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A qué llamamos “participación”

arbol-participación“Voy a hacer la clase más participativa, dice el profesor. Fulanito, sal a la pizarra y cuéntame qué acabo de explicar…”

La alcaldesa: “Implementaremos un programa de participación ciudadana a partir del cual los vecinos podrán, en el plazo de 10 días, alegar mediante impreso de solicitud normalizada acerca de…”

“Nuestros mayores participan según sus preferencias. Pueden apuntarse bien al taller textil o al de pintura. También les preguntamos qué canal quieren ver durante el rato de ver la televisión…”

La palabra “participación” etimológicamente significa “tomar parte” en algo. Así que podemos concluir que los ejemplos citados son efectivamente participativos aunque sea cosa de un tercero el decidir qué “parte” dejar en nuestras manos. ¿Es este el tipo de “participación” que hoy se reclama en la calle, en los medios de comunicación, en las redes sociales…?

Nuestros amigos de VIC (Vivero de Iniciativas Ciudadanas)  definen participación como esos “procesos y dispositivos de mediación y relación que facilitan la implicación activa de personas y colectivos en todo tipo de cuestiones”. Así pues, son los grados de implicación (propia de la persona que participa) y de relación (propia del método) los que determinan que el proceso es más o menos participativo.

Cuando en Jubilares hablamos de participación, tanto para la creación de comunidades de senior cohousing (“jubilares”) o para la transformación del lugar mediante iniciativas urbanas participativas (por ejemplo en proyectos como los de ciudades amigables), o cuando hablamos de la atención gerontológica integral y centrada en la persona… nos queremos referir a un elevado grado de participación. Y esto, repetimos, sólo se consigue con:

a) IMPLICACIÓN

Los sistemas centrados en la persona tienen como centro al sujeto al que le concierne la construcción de esos sistemas. No hablamos de sistemas “individualizados” (se adaptan parcialmente al individuo) sino “personalizados” (nacen y se desarrollan para y por las personas). Si queremos participación hemos de facilitar la implicación de la persona: por eso el cohousing es siempre autopromovido, por eso la atención gerontológica centrada en la persona parte de una historia de vida, de las propias decisiones del día a día, del protagonismo del sujeto (no objeto) que requiere de atención. En todo caso la implicación no solo es tomar la iniciativa, también es asumir la responsabilidad y el compromiso. Precisamente ahí reside el gran poder de la participación: permite sentir como propio el proyecto del que uno forma parte. Aparece entonces una suma de compromisos individuales que robustece y dinamiza cualquier iniciativa participativa, dándole una intensidad y vivacidad que las distinguen a primera vista.

b) MÉTODO

La participación requiere método. Si todos hablamos a la vez no nos oímos. Si queremos democracia, necesitamos una organización que la sustente. Si pretendemos decidir todos y cada uno de nosotros desde ese protagonismo… necesitaremos sistemas que permitan la comunicación y el debate, que pongan sobre la mesa los deseos “del otro”, que permitan esa multiplicidad de protagonistas.

Abrir las puertas de la cocina

como en casa

Los residentes de Lamorous cocinan, planchan… realizan las actividades cotidianas según sus preferencias.

Volvamos al ejemplo del nuevo paradigma de atención en residencias de personas mayores: se puede dar a elegir entre dos menús dados; podemos ofrecer cualquier menú al gusto del comensal; se puede permitir hacer la compra, entrar en la cocina a mirar, o directamente hacer la comida. El cambio de modelo, que está llevando, mediante experiencias piloto, a este último paso conlleva un cambio en la organización de las residencias, de forma que se requieren, por ejemplo, menos proveedores de servicios completos y sí más asistentes para las actividades de la vida diaria, realizados de forma colaborativa por las personas residentes.

También el diseño participativo de políticas (a través de una nueva gobernanza en red), o de mejora urbana, de ciudades amigables o el trabajo en forma de coworking, la banca cooperativa o la creación de comunidades (ej. cohousing) también tiene sus propias reglas. Estas se basan en una organización del proceso de tipo bottom-up (literalmente, abajo-arriba).

