Categoría: Comunidad

Hoy por ti, mañana…

Hace unos días publicábamos un artículo sobre antiguas iniciativas de “trabajo comunitario para lo común”. Hoy continuamos esa línea con “trabajo comunitario para lo particular”, o esfuerzo colaborativo para la ayuda mutua. Trabajar por los demás buscando la reciprocidad mutua (sin exigirla, como el trueque) no es un invento de los que hoy reivindicamos economías colaborativas, es tradicional en nuestro país:

CARROS ALISTANOS "MIRANDO AL CIELO“. MELLANES 2004. Fotografía de Jesús Formigo para el Catálogo "Aliste Ocho Miradas"Carrunas (Zamora)

A menudo en los pueblos de la comarca de Aliste llamaban “a carrunas”: salían todos los carros del pueblo para traer piedras de la sierra con el fin de ayudar a la construcción de la casa a las nuevas parejas. Estas luego  daban una fiesta para agradecérselo.

Los vecinos también se ayudaban cuando llegaba la cosecha, para la trilla, etc. No necesariamente había recompensa, sino que la ayuda era continua y recíproca.

Tornallom (Valencia)

A Tornallom” es una antigua tradición de la huerta valenciana, según la cual los agricultores se ayudaban los unos a los otros, con el objetivo de crear una sinergia y aprovechar mejor el tiempo y los recursos, de manera que, si un día ayudabas en el campo del vecino, él te devolvía el trabajo en tu campo otro día.

Andecha (Asturias)

El término “andecha” deriva del vocablo latino indicere (anunciar) y consiste en un trabajo personal, voluntario y gratuito que se ajusta al esquema de la reciprocidad equilibrada: “Hoy por ti, mañana por mí”. La andecha se inscribe por ello dentro de los trabajos que el derecho laboral denomina amistosos, benévolos y de buena vecindad.

La mano de obra de la andecha es reclutada atendiendo a lazos familiares, de amistad o vecindad, para hacer frente a los habituales trabajos del ciclo agrícola que resultan más acuciantes y a aquellas tareas que son particularmente gravosas para las familias del pueblo que atraviesan circunstancias especiales como viudedad, enfermedad o similares. La andecha también se convoca para ayudar en el acarreo de materiales en la construcción o reparación de un edificio.

Mutualismo comunitario

Mutualismo comunitarioEl mutualismo comunitario  , como describe Carlos Díaz en este interesante artículo, es la vía que completará a nuestro Estado de Bienestar, que no puede darlo todo (cada uno de nosotros, a título individual, tampoco). Se hace necesario recuperar prácticas que, como vemos, vienen de lejos. Las nuevas “economías colaborativas” no son alternativa innovadora de jóvenes hippies. Son propuestas “normales” para gente “normal”.

Por otra parte, y refiriéndonos al mundo de las personas mayores al que especialmente nos dirigimos,  es en modelos de ayuda recíproca donde encontramos prácticas que sirven especialmente a la autonomía personal. Hoy no queremos ser asistidos desde una “caridad” que pone a alguien por encima del otro, sino desde la “solidaridad” entre iguales. Eso aumenta la autoestima, y con ello la autonomía. Queremos dar y recibir en todo caso. Es una cuestión de dignidad como personas.

Las experiencias que comentamos arriba y en el artículo anterior no miraban la edad de los participantes. Las personas mayores son clave en las inciativas colaborativas, principalmente porque aportan madurez y experiencia, también mayor disponibilidad de tiempo. En un jubilar o senior cohousing un vecino ayuda a limpiar la casa del otro, éste arregla el interruptor de su vecina, ésta imparte clases de yoga para todos, todos colaboran con el vecino que tiene un problema económico, aquél que por cierto ayuda a limpiar la casa del otro…

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Hacenderas, auzolanes, sextaferias

Hubo un tiempo, en verdad no muy lejano, en que en nuestro país las campanas tocaban a Hacenderas:

Hacenderas

Hacenderas“, facenderas o simplemente cenderas… En la última versión de 2013 del DRAE incomprensiblemente se ha eliminado esta acepción que anteriormente se definía como “trabajo a que debe acudir todo el vecindario, por ser de utilidad común”. Se trataba de trabajos autoimpuestos por la comunidad. La escasez de recursos vía impuestos, pero sobre todo, la solidaridad vecinal, obligaban a estos trabajos en favor de lo común. Muchas personas mayores lo recuerdan: en Ferreras de Abajo (Zamora) el puesto de la Cruz Roja y la nueva iglesia se construyeron en los años 80 gracias un sistema de prestación personal que allí llamaban “concejo”. Nos cuenta Leovigildo Santamaría, artesano de Ferreras, que “participaba todo el pueblo por turnos que se nombraban “a la vela”, es decir, siguiendo el orden en que estaban las casas; ello no impedía que si alguien voluntariamente quería ir todos los días podía hacerlo”.

