Compartir piso

Mon pere c´etai toiSe busca abuelo para compartir piso. Es el título de una reciente novela francesa que parte de una situación hasta hace poco inédita: un grupo de personas mayores comparten gastos, espacio y convivencia entre las paredes de un piso grande. Se apoyan mutuamente, se encuentran seguros y esto les hace ser más autónomos. Sobre el tema, por cierto, el libro no da más; el resto a nuestro juicio resulta una superficial novela juvenil de aventuras.

En Francia el piso compartido para personas mayores empieza a ser una realidad habitual. Ya hace años Christiane Baumelle, psicóloga jubilada autora del “Manual de supervivencia senior compartida”, creó la asociación La Trame con el propósito de ayudar a constituir “unidades de vida colectivas de entre 4 y 8 personas” a las que llama “Cocon3s” (las “3 s” significan solidarios, séniors y solos). La asociación dispone de una web, un foro online y organiza en varias ciudades de Francia los “encuentros de la casa compartida” para poner en relación a los que buscan convivir.

“Cuesta que arranque”, confiesa Baumelle a Le Monde. “La vivienda compartida entre mayores no tiene nada que ver con la de estudiantes. Los jubilados que se lanzan a esta aventura deben estar listos para desprenderse de su vivienda, separarse de una parte de sus muebles, y para convivir después de años de vida en solitario y de costumbres muy afianzadas”, advierte.

Constatamos la opinión de Baumelle cuando habla de la necesidad de vencer fuertes resistencias. Nadie toma tan en consideración la mudanza cuando se es estudiante y sin embargo en la madurez pareciera que no puede caber el error.

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En Nantes, Gerard (en el centro) quiso compartir la casa con otras personas

Las personas más interesadas en estos programas son mujeres alrededor de los 65 años que buscan compartir casa grande. “Los hombres se interesan si están enfermos”, bromea la creadora de La Trame, “¡todavía están acostumbrados a hacerse servir!”. Para Baumelle, lo ideal es una vivienda con al menos cuatro personas, para crear un ambiente en el que se sientan realmente libres.

Sin duda los pisos compartidos requieren una actitud abierta, ya que acarrean una convivencia muy estrecha. Son un modelo más que sumar a la oferta existente, en la que la variedad es la mejor garantía de que cada uno encuentre la solución que mejor se adapta a sus preferencias.

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