“Los procesos bottom-up (…) comienzan de abajo-a-arriba a través del conocimiento, análisis y diseño detallado de todas las variables que pueden afectar al sistema. Estas partes individuales se enlazan y componen a su vez sistemas más generales, que se unen para formar sistemas globales.”. Son palabras de María Toro en un artículo para LaCiudadViva

Hasta ahora a veces se nos permitía elegir el menú, y para ello únicamente había que establecer mecanismos de consulta: ¿Qué quieres comer, que ya lo cocino yo?. Hoy, sin embargo, muchos queremos entrar en la cocina. Y eso implica abrir las puertas a los propios sistemas de organización. ¿Cuál es el objetivo de ello? ¿Quizá mejorar la calidad de la comida? No. Seguramente estamos más satisfechos, no solo con el producto final (comida) sino con el proceso (llevé un ingrediente yo misma, me alegró ver a mi amigo hacer algo junto  a mí…). Pero no solo: seguramente más personas están más satisfechas, porque entre todas decidimos qué hacer. Cualquier niño sabe que la comida que ha preparado él o ella misma sabe mucho mejor. Más aún si el trabajo fue compartido.

Las dificultades

Dejar que entren en mi cocina cuesta un gran esfuerzo. ¿A quién? A mí si es mi cocina, claro. Pero fijémonos que la complicación está en la necesaria reconsideración de los procesos. Siguiendo con el ejemplo de mi cocina, para poner en marcha un proceso participativo tendré que informar a aquellas personas que querían ayudarme sobre cómo y dónde encontrar el material, quizá adaptar los utensilios a sus necesidades o competencias, tendré que considerar sus propias ideas, quizá admitir algún que otro error… Si logramos establecer las nuevas reglas, si adaptamos el sistema a las personas interesadas, el resto ya es muy fácil porque entra en juego la inteligencia colectiva, la suma de fuerzas, la colaboración eficiente y altamente productiva.

Los procesos de participación colectiva no tienen foto final previa. Sabemos por experiencia que supone un cierto desasosiego para muchas personas. Cuando alguien nos pregunta ¿cuánto cuesta un jubilar?, ¿dónde está y qué pinta tiene?… reciben algo que a menudo se malinterpreta como una respuesta vaga: lo que vosotros queráis. Realmente nuestra respuesta es muy concreta. Y tanto. Lo que garantizamos es que vamos a materializar vuestros deseos. Con un método.

promoción de vivienda

Sistemas top-bottom: se diseña antes y se ofrece un producto terminado. Promoción en Saint Louis, Missouri

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Sistema participativo: diseñamos entre tod@s. El resultado no sólo es el producto, también el proceso. Jubilares, mayo 2014

El método. Ej. Cohousing

Existen técnicas, avaladas por la experiencia, para muchos de estos “nuevos” sistemas participativos. En cientos de casos de cohousing se ha empleado un método de trabajo que elaboró Nielsen en Dinamarca, y el que, basándose en éste, reelaboró Charles Durret en EEUU. Nosotros hemos asimilado ambos, añadiendo un ingrediente importante para el caso del senior cohousing: la reflexión y el diseño de un sistema de previsión de asistencia integral y centrada en la persona.

Nuestro proceso, como ocurre en todas partes del mundo, pasa por crear la comunidad antes que el edificio. Y se construye fundamentalmente mediante tres talleres:

  • Community design charrette - Lawrence, MA Groundwork LawrenceTaller 1. El grupo realiza un taller de empoderamiento como grupo, tras el que se debe obtener un equipo cohesionado, convencido de sus intenciones y capaz de trabajar conjuntamente para llevarlas a cabo. Consta de unas 10 sesiones en las que se abordan diversos temas prácticos, con el objetivo de garantizar que los participantes están “en la misma onda”, que comparten los planteamientos básicos que definen su comunidad.
  • Taller 2. Justo después de constituir la cooperativa, los miembros de la misma diseñan con métodos participativos el edificio o complejo residencial donde van a residir.
  • Taller 3. Mientras se construye el edificio. Se elaboran las normas detalladas de convivencia que regirán la vida cotidiana.

¿Es mejor diseñarte tu casa o comprar una sobre plano? Tú decides. Aunque no haya foto previa, no tiene más riesgos diseñar con métodos participativos que asumir las decisiones de un promotor. El método es la clave, y las personas profesionales, empresas o administraciones que lideran han de hacerlo escuchando a todos y todas. Hay que liderar sin dirigir las opiniones o decisiones de los demás, evitando prejuicios, partiendo de cero aunque considerando los principios y las “líneas rojas” que se van marcando. Hay que establecer una pauta, cerrando capítulos para poder avanzar, aunque el propio método cuente con un cierto grado de flexibilidad.