Hacenderas Espejo Tera

Hacenderas 2010 en Espejo de Tera (Soria)

Nadie duda de que en las latitudes en que nos movemos nos gusta compartir fiesta, pero a menudo se percibe escepticismo acerca del compartir esfuerzo o aquello de es de todos (dicen “no es de nadie”). Las hacenderas demuestran que esto no fue así en otros tiempos. ¿Y en la actualidad?

Muchos jóvenes retomaron las antiguas tradiciones. En algunos pueblos, como Hiendelaencina o Viana de Jadraque (Guadalajara), Espejo de Tera (Soria), Andaluz (Soria), algunos pueblos de León, convocan en la actualidad hacenderas para limpiar el monte, restaurar un monumento, arreglar tuberías, reparar la calzada,  repintar las farolas o rehacer una presa. Tras el trabajo siempre viene la fiesta. Ambas son tradiciones inseparables.

Auzolanes

En Euskadi dicen “Auzolan” a estos trabajos comunitarios. Suelen realizarse antes de las fiestas, para adecentar el pueblo. Auzolan significa “trabajo vecinal” y obligaba a los miembros de la comunidad, generalmente por el usufructo de los bienes comunales. En Ea o en Elantxobe podemos ver hoy a sus habitantes trabajando para arreglar desperfectos en el pueblo.

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Zeraín: “somos algo más que una imagen de postal”

Un caso paradigmático es Zeraín, un pueblo de 250 habitantes del interior de Guipúzcoa, que ha revivido tras el cierre de las minas “a base de humildad e ilusión”. En los 70 los jóvenes se unieron, creando una cooperativa de viviendas que les permitiría quedarse en el pueblo a trabajar; y se constituyó un grupo municipal independiente, elegido por todos en votación popular, el mismo que ha regido el ayuntamiento desde los inicios de la democracia hasta hoy.

“Amamos lo nuestro, dentro de un mundo que admiramos”, dicen los zeraindarras. La clave del proyecto socioeconómico es el “auzolan”, el trabajo comunitario con un objetivo: el que llaman “Paisaje Cultural“, modelo de desarrollo sostenible.

Sextaferias

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Sextaferias en Coviella

En Cantabria y Asturias se celebran “Sextaferias“. La palabra proviene de la denominación de los días de la semana antes del cambio del Papa San Silvestre: así la prima feria era el domingo… la sexta feria es el viernes. Aquí nos referimos a los trabajos comunales que se llevan a cabo una vez por semana. Cada casa ha de enviar un miembro (o una persona que le sustituya). Se hacen trabajos de adecentamiento a nivel local (aldea, pedanía…). Un ejemplo, el de Coviella (Cangas de Onís), que celebró la última sextaferia hace unos días para limpiar los caminos del pueblo.

¿Una experiencia solo de ámbito rural? El pueblo o pequeña aldea son entornos donde las relaciones vecinales se han hecho más fuertes. No obstante, el barrio o la urbanización, dentro de la ciudad, no es un ámbito espacial o comunitario que deba ser muy distinto. Tampoco la comunidad de vecinos de un bloque urbano, donde a menudo se realizan trabajos comunitarios (pintar la escalera o arreglar el patio común) con final similar: tortilla y vino.

La necesidad de relación con los demás, el interés por lo común y la solidaridad entre vecinos no parece exclusiva de municipios de pequeño padrón, y así en ciudades como Madrid, e impulsadas principalmente por una generación nieta de aquellos que sí atendían al toque de campana, se están cocinando experiencias como éstas:

Un grupo de iniciativas ciudadanas de gestión democrática e intervención en espacios públicos (la Red de Huertos Urbanos de Madrid, El Campo de Cebada, el Centro Social Seco, el Espacio Vecinal Montamarta, el Albergue de San Fermín, Todo por la Praxis, Intermediae…) quiere recuperar ese espíritu en un entorno urbano.

