Etiquetado: convivencia

Aislamiento y apoyo social en mayores ante situaciones de emergencia (especial Coronavirus)

Por: Beatriz De Gregorio Domínguez – Trabajadora Social y Máster en Salud, Integración y Discapacidad. Doctoranda en Trabajo Social “Cohousing y envejecimiento” por la Universidad Complutense de Madrid. Contacto: beadegre@ucm.es

“Ahora mi soledad es mayor, solo salgo para lo necesario”

Hoy más que nunca, son las personas mayores las principales protagonistas de la epidemia por coronavirus (también llamada Covid-19) y el sector de población más vulnerable, principal grupo de riesgo de dicha enfermedad que se propaga por todo el mundo.

Ante el miedo y las consecuencias que les puede ocasionar a la salud, muchos ponen en marcha medidas preventivas para hacer frente al contagio. En estos momentos, es imprescindible contar con una buena red de apoyo social y soporte mutuo en este grupo de población, como una manera de evitar su aislamiento para poder continuar con su vida normal, sobre todo en aquellas personas que viven la soledad más de cerca.

¿Nos ayudamos? Cartel solicitando / ofreciendo apoyo social

Esta es la razón por la que, se ha querido recoger varios testimonios para conocer la realidad social de aquellas personas mayores españolas que viven solas en su domicilio.

Hay quienes se muestran más desconfiados y hacen previsiones futuras, como María Francisca, de 75 años y Josefina, de 83 años:

“He dejado de ir a misa, a la universidad de mayores y a un grupo de cocina al que iba. Lo que hago ahora es consultar Internet, llamar por teléfono, coser, leer y ver la televisión. He comprado provisiones, entre ellas, alimentos y medicinas para cuatro o cinco semanas. Hay que tener paciencia y esperar a ver qué pasa. Esta situación me causa preocupación, por mis hijos y mi familia y me preocupan los hospitales, si va a estar todo muy ocupado y si hay suficiente preparación para lo que se viene.

Estoy aislada en mi casa, salgo para comprar y ya está. Si el tiempo me lo permite salgo a pasear, pero no me meto en aglomeraciones ni hago uso del transporte público.

Ahora mi soledad es mayor, solo salgo para lo necesario. Tengo hipertensión media y no quiero ser una carga para los demás. Creo que, si yo necesitase algo, mi familia vendría a atenderme. Pero llevo así casi un mes, previniéndome de cosas, por mi desconfianza.”

María Francisca, 75 años

“Ya no doy la paz en misa y cojo un taxi en vez del autobús. Me lavo las manos en cuanto llego a casa y llevo en mi bolso alcohol desinfectante. Las llaves de casa ahora las limpio con frecuencia, al igual que el bastón.

Sigo las normas que marca la televisión porque soy factor de riesgo. Y en estos quince días, salgo a la calle lo menos posible. He comprado lo necesario para esta semana y la que viene. Cuando recibo visitas, tengo un gel desinfectante en la entrada para que se limpien antes las manos.”

Josefina, 83 años.

Y otras que se muestran con actitud más decidida, no por ello sin tomar las precauciones necesarias, como José Antonio, de 88 años y Juana Mari, de 90 años:

“Tomo preocupaciones mínimas y sigo mi vida normal. Soy optimista o fatalista, llámalo como quieras. Intento no acudir a reuniones multitudinarias, sigo utilizando el transporte público y me lavo las manos con frecuencia. Pero sigo con mi vida normal y de vez en cuando voy a comer a casa de mis hijos.”

José Antonio, 88 años.

“Los martes iba al Vips con unas cuantas amigas y ya no vamos hasta que pase todo esto. En ese sentido, he dejado de hacer cosas. Procuro no entrar en el metro y tampoco coger el autobús, si lo veo muy lleno me voy andando.

He comprado la comida suficiente, no tengo pánico por no poder comer, ya que siempre tengo provisiones en el congelador por si vienen mis hijos.