Hoy hay que comprender que el “técnico facilitador” es una herramienta más en los procesos de participación. “La vida siempre tiene razón. Es el arquitecto quien se equivoca”, recordaba María Toro en el artículo antes mencionado. Ese técnico (arquitecta, urbanista, geriatra, educadora…) es un mediador. Y habrá de escuchar y empatizar bien con eso que quieren las personas que conforman lo que antes llamamos “vida”.

Facilitar la participación de todos y todas, a cualquier escala y en cualquier ámbito, dará sus buenos frutos: mayor autoestima personal, creación de una red de apoyo mutuo que nos hace más resilientes, fortaleza de nuestras estructuras sociales, responsabilidad compartida, sostenibilidad social y económica…

Asumiendo que tratamos con sistemas centrados en la persona, se ha de comprender que precisamente la persona, en su valoración multidimensional, es la protagonista. Su felicidad es el objetivo, sus propios recursos son el medio, y sus ideas, compartidas de forma cooperativa, son el secreto de un éxito garantizado.

 

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Hoy por ti, mañana…

Hace unos días publicábamos un artículo sobre antiguas iniciativas de “trabajo comunitario para lo común”. Hoy continuamos esa línea con “trabajo comunitario para lo particular”, o esfuerzo colaborativo para la ayuda mutua. Trabajar por los demás buscando la reciprocidad mutua (sin exigirla, como el trueque) no es un invento de los que hoy reivindicamos economías colaborativas, es tradicional en nuestro país:

CARROS ALISTANOS "MIRANDO AL CIELO“. MELLANES 2004. Fotografía de Jesús Formigo para el Catálogo "Aliste Ocho Miradas"Carrunas (Zamora)

A menudo en los pueblos de la comarca de Aliste llamaban “a carrunas”: salían todos los carros del pueblo para traer piedras de la sierra con el fin de ayudar a la construcción de la casa a las nuevas parejas. Estas luego  daban una fiesta para agradecérselo.

Los vecinos también se ayudaban cuando llegaba la cosecha, para la trilla, etc. No necesariamente había recompensa, sino que la ayuda era continua y recíproca.

Tornallom (Valencia)

A Tornallom” es una antigua tradición de la huerta valenciana, según la cual los agricultores se ayudaban los unos a los otros, con el objetivo de crear una sinergia y aprovechar mejor el tiempo y los recursos, de manera que, si un día ayudabas en el campo del vecino, él te devolvía el trabajo en tu campo otro día.

Andecha (Asturias)

El término “andecha” deriva del vocablo latino indicere (anunciar) y consiste en un trabajo personal, voluntario y gratuito que se ajusta al esquema de la reciprocidad equilibrada: “Hoy por ti, mañana por mí”. La andecha se inscribe por ello dentro de los trabajos que el derecho laboral denomina amistosos, benévolos y de buena vecindad.

La mano de obra de la andecha es reclutada atendiendo a lazos familiares, de amistad o vecindad, para hacer frente a los habituales trabajos del ciclo agrícola que resultan más acuciantes y a aquellas tareas que son particularmente gravosas para las familias del pueblo que atraviesan circunstancias especiales como viudedad, enfermedad o similares. La andecha también se convoca para ayudar en el acarreo de materiales en la construcción o reparación de un edificio.

Mutualismo comunitario

Mutualismo comunitarioEl mutualismo comunitario  , como describe Carlos Díaz en este interesante artículo, es la vía que completará a nuestro Estado de Bienestar, que no puede darlo todo (cada uno de nosotros, a título individual, tampoco). Se hace necesario recuperar prácticas que, como vemos, vienen de lejos. Las nuevas “economías colaborativas” no son alternativa innovadora de jóvenes hippies. Son propuestas “normales” para gente “normal”.

Por otra parte, y refiriéndonos al mundo de las personas mayores al que especialmente nos dirigimos,  es en modelos de ayuda recíproca donde encontramos prácticas que sirven especialmente a la autonomía personal. Hoy no queremos ser asistidos desde una “caridad” que pone a alguien por encima del otro, sino desde la “solidaridad” entre iguales. Eso aumenta la autoestima, y con ello la autonomía. Queremos dar y recibir en todo caso. Es una cuestión de dignidad como personas.