Somos muchos los que creemos que el supuesto individualismo cuasi-genético de ámbito ibérico (o incluso mediterráneo) es solo un reciente estereotipo. Vemos que antes no éramos así y hoy queremos recuperar nuestra identidad comunitaria. Somos felices cuando nos sentimos útiles y al tiempo recibimos el apoyo de los demás, incluidos en una comunidad. Se trata de una experiencia humana que trasciende tiempos y lugares, también edades. Lo recordamos ayer en la celebración del Día de la Solidaridad Intergeneracional 2014. Por ello reivindicamos las hacenderas, auzolanes o sextaferias, esas experiencias de colaboración entre iguales y de implicación en lo común, que parte de las personas y se dirige a ellas mismas: a su bienestar, a la transformación solidaria del lugar donde queremos vivir.

logo_casa_encendidaVivimos una verdadera reivindicación de la comunidad. Este martes 6 de mayo la asociación Jubilares estará en La Casa Encendida para compartir con nuestros amigos Borja Izaola, Entrepatios y Masqueunacasa,  nuestra visión acerca de nuevas formas de vida “donde se comparten recursos, se practica la corresponsabilidad, se alimenta la sed de comunidad, se diseña de manera participada y se gestiona de forma autónoma y horizontal”.

98 años y una comunidad: ¡Hago lo que quiero!

Evelyn perdió su licencia para conducir, pero en su vecindario había un problema que resolver…

Me gusta tener 98

Le Quitaron Su Licencia De Conducir Por Ser “Vieja”. Mira Su Reacción.

Así viven las personas mayores que se animan a vivir de forma independiente, incluidas en su comunidad. Gente que es feliz “regalándose a sí misma”, queriendo a los vecinos, siendo su amiga. Se trata de una campaña de  ILikeGiving, compartida por UPSCL.com. Es ilustrativa de la vida en un “senior cohousing” o la de un jubilar. Un pequeño ejemplo de las cosas que ocurren en una comunidad de personas que quieren vivir en buena vecindad. Más comunidad para ser más autónoma. No es una paradoja, esto es envejecimiento activo.

Servicios sociales en la UE: de la atención institucional a la comunitaria

de la institución a la comunidad

Estamos de enhorabuena. La Unión Europea se prepara para formalizar los Fondos Estructurales y de Inversión de los 7 años venideros (2014-2020). El marco propuesto para este nuevo periodo representa una oportunidad histórica para proteger los derechos de las personas más excluidas en Europa (las institucionalizadas). Por primera vez, las nuevas regulaciones para la inversión en políticas de cohesión de la UE, adoptadas el pasado diciembre por el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo incluyen referencias específicas al apoyo de la “transición de cuidados institucionales a otros basados en la comunidad”. Esto facilitará una necesaria innovación real en el sector de los servicios sociales.

Los miembros de Inclusion International definen “institución” como el “lugar donde la gente que ha sido etiquetada con discapacidad intelectual es aislada, segregada y/o congregada. Una institución es un lugar donde la gente no tiene o no se le permite ejercer el control sobre sus vidas y las decisiones del día a día. Una institución no es definida meramente por su tamaño”.

El fenómeno es más frecuente de lo que parece, y alcanza a muchos colectivos. En realidad es fácil de detectar, la persona “institucionalizada” termina por aceptar las normas que se le imponen sin cuestionarlas, olvidando sus preferencias personales o la mera intención de decidir algo por ella misma. La persona es forzada a daptarse a las normas de la institución, que a menudo sólo tienen motivos administrativos o de organización, cuando debería ser la institución la que, con mecanismos más flexibles, fuese capaz de adaptarse a cada persona, para poder proveerle de servicios y atenciones respetando su autonomía.

Logos institución a comunidadEn 2009 se conformó el “Grupo de Expertos Europeos sobre la Transición de cuidados institucionales a cuidados basados en la comunidad” (GEE), una coalición que representa a personas con necesidades de cuidado o apoyos, proveedores de servicios, autoridades públicas y organizaciones intergubernamentales.

Desde entonces el grupo defiende la creación de fondos de la Unión Europea destinados a la reforma de los sistemas de cuidados y atención en los estados miembros, y una implicación más significativa por parte de las organizaciones de la sociedad civil. Ahora velará, a través de la guía de recomendaciones, por que se cumplan las regulaciones que claramente apoyan la transición de los cuidados basados en instituciones a los basados en la comunidad.

