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Modelos ante el reto del cohousing

Hemos mencionado en diversas ocasiones las características que definen el modelo residencial que en el ámbito internacional se viene a llamar cohousing. Resumimos de nuevo aquí:

  • Autopromovido, de iniciativa y diseño del grupo.
  • Diseño intencional para favorecer la relación vecinal
  • Zonas comunes significativas, extensión de las viviendas (no de gestión externa)
  • Autogestionado, con organización colaborativa de las tareas comunes (comisiones)
  • No hay jerarquías,  y los papeles se reparten de forma natural
  • La economía es privada, y las viviendas cuentan con todos los elementos que aseguran la independencia de los residentes

La definición es empírica. Se obtiene a partir de los cientos de experiencias de éxito, que parecen mantener esas condiciones comunes. No obstante, sería ingenuo suponer que se trata de invariantes absolutamente estáticos y sin gradación. Existen escalas de participación y grados de compromiso o responsabilidad que asumen: algunas personas / todas las residentes / el grupo embrionario / las personas facilitadoras… ¿Hasta qué punto es previsible el éxito o fracaso de las iniciativas según esos grados de implicación? Un interesante artículo de Joanna Williams del año 2008 presentaba un cuadro análogo al que aquí reconstruimos, en el que agrupa tres modelos (podríamos decir tendencias) para el desarrollo de iniciativas de cohousing:

Modelos desarrollo cohousing y jubilares

Reelaboración a partir de Tabla I en Williams, J., Predicting an American future for cohousing. En Futures 40 (2008) 268-286. Marcamos en verde el esquema en el que creemos desde Jubilares.

En todos los casos las personas residentes se hallan comprometidas en el desarrollo (antes y/o después) de la comunidad. Recordemos que la autogestión es característica básica del cohousing.

Liderado por residentes

El primero de los modelos involucra a las personas residentes tanto en los procesos de creación de comunidad como en los más operativos de construcción del complejo. Los residentes cargan con los costes y riesgos financieros asociados al proyecto. Por supuesto contratan servicios profesionales y los dirigen. Esto implica experiencia y alto grado de compromiso. Se trata del modelo que logra una mayor cohesión del grupo y con ella, mayor apoyo social, etc. No obstante, hay que destacar sus complicaciones:

  • Dificultad para los diversos compromisos
  • Dificultades financieras
  • Necesidad de una alta experiencia técnica y de gestión
  • Dificultades para competir con promotores en la obtención de suelo
  • Momentos de zozobra y duda. Bloqueo. Sensación de estar reinventando la rueda.
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Trabensol (en Torremocha del Jarama) es iniciativa desarrollada exclusivamente por las personas residentes. Han tenido que lidiar mil batallas durante casi 14 años para lograr su sueño. El premio: una comunidad fuertemente cohesionada

Enfoque especulativo. El promotor

Es debido a esta serie de obstáculos por lo que surgen otros modelos: el especulativo (el desarrollado principalmente por un promotor) es el más ágil para el desarrollo de un producto inmobiliario. Pero ¿es eso lo que se quiere lograr? Diversos estudios (ej. Williams o Durrett) demuestran que “el enfoque especulativo puede encontrar grandes dificultades para el establecimiento de comunidades cohesionadas”. En España comienzan a surgir “promotoras de cohousing” y es importante que se tenga en cuenta este hecho: la cesión de responsabilidad ligada a la falta de implicación durante el desarrollo no facilita que a posteriori se logre el objetivo de cohesión, de mutualismo comunitario, de resiliencia… posiblemente deseado por las personas que pretenden vivir en cohousing.

mariendalsvej

El error de Mariendalsvej, en Copenhague, fue del Fondo que promovía la inciativa, al no implicar de manera suficiente a los residentes. Así, la comunidad desapareció antes de comenzar a vivir en el complejo (Charles Durrett, en “El Manual del Senior Cohousing”)