Las experiencias que comentamos arriba y en el artículo anterior no miraban la edad de los participantes. Las personas mayores son clave en las inciativas colaborativas, principalmente porque aportan madurez y experiencia, también mayor disponibilidad de tiempo. En un jubilar o senior cohousing un vecino ayuda a limpiar la casa del otro, éste arregla el interruptor de su vecina, ésta imparte clases de yoga para todos, todos colaboran con el vecino que tiene un problema económico, aquél que por cierto ayuda a limpiar la casa del otro…

Hacenderas, auzolanes, sextaferias

Hubo un tiempo, en verdad no muy lejano, en que en nuestro país las campanas tocaban a Hacenderas:

Hacenderas

Hacenderas“, facenderas o simplemente cenderas… En la última versión de 2013 del DRAE incomprensiblemente se ha eliminado esta acepción que anteriormente se definía como “trabajo a que debe acudir todo el vecindario, por ser de utilidad común”. Se trataba de trabajos autoimpuestos por la comunidad. La escasez de recursos vía impuestos, pero sobre todo, la solidaridad vecinal, obligaban a estos trabajos en favor de lo común. Muchas personas mayores lo recuerdan: en Ferreras de Abajo (Zamora) el puesto de la Cruz Roja y la nueva iglesia se construyeron en los años 80 gracias un sistema de prestación personal que allí llamaban “concejo”. Nos cuenta Leovigildo Santamaría, artesano de Ferreras, que “participaba todo el pueblo por turnos que se nombraban “a la vela”, es decir, siguiendo el orden en que estaban las casas; ello no impedía que si alguien voluntariamente quería ir todos los días podía hacerlo”.

Hacenderas Espejo Tera

Hacenderas 2010 en Espejo de Tera (Soria)

Nadie duda de que en las latitudes en que nos movemos nos gusta compartir fiesta, pero a menudo se percibe escepticismo acerca del compartir esfuerzo o aquello de es de todos (dicen “no es de nadie”). Las hacenderas demuestran que esto no fue así en otros tiempos. ¿Y en la actualidad?

Muchos jóvenes retomaron las antiguas tradiciones. En algunos pueblos, como Hiendelaencina o Viana de Jadraque (Guadalajara), Espejo de Tera (Soria), Andaluz (Soria), algunos pueblos de León, convocan en la actualidad hacenderas para limpiar el monte, restaurar un monumento, arreglar tuberías, reparar la calzada,  repintar las farolas o rehacer una presa. Tras el trabajo siempre viene la fiesta. Ambas son tradiciones inseparables.

Auzolanes

En Euskadi dicen “Auzolan” a estos trabajos comunitarios. Suelen realizarse antes de las fiestas, para adecentar el pueblo. Auzolan significa “trabajo vecinal” y obligaba a los miembros de la comunidad, generalmente por el usufructo de los bienes comunales. En Ea o en Elantxobe podemos ver hoy a sus habitantes trabajando para arreglar desperfectos en el pueblo.

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Zeraín: “somos algo más que una imagen de postal”

Un caso paradigmático es Zeraín, un pueblo de 250 habitantes del interior de Guipúzcoa, que ha revivido tras el cierre de las minas “a base de humildad e ilusión”. En los 70 los jóvenes se unieron, creando una cooperativa de viviendas que les permitiría quedarse en el pueblo a trabajar; y se constituyó un grupo municipal independiente, elegido por todos en votación popular, el mismo que ha regido el ayuntamiento desde los inicios de la democracia hasta hoy.

“Amamos lo nuestro, dentro de un mundo que admiramos”, dicen los zeraindarras. La clave del proyecto socioeconómico es el “auzolan”, el trabajo comunitario con un objetivo: el que llaman “Paisaje Cultural“, modelo de desarrollo sostenible.

Sextaferias

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Sextaferias en Coviella

En Cantabria y Asturias se celebran “Sextaferias“. La palabra proviene de la denominación de los días de la semana antes del cambio del Papa San Silvestre: así la prima feria era el domingo… la sexta feria es el viernes. Aquí nos referimos a los trabajos comunales que se llevan a cabo una vez por semana. Cada casa ha de enviar un miembro (o una persona que le sustituya). Se hacen trabajos de adecentamiento a nivel local (aldea, pedanía…). Un ejemplo, el de Coviella (Cangas de Onís), que celebró la última sextaferia hace unos días para limpiar los caminos del pueblo.