Desde Jubilares nos alegramos de esta noticia. Abre nuevas posibilidades de financiación mediante fondos europeos para iniciativas como la creación de jubilares (“senior cohousing” con asistencia integral y centrada en la persona). En este sentido, seguiremos atentos para informar sobre el tipo de ayudas que puedan establecerse. Por otra parte, consideramos que la respuesta europea es la coherente a un cada vez más fuerte reclamo de autonomía, personal y colectiva,  de la desinstitucionalización como reivindicación del protagonismo de la sociedad civil, del protagonismo de nuestra persona, en toda su dignidad, en nuestro día a día.

Hace ya seis años que nuestro país ratificó la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (de 13 de diciembre de 2006). En su artículo 19 habla del Derecho a vivir de forma independiente y a ser incluido en la comunidad.

Si las leemos despacio descubriremos que se trata de palabras de profundo significado. Ahora toca ser coherentes.

“Envejece que no es poco”

Hoy seguimos de cine. Coincide que ayer mientras veíamos los resultados de los premios Goya, recibíamos en nuestra página de facebook noticia de un simpático cortometraje. Nos ha servido para conocer al grupo de personas mayores de Huete (Cuenca) que constituyeron desde hace más de diez años los VolOptenses (optense es gentilicio de Huete), dedicado al voluntariado cultural: “Sin más medios que nuestra ilusión, hemos querido plasmar en este corto la importancia que supone envejecer activamente a través de nuestra labor de acompañantes turísticos y lo que ello implica para nosotros: formación continua, nuevas inquietudes, desarrollo personal…”

Amanece_que_no_es_pocoComo todavía no contamos con ningún crítico de cine en nuestra asociación Jubilares (todo se andará), no entraremos a valorar la calidad fílmica de la obra ni buscaremos las analogías con la surrealista película de José Luis Cuerda, en la que dicen inspirarse sus guionistas… Eso sí, aplaudimos la iniciativa, el entusiasmo, el buen humor, las ganas de seguir aprendiendo, trabajar juntos y envejecer de forma activa en entornos como el de su querido pueblo, Huete.

Parece que algo ha de ocurrir en ese rincón alcarreño que cuenta con casi una treintena de asociaciones para una población que no llega a los 2.000 habitantes… ¿Algo ha de ocurrir? Quizá no es muy distinto a otros pueblos, a otros barrios… Quizá basta un puñado de personas con ganas de crear algo de forma colaborativa, entusiasmadas con la idea de hacer algo en su entorno, con la firme creencia – ellos lo expresan así – de que son “necesarios”… Todos somos necesarios. Seguramente cualquier rincón de nuestro país puede servir para que un grupito de personas transformen para bien la realidad. Si se emplea inteligencia colectiva, la ilusión se contagia y la acción da frutos.

Iremos a conocer Huete. Para la visita sabemos que contamos con Coral, Martín, Ramiro… y sus muchos amigos y amigas. Gracias.

Ni compra ni alquiler

Porque es momento de ser creativo, porque la situación de crisis demanda nuevas fórmulas, pero sobre todo porque necesitamos formas de acceso a viviendas y entornos físicos adecuados a nuestras necesidades personales… Por ello nos alegra leer noticias como la que compartía hace unos días Colectivo Cover,  la recogida en El Diario Vasco de este martes, “No todo es compra o alquiler”, porque recoge interesantes iniciativas que ya son reales en nuestro país.

Chalet MercedesEn él se muestran alternativas residenciales basadas en el hecho de compartir. La masovería urbana se basa en la antigua masovería catalana, donde el propietario de una finca (antaño rústica) le encargaba la explotación de la misma (u otros servicios, como simple vigilancia o jardinería) y la residencia en ella a cambio de un cierto porcentaje en los beneficios. Hoy en la ciudad el intercambio es el uso del inmueble por ciertos servicios, como la reforma del edificio a costa del usufructuario. La masovería urbana se reguló en Cataluña por ley 18/2007.

El del la foto es un ejemplo, la rehabilitación del Chalet Mercedes, en el barrio de Can Baró (Barcelona). La forma de pagarlo por parte de los jóvenes inquilinos parte de una campaña de microfinanciación por internet (crowdfunding).

