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¿Vivir en un laberinto?

Store-MapRecomendamos la lectura de un reciente artículo de Berta Brusilovsky Filer, arquitecta Profesora del Máster Universitario en Tecnología de Apoyo a la Autonomía Personal de la Universidad del País Vasco, San Sebastián. Se publicó en el blog de ACCEPLAN, y creemos muy interesante destacar alguna de los temas que se nos propone:

Primero de todo, tratemos de ir más allá de la comprensión de la accesibilidad como una mera eliminación de barreras arquitectónicas para gente en silla de ruedas. Como Berta nos recuerda, “orientación y estructuración espacial son los pilares que hacen posible la movilidad, son facultades que las personas poseen para organizar el espacio, crear modelos mentales y a través de otras, como la memoria, recordarlos.  Por eso las personas con menos habilidades para la orientación tienen más dificultades para desplazarse, movilizarse, incluso comunicarse.” Personas con discapacidades cognitivas o intelectuales pueden encontrar serios problemas de movilidad, no porque físicamente se les impida el paso, sino porque no alcancen a comprender dónde están.

La “orientación” en el ámbito de la accesibilidad, es una aptitud que permite mantener constante la localización del propio cuerpo en permanente interacción con los elementos humanos y materiales que lo rodean;  permite el desenvolvimiento espacial, la movilidad y como resultado, la comunicación y la realización de actividades en el espacio.

Necesitamos, si queremos una “arquitectura / urbanismo para todos”, espacios que podamos reproducir mentalmente con facilidad. Ese es el primer paso. ¿Y si esto no es posible, porque no tengamos esa habilidad espacial? Entonces aparece el “efecto laberinto”. “Tendremos que recurrir a fórmulas de apoyo, personas y señales, para sustituir la falta de claridad y de accesibilidad.” El objetivo es, como siempre, desenvolvernos de forma autónoma. Para ello, se deben utilizar estrategias desde lo pequeño a lo grande, para romper barreras espaciales, no físicas sino mentales.

La ruptura del efecto laberinto se resuelve delimitando zonas funcionales, centralizando espacios clave, facilitando los desplazamientos con elementos de diseño que actúen de apoyo o guía, teniendo en cuenta umbrales, límites o secuencias en grandes longitudes. Y resolviendo uno de los grandes problemas de los laberintos: las encrucijadas, que si no pueden ser evitadas deben resolverse con diseños que expresen claras llamadas de atención para direccionar o colocando pictogramas con significado dentro del contexto. Por su importancia  cito aquí al ARASAAC, un portal de la Comunidad de Aragón que desarrolla un “Sistema Pictográfico para la Comunicación Aumentativa”.

La arquitectura para las personas mayores ha de tener en cuenta estos principios. La “arquitectura / urbanismo para todos” ha de eliminar en la medida de lo posible ese “efecto laberinto”. Y solo en los casos en que no sea posible, incluir medidas como las descritas en el artículo.

fila adosados

La calle de la foto es paradigmática. Cualquiera puede imaginar a alguien con la mirada perdida y una llave en la mano, sin saber cuál es su casa, o siquiera si su casa está en esta calle o la paralela. Es responsabilidad del arquitecto que proyectó estos edificios, del urbanista que proyectó estas manzanas… que no sea necesario llenar la calle de señales o pictogramas.

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¿Me permite el paso?

inmigrante cuida anciano en romaEn el espléndido artículo “Las nuevas parejas piden paso“, del blog de ACCEPLAN, se describen con mucho acierto esos nuevos tipos de parejas que circulan por las calles de hoy:

– Aquellas constituidas generalmente por una persona joven, de procedencia latinoamericana, y una persona mayor que se agarra temerosa pero firmemente a su brazo.

Las que se desplazan en silla de ruedas acompañadas por un familiar o amigo.

Las primeras son “sólidas”, imposibles de separar. Las segundas, gracias a la técnica aplicada a las sillas de ruedas, tienen un poco más de juego: puede que uno de los paseantes se sitúe separado, detrás, etc.

Cuando se piensa en la necesidad de salvaguardar una anchura libre para el paso de personas con alguna discapacidad se suele tomar como referencia la silla de ruedas, que no llega a los 80cm. Sin embargo en la foto se ve cómo una de estas parejas ocupa 150cm. La velocidad del paso también es relevante: requiere contar con el previsible “adelantamiento” de otros peatones…

nuevasparejas_04El reconocimiento del impacto del entorno físico en la vida de las personas, especialmente de aquellas vulnerables, ha llevado recientemente a la formulación de modelos como el de las ciudades amigables, que van más allá de los tradicionales conceptos de accesibilidad, para abordar cuestiones de transporte, ambiente, comunicación, participación, etc.

Una ciudad amigable, según define la guía que se desarrolló en el seno de la OMS, “adapta sus estructuras y servicios para que sean accesibles e incluyan a las personas mayores con diversas necesidades y capacidades”.

La clave para un diseño amigable: la empatía. Sólo poniéndonos en el lugar del otro será posible un diseño ciertamente adaptado a la diversidad de necesidades y capacidades.

Desde Jubilares pretendemos la mejora del entorno de las personas mayores para sean realmente incluidas en la sociedad. Más allá del espacio físico inmediato (la cocina, el hogar, el bloque de viviendas…) la siguiente escala es fundamental para un envejecimiento realmente activo: el barrio, la ciudad… deben permitir no solo el “paso” sino una verdadera experiencia de vida en ellos.