¿Una experiencia solo de ámbito rural? El pueblo o pequeña aldea son entornos donde las relaciones vecinales se han hecho más fuertes. No obstante, el barrio o la urbanización, dentro de la ciudad, no es un ámbito espacial o comunitario que deba ser muy distinto. Tampoco la comunidad de vecinos de un bloque urbano, donde a menudo se realizan trabajos comunitarios (pintar la escalera o arreglar el patio común) con final similar: tortilla y vino.

La necesidad de relación con los demás, el interés por lo común y la solidaridad entre vecinos no parece exclusiva de municipios de pequeño padrón, y así en ciudades como Madrid, e impulsadas principalmente por una generación nieta de aquellos que sí atendían al toque de campana, se están cocinando experiencias como éstas:

Un grupo de iniciativas ciudadanas de gestión democrática e intervención en espacios públicos (la Red de Huertos Urbanos de Madrid, El Campo de Cebada, el Centro Social Seco, el Espacio Vecinal Montamarta, el Albergue de San Fermín, Todo por la Praxis, Intermediae…) quiere recuperar ese espíritu en un entorno urbano.

Somos muchos los que creemos que el supuesto individualismo cuasi-genético de ámbito ibérico (o incluso mediterráneo) es solo un reciente estereotipo. Vemos que antes no éramos así y hoy queremos recuperar nuestra identidad comunitaria. Somos felices cuando nos sentimos útiles y al tiempo recibimos el apoyo de los demás, incluidos en una comunidad. Se trata de una experiencia humana que trasciende tiempos y lugares, también edades. Lo recordamos ayer en la celebración del Día de la Solidaridad Intergeneracional 2014. Por ello reivindicamos las hacenderas, auzolanes o sextaferias, esas experiencias de colaboración entre iguales y de implicación en lo común, que parte de las personas y se dirige a ellas mismas: a su bienestar, a la transformación solidaria del lugar donde queremos vivir.

logo_casa_encendidaVivimos una verdadera reivindicación de la comunidad. Este martes 6 de mayo la asociación Jubilares estará en La Casa Encendida para compartir con nuestros amigos Borja Izaola, Entrepatios y Masqueunacasa,  nuestra visión acerca de nuevas formas de vida “donde se comparten recursos, se practica la corresponsabilidad, se alimenta la sed de comunidad, se diseña de manera participada y se gestiona de forma autónoma y horizontal”.

II Asamblea General Ordinaria de Jubilares

Cartel II AsambleaEl pasado 7 de abril tuvo lugar la II Asamblea General Ordinaria de socios y socias de la asociación Jubilares. En ella se expusieron las cuentas de 2013, la memoria de actividades y las nuevas propuestas para este año. Son muchas las ideas que nos gustaría desarrollar y nunca suficientes manos. Así que desde aquí nuevamente animamos a asociaros a Jubilares a todas aquellas personas que compartáis nuestros fines y objetivos:

Las personas que quieran hacerse socias amigas de Jubilares no tienen que realizar ninguna aportación obligatoria. Basta enviarnos este modelo, en cumplimiento de la ley de protección de datos.

Animamos a la participación en el blog, twitter o facebook con vuestros comentarios, pero también con vuestras propia firma en el blog. Queremos reflejar la riqueza de opiniones con que cuenta esta asociación.

6a00d8341bfb1653ef01a511988dc4970c-550wiFuera del medio digital, la asociación Jubilares está presente en congresos, jornadas y presentaciones locales (la próxima, el 6 de mayo, en La Casa Encendida, Madrid). Pero este año quiere además salir de los salones de actos a la calle. Contamos con vuestra ayuda y vuestras propias propuestas de actividad.

Y es que la palabra clave de la Asamblea General fue PARTICIPACIÓN. Creemos que es la reivindicación esencial de nuestro tiempo. Jubilares, como iniciativa ciudadana y a diferentes escalas, es granito de arena para este fin, un medio más en el que cada uno de nosotros pueda ser, en cooperación con otras personas, protagonista de su propia vida.