La masovería es una vía para la recuperación de espacios infrautilizados, viviendas vacías, locales en desuso… Así lo explica Eva Morales, de La Panadería (Sevilla):

El caso de la masovería nos recuerda que existen otras vías, alternativas a las tradicionales, también para que las personas mayores tengan la oportunidad de encontrar un mejor lugar donde vivir. Un antiguo complejo turístico en quiebra, una gran casona para compartir, como el Chalet Mercedes, o una más grande al estilo de la película ¿Y si vivimos todos juntos?; la cesión de un suelo a cambio de la explotación de un pequeño negocio en uno de los locales del complejo… Las fórmulas son infinitas.

Imaginación y creatividad. Como se comenta en el artículo citado arriba, “un reciente informe del Observatorio Vasco de la Vivienda, que pone de manifiesto que ‘hay vida’ más allá del alquiler tradicional y la compra en propiedad”. Equipos como La Panadería, Habitares, Colectivo Cover, Cooperactiva, Sostre Civic, Ecohousing o el nuestro de Jubilares estamos trabajando para facilitar el acceso a la vivienda adecuada a nuestras necesidades.

Muchos más ejemplos de procesos colectivos de vivienda, en Más que una casa. Procesos colectivos de vivienda

El cohousing no se vende

¿Se puede comprar una comunidad?Cuando en 2011 inventamos la palabra “jubilar” para referirnos a iniciativas de “senior cohousing” en España, pensamos que esta expresión inglesa no se emplearía en nuestro país. Hoy constatamos con alegría que el concepto se va extendiendo en los medios de comunicación (sí, incluso pronunciando el anglicismo) y que aquella forma de vida que tantas personas soñaron en algún momento a lo largo de la vida (¿y si vivimos juntos los amigos?) se va poco a poco concretando en nuestro imaginario colectivo como una realidad tangible.

Uno de nuestros objetivos como asociación es dar a conocer el modelo. No como publicidad que “vende” un producto, sino con el objetivo de mostrar una (ya existente desde hace años fuera de nuestro país) alternativa de vida sobre la que poder elegir y construir libremente. Las palabras cobran sentido (o lo pierden) con los ejemplos con que se ilustren. Y puesto que hemos llegado a ver publicidad de promociones de vivienda denominadas “cohousing” venimos a recordar qué principios sustentan realmente esta forma de vida en comunidad:

– La iniciativa parte de los vecinos que van a avivir allí. Se crea la comunidad antes que el edificio.
– El proceso de diseño (de la cooperativa, de las normas de uso, del proyecto arquitectónico…) es siempre participativo.
– La construcción es autopromovida y la comunidad es autogestionada, no hay tutelas externas (clave en el caso del cohousing para personas mayores).
– Se fomenta la vida comunitaria, para ello se construyen zonas comunes que son comprendidas como extensión de la casa.

Por todo ello no es posible “vender” promociones de “cohousing”, es un contrasentido. El cohousing no son sólo las viviendas en las que se sitúa, es, por encima de todo, el grupo de personas que han decidido vivir con unos lazos comunitarios significativos. ¿Cómo va alguien a comprar un grupo de personas en las que confía, y que a su vez le conocen, confían en él y quieren ser sus vecinos?. Referido a los modelos para personas mayores, los “apartamentos con servicios”, los “senior resorts”, las “residencias de mayores” o las “promociones de vivienda” (aunque tengan zonas comunes)… son distintos por tanto al “senior cohousing”. No son mejores ni peores. Muchas personas se sienten más seguras comprando un producto acabado en su aspecto físico; otras prefieren no tener dudas sobre la  comunidad de personas entre las que van a vivir. Lo importante es que tengamos la oportunidad de elegir el lugar donde vivir más adecuado a nuestras necesidades. Por cierto que es nuestro derecho.

Un hogar, en nochebuena y siempre

Zambombada en Jerez de la Frontera. Una forma de regresar al hogarHoy uno de nuestros amigos de Jubilares nos llamaba la atención sobre un artículo del blog “El salto del Ángel”, escrito por Ángel Gabilondo. “De una u otra manera buscamos un hogar. Necesitamos la cálida hospitalidad de sentirnos a la luz de la lumbre. Abrigamos la confianza de sabernos en casa.”

Hoy es nochebuena, la noche para regresar al hogar por antonomasia, y eso no significa necesariamente volver al estilo de los turrones el Almendro ni, como dice Gabilondo, volver sobre nuestros pasos. “Si a algo nos acerca retornar es a la posibilidad de ser de nuevo quienes estamos dispuestos a ser. Y tal sería un atisbo de hogar.”