Tengo miedo a esta psicosis que hay, voy con más precaución. Estoy preocupada, porque yo ya no estoy ni en el riesgo, dan por hecho que ya voy a cascarla, aunque solo sea por cabezonería voy a aguantar. Está lo que Dios quiera…”

Juana Mari, 90 años.

Es evidente que algunas de las personas mayores han tomado medidas necesarias por el momento que nos acontece. Unas son más desmesuradas que otras, dependiendo de la percepción y situación personal.

No obstante, siguen recibiendo visitas de sus familiares o amistades, aunque algunas de ellas se han visto limitadas.

Por esta razón, el bienestar emocional de las personas mayores puede verse afectado en circunstancias de aislamiento. Desde la familia, llevar a cabo acciones como estar en contacto telefónico con ellos/as, pueden ser actuaciones especialmente útiles para favorecer su bienestar y mantenerse informado sobre su estado de salud y de esta manera, evitar ponerlas en riesgo.

Debido a los efectos del coronavirus, se ponen en marcha medidas que incluyen una mayor atención domiciliaria, la restricción de visitas a las residencias de mayores y el cierre de algunos de los centros de mayores españoles.

Si lo aplicamos al cohousing o vivienda colaborativa, resulta de interés, sobre todo si se trata de un cohousing exclusivamente de mayores, ya que al convivir y realizar actividades todos juntos en un mismo edificio, pueden aplicarse al igual dichas normas restrictivas. No obstante, éstos tienen la suerte de contar con el apoyo social de una comunidad, a diferencia de los que viven solos en su domicilio, cuya comunidad no es tan evidente y pueden llegar a ser más propensos a dicho aislamiento.

Por todo ello, es importante ofrecer a las personas mayores la información y los recursos precisos para que puedan solicitar la ayuda necesaria en estos momentos y evitar así su desatención y aislamiento, brindando el apoyo social suficiente y llevando a cabo las medidas oportunas para que puedan seguir adelante.

Un hogar, en nochebuena y siempre

Zambombada en Jerez de la Frontera. Una forma de regresar al hogarHoy uno de nuestros amigos de Jubilares nos llamaba la atención sobre un artículo del blog “El salto del Ángel”, escrito por Ángel Gabilondo. “De una u otra manera buscamos un hogar. Necesitamos la cálida hospitalidad de sentirnos a la luz de la lumbre. Abrigamos la confianza de sabernos en casa.”

Hoy es nochebuena, la noche para regresar al hogar por antonomasia, y eso no significa necesariamente volver al estilo de los turrones el Almendro ni, como dice Gabilondo, volver sobre nuestros pasos. “Si a algo nos acerca retornar es a la posibilidad de ser de nuevo quienes estamos dispuestos a ser. Y tal sería un atisbo de hogar.”

“Abrir los horizontes y las perspectivas, no limitarnos a nuestros entornos, no enclaustrarnos en lo que ya somos, propiciar ámbitos que compartir, en los que convivir, hacen de la casa algo que no se reduce a ser un refugio.”

“De ahí que la celebración del retorno más bien haya de ser la convocatoria a otras modalidades de encuentro, que no siempre se agotan en las de una reunión. El restablecimiento o la generación de vínculos en ocasiones inauditos procuran no solo la casa como relación, sino la relación como hogar.”

El artículo completo, aquí.

Os deseamos en este día, y siempre, un feliz regreso al hogar: el de la interrelación y convivencia con los demás, el que supone construir y en palabras de Gabilodo, “ser de nuevo”. ¿No es eso la “Navidad”?

Trabensol nos abrió sus puertas

El Centro Social de Convivencia para Mayores se inauguró hoy sábado 29 de junio de 2013 tras trece años de esfuerzo colectivo.

“Los problemHuertos elevados en Trabensol, Torremocha del Jaramaas se solucionan mejor cooperando que compitiendo” nos recordaba hace poco Antonio Zugasti quien durante más de 10 años ha sido el Presidente del Consejo rector de la Cooperativa, que se creó en abril de 2002, tras dos años de madurar la idea de crear un lugar donde envejecer bien, en casa.