Senior cohousing: la “inteligencia colectiva”

Trabensol 19oct2013

Cada vez somos más…

Sábado, 19 de octubre en Torremocha del Jarama. Allí, nuevamente la cooperativa Trabensol abrió generosamente sus puertas y dedicó todo un día a lo que mejor saben hacer: compartir. El “encuentro informativo” que habían organizado no se limitó a una exposición del complejo, su historia, sus sonrisas… (que también lo fue), sino que además quería ser intercambio de experiencias. Allí pudimos convivir con ellos durante unas horas y conocer a muchas otras personas y organizaciones comprometidos con esos “proyectos elegidos por uno mismo”, lugares donde vivir de forma autónoma y rodeados por otros: “senior cohousing”, como los llaman en otras partes del mundo. “Vivienda colaborativa, o cooperativa”. A nosotros nos gusta denominarlos “jubilares” (= hogar del júbilo)…

Los socios de Trabensol narraron su camino, desde su gestación hace 13 años hasta la entrega de llaves, hace unos meses. Partían de un análisis de la realidad que les mostró que “queríamos quedarnos en casa, pero nuestra casa no nos valía”; y al tiempo, “no queríamos que nuestras hijAs tuvieran que cuidarnos”. Los principios éticos que sustentaron desde siempre su proyecto fueron la colaboración y la solidaridad, pero son fundamento de la iniciativa también la autogestión y la autonomía (“es tu casa”, no hay tutelas…), la compañía (frente a la soledad) y la amistad, el envejecimiento activo, la cooperación y el respeto mutuo. El compromiso para el futuro es lograr que exista una continuidad, por ello la figura más adecuada es la cooperativa de cesión de uso. El sábado explicaron las dificultades que encontraron a lo largo del camino y afirmaron la necesidad de asesoramientos especializados, eso sí, para que el experto “haga lo que tú quieres, no lo que él quiera”.

A los amigos de Trabensol se sumaron Aurora Moreno de Santa Clara (Málaga), cooperativa “Los Milagros“, en funcionamiento desde hace diez años. Ambas experiencias fueron presentadas con la alegría del que tiene algo precioso que compartir. Las dificultades se salvan siempre con la fuerza del grupo, alentada por la convivencia previa, la unión ante los pequeños o grandes obstáculos que fueron encontrando. Antonio resumía la clave de su éxito, la inteligencia colectiva de esta forma: “la cohesión se basa en la confianza y la confianza se consigue con total transparencia y firmeza ética en el procedimiento colegiado”.

El encuentro del sábado aglutinó a profesionales, investigadores, organizaciones y grupos interesados. Fue recurrente la llamada a la unión de todos para hacer fuerza ante las adminstraciones (hay que reconocer el cohousing como equipamiento de “bienestar social” al tiempo que se trata de “vivienda”). Entre todos trataremos de buscar el apoyo por parte de la Administración. Como bien recordaba Aurora, “no venimos a pedir, venimos a dar”.

Es ilusionante ver cuántos ya se están lanzando a esta aventura. Allí había representantes de cientos de personas implicadas ya hoy directamente en la creación de comunidades como la de Trabensol. Fue bonito volver a coincidir con algunos y también conocer a otras personas de todas partes de España. Algunas ya han creado cooperativa (Housekide, en San Sebastián; Entrepatios, de Madrid; “Betania”, de Madrid para vivir en Ávila; “Brisa del Cantábrico” en Cantabria; Egunsentia de Bilbao, otro grupo en Barcelona…). Algunos se encuentran en sus inicios, intentando “convencer a los amigos”, o “de momento con tan solo un gran chute de ilusión”… Varios de éstos venían de Madrid y Barcelona, pero también de Alicante, Murcia, Guadalajara, Canarias… Algunos pretenden quedarse en su lugar de origen, otros vivir en lugares que les resultan más apetecibles.

“Queremos que el proyecto”, decía Juana, “trascienda nuestras vidas”. Muchos creemos que detrás de la iniciativa personal (o “grupal”) que solucione una etapa de la vida, existe, como ella misma decía, “un compromiso social”. Trabensol así lo entiende, por ello se sale de sus paredes al pueblo, y de Torremocha a toda España. En el reciente reportaje del programa Crónicas, en La2 de TVE abren sus puertas  a todos. Comparten reportaje con otro de los modelos de cohousing de reciente creación en nuestro país, Profuturo. Ahí está el enlace donde podéis conocer a estas maravillosas personas: