Vivir con un robot

De la película "Robot&Frank"“Investigadores diseñan un robot de bajo coste que asiste a personas mayores en sus domicilios”. Es el titular que nos desayunábamos ayer. Un paso más en la aplicación de las nuevas teconologías a la asistencia de personas con dependencia o discapacidad, o simplemente para ayudar a hacer las cosas más fáciles.

El proyecto ha sido liderado por el investigador Joaquín Ferruz Melero, del Grupo de Robótica, Visión y Control de la Universidad de Sevilla y han participado investigadores de Sevilla, Huelva, Córdoba y Extremadura. El equipo funciona en “entornos domésticos inteligentes”; esto es, según la descripción en prensa, el robot comprende órdenes sencillas y realiza tareas en ese entorno; para ello esos espacios están dotados de sensores y actuadores ambientales que ayudan al usuario.

La novedad reside en la autonomía y el precio del robot, de medio metro de altura y unos siete kilos de peso. “El objetivo final es que el robot se compre al mismo precio que un electrodoméstico, entre 500 y 1.500 euros, porque se le pueden añadir extras. Incluso exploramos que se pueda alquilar por un tiempo”, según Nieves Pavón, investigadora de la Universidad de Huelva.

Termina el artículo diciendo que “Los expertos trabajan ahora en experimentos que simulan cómo funcionaría el robot en un domicilio. El siguiente paso es configurar un prototipo más robusto para probar en residencias o grupos de varias viviendas con la idea de comprobar la aceptación del usuario.”

La noticia desde luego tiene su interés. El desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas a la asistencia es una necesidad real. Si hay que ponerle un pero a la noticia es la de la última frase, que nos alerta. A nosotros, que pensamos que las personas son el mejor medio y el único fin para vivir dignamente, que creemos en sistemas centrados en las personas, eso de “comprobar la aceptación del usuario” nos suena raro. ¿No será el robot el que tendrá que adaptarse a mí?

La otra cuestión que no hay que olvidar es que la ayuda innecesaria genera una nueva dependencia. Para cualquier ayuda al dependiente (sea mediante recursos humanos o materiales) habrá que lograr que dicha ayuda sirva realmente para hacer más autónoma a la persona y no cree más dependencia. En las actividades cotidianas encontramos la clave para un envejecimiento activo y una ayuda en exceso (en aquello para lo que sí estamos capacitados) puede llegar a incapacitar. Por el contrario, tal y como ya se está comprobando, lograr oportunidades para hacer, crear, pensar, moverse, comunicar… es la mejor forma de tener una vida saludable, autónoma y digna.

Queremos entornos, dispositivos inteligentes, pero no para que las personas lo sean menos. Enhorabuena por ese robot. Esperamos que logre hacer muchas cosas, cada vez más. También esperamos emplear nuestra propia inteligencia y no tener que usar de todas sus capacidades.

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