Esta filosofía colaborativa la han puesto en prácica antes estas mismas personas. Ya nos dijo Jaime Moreno “vivimos de proyectos, no de recuerdos”, y vaya si es así. A principios de los setenta él y otros vecinos de Moratalaz crearon una cooperativa para poder contar con un centro escolar en el barrio. El colegio Siglo XXI cumplió en abril de este año su cuarenta aniversario.

Como he comentado en otras ocasiones, la fuerza que este colectivo irradia nos convenció en 2011 de que hacer mejores residencias para personas mayores no era un reto arquitectónico sino social y colaborativo. “Primero se construye la comunidad y luego el edificio”.

Desde Jubilares damos nuestra más cordial enhorabuena a este grupo de amigos que nos han enseñado dónde se puede llegar con tesón y colaboración. Compartimos su deseo de que este Centro Social de Convivencia permanezca, siempre, lleno de vida.

¡Denuncia a tu vecino!

13-rue-01Encontramos en un portal inmobiliario (cuyo enlace esta vez omitiremos): “Para solucionar los problemas entre vecinos nada mejor que conocer los derechos y obligaciones que nos asisten”. Nada mejor… ¿De verdad no hay nada mejor?

A nadie se le ocurriría decir a un niño que sus problemas de relación con los amigos del cole se le solucionarán leyendo la normativa autonómica sobre centros educativos, o que los problemas de pareja acaban código civil en mano. Pero, ay, con los vecinos…

Buscando en internet no es difícil encontrar información sobre “cómo denunciar a un vecino”, las causas son múltiples; y hasta “denuncias a vecinos por falsas denuncias a vecinos”.

Diríamos que una causa de tanto papel en los juzgados sobre el tema es la falta de educación para la convivencia. Primero solemos elegir la casa, luego nos encontramos de sopetón con el vecino, con el que además compartimos: un portal, una escalera, una fachada, el silencio (o no) de la noche en el edificio… Pero no sabemos compartir.

Pues bien, frente al consejillo del jurista proponemos dos opciones creemos que más satisfactorias (por más humanas):

1.- Elige antes y crea tu propia comunidad. Para hacerse un jubilar (o un cohousing para edades más jóvenes como los que propone Sostre Civic) primero se crea la comunidad y luego el edificio. No es un asunto menor. Primero nos conocemos, luego convivimos. Y es seguro que después de haber iniciado un proyecto común seguiremos emprendiendo otros ya dentro de un espacio compartido , y seremos más capaces de hablar entre nosotros, y seremos más generosos como para olvidarnos de la norma jurídica en la que nuestra relación se basa.

2.- Aprende a convivir. Para el caso de las típicas comunidades de vecinos, es decir, para el 80% de la población que vivimos en edificios con más de una vivienda. ¿Y si hacemos un esfuerzo por conocernos, ya que convivimos entre las mismas paredes? Ante el posible escepticismo del lector, proponemos la lectura de esta ilusionante noticia. Es de hace un año, pero ha vuelto a difundirse en estos días y no tiene desperdicio.

Noticia Portales Solidarios

Hace ocho años, Cruz Roja Gipuzkoa creó el programa ‘Promotor de salud y portal solidario’ para promover la salud a partir del concepto de buena vecindad. Hoy, estos portales solidarios implican a casi 50.000 viviendas, e implica un espíritu de la responsabilidad ética y moral a las comunidades de vecinos.

Esa responsabilidad desde luego que se educa en las escuelas. En nuestro país carecemos, en términos generales, de educación en inteligencia emocional y social, para el trabajo en equipo, para la colaboración mutua… Esto se aprende y se pone en práctica desde niños. Recomendamos el magnífico libro de J.Antonio Marina “Aprender a Convivir”. Nunca es tarde. Como dicen los responsables de los proyectos de Cruz Roja José Antonio Fernández y Maider González, empatía, comunicación asertiva, pensamiento creativo, toma de decisiones… son hábitos que deberíamos trabajar. Y si no lo hemos hecho antes, hagamos “gimnasia para la convivencia”.

Aprender leyes y denunciar, o aprender hábitos de convivencia. Los segundos, además, mejoran la salud.