“Abrir los horizontes y las perspectivas, no limitarnos a nuestros entornos, no enclaustrarnos en lo que ya somos, propiciar ámbitos que compartir, en los que convivir, hacen de la casa algo que no se reduce a ser un refugio.”

“De ahí que la celebración del retorno más bien haya de ser la convocatoria a otras modalidades de encuentro, que no siempre se agotan en las de una reunión. El restablecimiento o la generación de vínculos en ocasiones inauditos procuran no solo la casa como relación, sino la relación como hogar.”

El artículo completo, aquí.

Os deseamos en este día, y siempre, un feliz regreso al hogar: el de la interrelación y convivencia con los demás, el que supone construir y en palabras de Gabilodo, “ser de nuevo”. ¿No es eso la “Navidad”?

Abuelos canguro

Abuelos-canguroSolemos escuchar por boca de los que desean vivir en un senior cohousing o jubilar la mil veces repetida “no quiero ser una carga para mis hijos”. Oimos la idea de que “ellos” no te deben nada, que los jóvenes tienen que vivir su vida y los padres o abuelos, la suya.

Y curiosamente, mientras la persona mayor dice rehusar los cuidados familiares futuros, al tiempo continúa soporta la “carga” de las personas que los rodean. La persona mayor se sigue dando como siempre lo hizo, y en su vejez continúa ofreciendo su tiempo, sus cuidados, su casa y sus ahorros a los que le rodean. ¿Es una situación elegida o viene impuesta por la coyuntura de crisis? ¿Una obligación que da también satisfacciones? ¿Una razón para estar fuerte y activo? ¿Es propio de nuestra cultura mediterránea? ¿Lo es de una cierta generación?

cuidados que prestan mayores

Del Informe “Las Personas Mayores que vienen”. Fundación Pilares

La cantidad de abuelos “canguro” que con cierta asiduidad cuidan de los nietos es inmensa: una de cada seis personas de entre 50 y 70 años cuida de los nietos mientras sus padres trabajan. De ellos, la mitad lo hacen a diario. Y un 44% casi todas las semanas (informe Personas Mayores IMSERSO 2010).

Según el informe “Las Personas Mayores que vienen” de la Fundación Pilares para la autonomía personal, una tercera parte de esas mismas personas piensan que “es lógico que los abuelos cuiden de los nietos ahora que tienen tiempo”, y el 45% de estas mismas personas creen que “a veces se abusa de los abuelos con el cuidado diario”.

Abuelos “canguro” que cuidan de los hijos: la estadística realizada para el mismo informe muestra que una cuarta parte de las personas de entre 50 y 70 años ayudan económicamente a los hijos y otro tanto le dan cobijo en sus casas. Hablamos de hijos mayores de 25 años. En total, el 63% de estas personas ayudan de alguna forma a sus familiares. Y sabemos que hoy las pensiones son el sustento de ¡una tercera parte! de los hogares españoles. Así es habitual leer que cada vez más familias sacan al abuelo de la residencia de mayores para cuidarlo ellas mismas, y contar con la pensión como ingreso familiar.

Abuelos que cuidan de los padres: otro fenómeno actual. Con el aumento de la esperanza de vida, el perfil de cuidadora de personas en situación de dependencia tiene una media de edad más alta. Hoy es frecuente encontrar personas (mujeres, fundamentalmente) de 65 años cuidando de sus padres de 90. Por supuesto estas personas mayores que cuidan de otros familiares mayores incluyen el caso de la esposa de 85 cuidando de su esposo (con peor salud) de la misma o más edad.

Personas cuidadoras dependencia

Personas cuidadoras de otras en situación de dependencia. Informe sobre Personas Mayores 2010. IMSERSO

Finalmente encontramos otra manifestación de cuidado simbiótico: el de los mayores voluntarios que ayudan a otros mayores desconocidos (o amigos). Aquí sí que no hay duda de que la elección por esta labor es completamente libre. Un ejemplo: el de los voluntarios de UDP . La iniciativa tiene dos vertientes: por un lado, apoyar la soledad, y por otro, mantener activos a los propios voluntarios de la UDP, «que con esta labor se sienten bien y satisfechos», porque es que es una tarea que afrontan con un sentimiento de responsabilidad, de disfrute a la vez y que al final deriva en bonitas historias de amistad. «Al final, los voluntarios no son voluntarios, son amigos y se convierten en su enlace con el exterior, son como una ventana al mundo para ellos»

En el cuidado mutuo de personas de la misma generación está el sentido de los senior cohousing “no intergeneracionales” que desean muchos mayores cuando se acercan al modelo de vivienda cooperativa. Es esa relación que de alguna forma sienten “entre iguales” la que sustenta la preferencia de muchos por esta forma de vida. El principio fundamental es el del mutualismo comunitario, ese ayudar sin querer nada a cambio.

