograr que exista una continuidad, por ello la figura más adecuada es la cooperativa de cesión de uso. El sábado explicaron las dificultades que encontraron a lo largo del camino y afirmaron la necesidad de asesoramientos especializados, eso sí, para que el experto “haga lo que tú quieres, no lo que él quiera”.

A los amigos de Trabensol se sumaron Aurora Moreno de Santa Clara (Málaga), cooperativa “Los Milagros“, en funcionamiento desde hace diez años. Ambas experiencias fueron presentadas con la alegría del que tiene algo precioso que compartir. Las dificultades se salvan siempre con la fuerza del grupo, alentada por la convivencia previa, la unión ante los pequeños o grandes obstáculos que fueron encontrando. Antonio resumía la clave de su éxito, la inteligencia colectiva de esta forma: “la cohesión se basa en la confianza y la confianza se consigue con total transparencia y firmeza ética en el procedimiento colegiado”.

El encuentro del sábado aglutinó a profesionales, investigadores, organizaciones y grupos interesados. Fue recurrente la llamada a la unión de todos para hacer fuerza ante las adminstraciones (hay que reconocer el cohousing como equipamiento de “bienestar social” al tiempo que se trata de “vivienda”). Entre todos trataremos de buscar el apoyo por parte de la Administración. Como bien recordaba Aurora, “no venimos a pedir, venimos a dar”.

Es ilusionante ver cuántos ya se están lanzando a esta aventura. Allí había representantes de cientos de personas implicadas ya hoy directamente en la creación de comunidades como la de Trabensol. Fue bonito volver a coincidir con algunos y también conocer a otras personas de todas partes de España. Algunas ya han creado cooperativa (Housekide, en San Sebastián; Entrepatios, de Madrid; “Betania”, de Madrid para vivir en Ávila; “Brisa del Cantábrico” en Cantabria; Egunsentia de Bilbao, otro grupo en Barcelona…). Algunos se encuentran en sus inicios, intentando “convencer a los amigos”, o “de momento con tan solo un gran chute de ilusión”… Varios de éstos venían de Madrid y Barcelona, pero también de Alicante, Murcia, Guadalajara, Canarias… Algunos pretenden quedarse en su lugar de origen, otros vivir en lugares que les resultan más apetecibles.

“Queremos que el proyecto”, decía Juana, “trascienda nuestras vidas”. Muchos creemos que detrás de la iniciativa personal (o “grupal”) que solucione una etapa de la vida, existe, como ella misma decía, “un compromiso social”. Trabensol así lo entiende, por ello se sale de sus paredes al pueblo, y de Torremocha a toda España. En el reciente reportaje del programa Crónicas, en La2 de TVE abren sus puertas  a todos. Comparten reportaje con otro de los modelos de cohousing de reciente creación en nuestro país, Profuturo. Ahí está el enlace donde podéis conocer a estas maravillosas personas:

Pequeñas iniciativas para generar grandes cambios

Cohousing volcado al barrio

En el artículo de Álvaro Porro publicado en Alterconsumismo el pasado 14 de octubre se plantea una interesante cuestión: ¿Alimentan las pequeñas iniciativas los grandes procesos de transformación social, o ese papel transformador a gran escala es irrelevante o incluso contraproducente para el objetivo “micro” que persiguen? Porque “quizás uno de los retos del creciente universo de iniciativas colaborativas, cooperativas o comunitarias es ser relevantes más allá de sus microcontextos en la construcción de un tejido social que lidere el cambio”.

La pregunta nos interesa porque creemos en la mejora del entorno físico y social de las personas mayores principalmente mediante la creación de iniciativas de pequeña escala, colectivos de moderado número de participantes que, entendiendo que pueden mejorar su entorno logran una oportunidad para su propia vida, y para la de su pequeña comunidad que forman. ¿Se puede ir más lejos? Nosotros pretendemos que sí: nuestra “visión” es llegar a una sociedad inclusiva con las personas mayores, unos barrios, ciudades más solidarios y humanos, donde las personas de cualquier edad y condición encuentren el apoyo mutuo que los hace ser más autónomos y vivir con mayor bienestar. ¿Un pequeño grupo de personas que se construye su hogar puede lograr tamaño objetivo?

La propia consciencia sobre el poder transformador de la iniciativa (por ejemplo, la construcción de un jubilar) llevará a cambios más profundos. Porro afirma que la clave es “tener en cuenta cómo moverse entre escalas“, mirar con “perspectiva para entender las diferencias y las conexiones entre ellas”.

El paso en la transformación social de la pequeña comunidad (por ejemplo, un cohousing de personas mayores) al barrio, el pueblo o la ciudad pasa por el diseño de esos mecanismos que posibiliten el intercambio entre las personas dentro y fuera del jubilar. Pero también la relación entre comunidades lejanas geográficamente (por ejemplo, otros jubilares situados más allá, u otras personas y organizaciones comprometidas con la mejora del medio). Por eso creemos importante la “red de jubilares“. Por eso los socios de nuestra asociación serán las propias cooperativas jubilares.

El artículo muestra otro punto más que nos parece importante destacar: los métodos de diseño, creación y participación en este tipo de iniciativas tienen una enorme fuerza transformadora. “Como observan muchas teorías del aprendizaje muchas veces son las prácticas las que cambian los valores y no al revés”. Y concluye: “Y es que la transición hacia estilos de vida más sostenibles y la extensión de la economía social y solidaria  (y nosotros añadiríamos, la necesidad de una creciente autonomía personal) irremediablemente comportan un cambio cultural pero también cambios en el modelo económico y en las estructuras políticas, legales y sociales, es decir una regeneración democrática.”


En mi casa hasta cualquier nivel de dependencia

Etxean Ondo es un Proyecto Piloto promovido por Gobierno Vasco que pretende aplicar el Modelo de Atención Centrado en la Persona, orientado a “conseguir mejoras en todos los ámbitos de la calidad de vida y el bienestar de la persona, partiendo del respeto pleno a su dignidad y derechos, de sus intereses y preferencias, y contando con su participación”. En el vídeo que presentamos, “Estar como en casa“, de la Fundación Matía, podemos ver cómo se revoluciona una residencia de mayores cuando las cuidadoras dejan de usar bata blanca y se dirigen a los mayores para preguntar “¿Y qué os apetece que hagamos?” o “¿Me echas una mano para poner la mesa?”.

Los centros residenciales de mayores que han implantado este sistema en España son aún escasos. Pero los resultados de las unidades de convivencia donde “trabajar lo cotidiano como terapéutico” son espectaculares. Si la persona mayor puede hacer la cama, sigue haciendo la cama. Y la comida en la medida que pueda, la plancha… ¿Por qué no elegir el menú, con el consejo (no la imposición) de las cuidadoras… Y es que sabemos que una excesiva asistencia crea más dependencia.

Las dificultades que proyectos como Etxean Ondo han de salvar son enormes. Porque las normas que regulan las residencias de mayores imposibilitan la adaptación a las preferencias del mayor hasta el punto en que lo hace esta experiencia. Porque la resistencia inicial de los propios profesionales es alta… De los resultados que se obtengan en proyectos como este habrán de venir inevitables cambios normativos en la regulación de las residencias de personas mayores.

Para un jubilar, o senior cohusing, donde a diferencia de las residencias, la persona mayor sí vive en su propia casa sin la obligatoria tutela de un director de residencia o comisión gestora, el modelo de atención integral y centrado en la persona es el único válido, porque implanta solo los servicios de atención que se necesitan (no los ratios que marca una ley), porque la responsabilidad y la toma de decisiones sigue siendo de la persona, porque valora las capacidades sobre las discapacidades, porque garantiza la máxima autonomía de la persona, porque si en la residencia de mayores este sistema sirve para “estar como en mi casa”, en el jubilar sirve para estar en casa hasta cualquier nivel de dependencia.