La figura de promotor no necesariamente ha de ser una empresa ajena al grupo embrionario. En ocasiones se trata de alguno de los miembros del mismo. En ese caso es importante tomar conciencia del papel que juega cada una de las personas implicadas en el proceso (por ej. promotor que sólo pone el suelo, o financia, o… pero no tiene mayor peso en otras fases del proceso), y trabajar especialmente por el empoderamiento de todas y lograr un plano de igualdad en la toma de decisiones. Así nos acercaríamos al óptimo “modelo asociativo”:

Modelo asociativo

Como se puede observar en el cuadro de Williams, este modelo intermedio permite que una entidad o persona promotora / facilitadora tenga mayor protagonismo en diversas etapas (las de tipo técnico o de gestión) al tiempo que mantiene el liderazgo de las residentes en todo el proceso. Aquí existen muchas formas de colaboración. En algunos países la Administración es clave pues puede ayudar en la obtención del suelo o en la financiación parcial del proyecto. En otros casos se revelan como una figura interesante la de “promotores sin ánimo de lucro”, que asumen riesgos de la promoción al tiempo que asumen las aportaciones que la comunidad decide en asamblea.

Reunión Jubilares

En un jubilar, el grupo de residentes es el protagonista durante todo el proceso.

Organizaciones como nuestra asociación Jubilares u otras como Cohousing Verde, ofrecen cooperación en tareas de facilitación o de gestión (por ejemplo en la intermediación con otras entidades públicas, bancarias, etc.), y sin embargo no restan el protagonismo que creemos ha de desarrollar el grupo de personas para lograr (más aún cuando hablamos de senior cohousing) herramientas de vida colaborativa, fundamentales para un envejecimiento con éxito (autonomía, participación, seguridad, salud…). En nuestro caso no podría ser de otra manera pues son las comunidades de jubilares las socias de nuestra entidad sin ánimo de lucro. La caja de herramientas que se ofrece al grupo motor incluye métodos participativos de planificación del proceso o diseño arquitectónico o de estrategias para la atención a la dependencia, una gran red de personas y organizaciones con las que colaborar, investigación, difusión y ayuda en la ampliación del grupo, trabajo de facilitación con métodos participativos para la cohesión de comunidad…

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El cohousing no se vende

¿Se puede comprar una comunidad?Cuando en 2011 inventamos la palabra “jubilar” para referirnos a iniciativas de “senior cohousing” en España, pensamos que esta expresión inglesa no se emplearía en nuestro país. Hoy constatamos con alegría que el concepto se va extendiendo en los medios de comunicación (sí, incluso pronunciando el anglicismo) y que aquella forma de vida que tantas personas soñaron en algún momento a lo largo de la vida (¿y si vivimos juntos los amigos?) se va poco a poco concretando en nuestro imaginario colectivo como una realidad tangible.

Uno de nuestros objetivos como asociación es dar a conocer el modelo. No como publicidad que “vende” un producto, sino con el objetivo de mostrar una (ya existente desde hace años fuera de nuestro país) alternativa de vida sobre la que poder elegir y construir libremente. Las palabras cobran sentido (o lo pierden) con los ejemplos con que se ilustren. Y puesto que hemos llegado a ver publicidad de promociones de vivienda denominadas “cohousing” venimos a recordar qué principios sustentan realmente esta forma de vida en comunidad:

– La iniciativa parte de los vecinos que van a avivir allí. Se crea la comunidad antes que el edificio.
– El proceso de diseño (de la cooperativa, de las normas de uso, del proyecto arquitectónico…) es siempre participativo.
– La construcción es autopromovida y la comunidad es autogestionada, no hay tutelas externas (clave en el caso del cohousing para personas mayores).
– Se fomenta la vida comunitaria, para ello se construyen zonas comunes que son comprendidas como extensión de la casa.