¿”Abuelos canguro”? Los animales marsupiales portan en la bolsa a la cría, la protegen y le dan sustento. Nuestras familias humanas son más extrañas y ricas, debemos de tener una suerte de “bolsa reversible” porque a veces no sabemos quién es el cuidador y quién el cuidado.

Economías colaborativas. Juntos podemos

Opciones 44¿Es la crisis un “motor para la creatividad colectiva”? En los últimos tiempos están surgiendo múltiples modelos comunitarios de consumo, o “economías colaborativas o comunitarias”. Sobre ellos la revista Opciones en su número 44 (Economías colaborativas) realiza un análisis en profundidad.

Las fórmulas colectivas están trascendiendo más allá de la consideración de fórmula de ahorro y se generalizan en el “mundo convencional”. Ya no es exclusivo de “sectores sociales más activistas”. Como decía Albert Cañigueral recientemente, “Antes compartir era de pobres y ahora es de listos”.

Revista Opciones pag.44

En la Guia Práctica (páginas 24-27) tenemos una selección de un centenar de servicios o bienes de ámbitos diversos que se ofrecen mediante fórmulas colaborativas

Estamos viviendo – continuamos leyendo en Opciones – un “giro en las normas sociales” de forma que “los comportamientos altruistas o cooperativos serán socialmente más valorados”. Esto nos lleva a una reflexión interesante: ¿consumiremos fórmulas colaborativas porque, dentro de nuestra pulsión consumista éstas nos dejan mejor conciencia? Si fuera así podríamos pensar que no es más que una moda, un “lavado de imagen” para empresas u organizaciones.  El reportaje recuerda cómo Elinor Ostrom, premio nobel de economía 2009, “demostró que [en determinadas condiciones] los sistemas de gestión basados en normas y sistemas de control creados por la comunidad podían ser los más adecuados para garantizar un mantenimiento duradero de los recursos comunes”. Así que deberíamos construir iniciativas abiertas a la ampliación, dispuestas a transformaciones a gran escala, con “perspectiva del contexto general”.

Existen múltiples experiencias de consumo colaborativo, innovaciones comunitarias, economías solidarias, etc. La definición que la revista propone como común a todas ellas es la de:

“Espacios de experimentación colectiva

(Aunque en muchos casos no son nuevos, sino que vienen de tradiciones de asociacionismo y cooperativismo, sí es cierto que nos situamos en un mundo globalizado, contamos con las TIC y una cultura P2P, etc. Ahí radica la innovación de las propuestas).

– liderados por la sociedad civil o la comunidad

(Autoorganización para lograr los objetivos propuestos)

– para generar formas alternativas de satisfacer necesidades

(Servicios como alojamiento temporal o habitual, movilidad, finanzas, educación, energía, información, productos como alimentación higiene y otros)

– desde una mirada de transformación.

(Como comentábamos hace unos días, muchas de las iniciativas nacen con vocación de transformación social a otra escala.)

¿Y por qué la cooperación? ¿Qué nos aporta? Referido al consumo, el principio fundamental es que es más importante el uso del bien que su propiedad. En el interesante monográfico de la revista esPosible titulado “Tener o disfrutar” se profundiza en este aspecto. La acción de compartir es la respuesta lógica a esta necesidad. Por otro lado, aparte de un evidente ahorro económico en el consumo (ver por ej. consumocolaborativo.com), en lo cooperativo hay una parte importante de autorrealización, de sentir lo mucho de lo que somos capaces, de descubrir nuevas dimensiones, de construir comunidad (otra necesidad humana universal). Las dificultades para llegar a buen puerto no se pueden obviar y fundamentalmente provienen de fallos en los procesos de participación. La vinculación con la comunidad, la verdadera democracia en los procesos participativos y la transparencia son andítotos para esos errores.

Como la revista no tiene desperdicio no añadimos más a este breve sumario. Recomendamos la lectura de Opciones para conocer más de cerca este fenómeno y las más de cien  fórmulas colaborativas que nos proponen. El número vale 4,5 euros. Y lo puedes compartir.