Por todo ello no es posible “vender” promociones de “cohousing”, es un contrasentido. El cohousing no son sólo las viviendas en las que se sitúa, es, por encima de todo, el grupo de personas que han decidido vivir con unos lazos comunitarios significativos. ¿Cómo va alguien a comprar un grupo de personas en las que confía, y que a su vez le conocen, confían en él y quieren ser sus vecinos?. Referido a los modelos para personas mayores, los “apartamentos con servicios”, los “senior resorts”, las “residencias de mayores” o las “promociones de vivienda” (aunque tengan zonas comunes)… son distintos por tanto al “senior cohousing”. No son mejores ni peores. Muchas personas se sienten más seguras comprando un producto acabado en su aspecto físico; otras prefieren no tener dudas sobre la  comunidad de personas entre las que van a vivir. Lo importante es que tengamos la oportunidad de elegir el lugar donde vivir más adecuado a nuestras necesidades. Por cierto que es nuestro derecho.

Reinventar la rueda

“Mira, Conchita, se nos ha ocurrido una idea: ¿por qué no nos jubilamos juntos los amigos? Queremos ser autónomos, podemos buscar un sitio bonito para vivir, nos ayudaremos cuando vengan los achaques y no seremos una carga para nuestros hijos. Podemos hacer más fácil que vengan nuestros nietos, y un montón de cosas. Si compartimos gastos necesariamente va a ser económico; mi casa es más grande, si la alquilo sacamos para pagar la nueva, más pequeña…”

En las cafeterías, en la consulta del médico, se escuchan a diario conversaciones como ésta. Todas las semanas conocemos a alguien que se asombra: “¡si esto lo llevamos hablando durante años!”. La idea del senior cohousing es efectivamente tan “obvia” que miles de personas en España, también en todo el mundo, sin conocerse entre sí y posiblemente sin haber oido nada de este concepto, llegan cada una de ella a la misma convicción: prefieren vivir juntos.

Reinventar la ruedaLa experiencia internacional en diferentes países en senior cohousing ha dejado un valioso rastro de lecciones, aciertos y errores a la hora de desarrollar estas comunidades. Es revelador como en países distintos se han alcanzado, tras el paso de los años, conclusiones comunes acerca de cómo gestionar con éxito estas iniciativas. No puede ser casual.

De ahí que no podamos evitar sentir inquietud cuando vemos grupos de gente que bien por falta de información, bien por el afán de conducir su propio proyecto hasta el más pequeño detalle, toman caminos inciertos, no experimentados antes en ninguna parte del mundo, arriesgando de forma innecesaria el éxito de su noble intención.

El mejor remedio contra esos riesgos consiste en informarse y compartir experiencias, y por suerte esa es una tarea para la que hoy en día no faltan medios. Tan sólo se requiere una actitud abierta y dialogante, que no excluye la convicción en las propias ideas.

A modo de pequeño índice estas son algunas de las conclusiones comunes de la experiencia acumulada en senior cohousing:

– La autopromoción y autogestión de la iniciativa, desde los primeros pasos hasta la vida cotidiana una vez en funcionamiento. El principio de Autonomía personal es el motor de arranque y ha de preservarse todo el camino.

– El seguimiento de métodos participativos, algunos ya perfectamente estructurados, que siempre anteponen la conjunción del grupo, la creación de la comunidad de personas. “Primero contruimos la comunidad y después el edificio”.

– Un tamaño contenido, que tenga una vida interna suficientemente rica pero evite el riesgo de aislamiento respecto de la sociedad que rodea cada comunidad. Entre 15 y 30 viviendas es un número orientativo cuando se trata de comunidades de mayores. En ocasiones se juntan dos o tres comunidades, o si están en zonas de la ciudad muy bien abastecidas de servicios pueden ser menores…

– Un modelo “ambiente”, u “hogar” (housing), tanto en lo arquitectónico como en la gestión. Zonas comunes como extensión de la vivienda. Ambientes cálidos y acogedores y servicios de asistencia sólo cuando son necesarios, como hace cualquiera en su casa. Rechazo a opciones organizativas -y arquitectónicas- institucionalizantes.

Inventar la rueda exige un enorme esfuerzo no exento de mérito, pero resulta poco útil si resulta ser frustrante en muchos casos: en el pasado muchas de estas iniciativas no salían adelante, hasta que se aprendió de los errores. Seguir incurriendo en ellos es socialmente poco productivo. Construimos mejor sobre lo que otros descubrieron. Así avanza la sociedad.